La notificación que deslizas y olvidas para siempre
Deslizas la notificación "para verla luego". Ese luego nunca llega. Tu cerebro con TDAH trata las alertas como si no existieran.
Te llega una notificación importante. La deslizas "para verla luego".
Ese "luego" nunca llega.
Tres semanas después descubres que te perdiste algo crucial. Una cita médica. Un pago. Un mensaje de alguien que te importa. Y lo peor no es habértelo perdido. Lo peor es que ni siquiera recuerdas haberlo visto.
Porque sí lo viste. Tu cerebro lo registró durante medio segundo. Y luego decidió que no existía.
El cementerio de notificaciones
Mi móvil es un museo de cosas ignoradas. Tengo notificaciones de apps que ni recuerdo haber instalado. Recordatorios de hace semanas que siguen ahí, mirándome con decepción, como un profesor al que le debes tres trabajos.
El otro día descubrí que me habían mandado un paquete a un punto de recogida. Hace once días. El plazo para recogerlo era de siete. Lo devolvieron. Y yo ni me enteré.
¿Sabes qué es lo gracioso? Tenía la notificación. La vi. Recuerdo haberla deslizado pensando "ahora voy". Pero "ahora" se convirtió en "esta tarde", que se convirtió en "mañana", que se convirtió en "¿qué paquete?".
Con los emails del trabajo pasa exactamente lo mismo. Los lees, los marcas como importantes mentalmente, y tres días después descubres que nunca respondiste. Tu bandeja de entrada se convierte en un cementerio de buenas intenciones.
¿Por qué deslizas las notificaciones y las olvidas para siempre?
No es dejadez. No es que te dé igual. Es que tu cerebro con TDAH tiene un sistema de archivo temporal que funciona como una pizarra mágica de las de los 90. Escribes algo, lo levantas, y desaparece. Para siempre.
La memoria de trabajo. Eso es lo que falla.
Una persona neurotípica ve una notificación, la procesa, y su cerebro la guarda en una cola de tareas pendientes. No hace falta que la haga ahora. Su cerebro mantiene un hilo abierto: "oye, que tienes eso pendiente". Y cuando hay un momento, lo hace.
Tu cerebro con TDAH no mantiene hilos abiertos. Cierra pestañas. Constantemente. Sin preguntar. Ves la notificación, tu cerebro dice "recibido", y acto seguido la borra. No la archiva, no la pone en espera. La borra. Como si nunca hubiera existido.
Es lo mismo que pasa cuando entras en una habitación y no sabes a qué has venido. Tu cerebro tenía la información hace tres segundos. Pero entre el pasillo y la puerta, decidió que ya no la necesitaba.
El problema de "lo veo luego"
Deslizar una notificación es el acto más peligroso que puede hacer alguien con TDAH. En serio.
Porque deslizar no es decir "no me importa". Deslizar es decir "me importa, pero confío en que me acordaré". Y ahí está la trampa. Confías en un sistema de memoria que tiene agujeros del tamaño de un garaje.
Cada vez que deslizas, estás firmando un contrato con tu futuro yo. Un contrato que dice "tranquilo, yo me encargo". Pero tu futuro yo ni siquiera sabe que ese contrato existe. Porque cuando llegue el futuro, esa notificación ya no estará en tu radar. No estará en ningún sitio.
Y lo peor es que esto crea un ciclo. Olvidas cosas. Te sientes fatal. La próxima vez que llega una notificación importante, la ansiedad te dice "contesta ahora o la vas a olvidar". Pero estás ocupado. Así que la deslizas pensando que esta vez sí te acordarás. Y no te acuerdas. Y te sientes peor. Y vuelta a empezar.
Lo que sí funciona (y no es "pon más alarmas")
Poner alarmas no funciona cuando tu cerebro también ignora las alarmas. O cuando pones tantas que se convierten en ruido de fondo.
Lo que funciona es asumir que si no lo haces ahora, no lo vas a hacer. Punto.
¿Te llega una notificación que requiere acción? Hazla ahora. Si tarda menos de dos minutos, hazla en el momento. No la deslices. No la dejes "para luego". Hazla o no la hagas, pero no te engañes pensando que la vas a recordar.
¿Y si no puedes hacerla ahora? Entonces no confíes en tu cabeza. Sácala de tu cerebro y ponla en un sitio real. Una nota. Un calendario. Una lista. Lo que sea, pero fuera de tu memoria de trabajo. Porque tu memoria de trabajo es una mesa de cristal en un terremoto. Las cosas se caen y se rompen.
No es un sistema perfecto. Nada lo es cuando tu cerebro funciona así. Pero es infinitamente mejor que la estrategia de "lo veo luego", que tiene un porcentaje de éxito cercano a cero.
Tu cerebro no es vago, es instantáneo
Eso es lo que la gente no entiende. No olvidas las notificaciones porque no te importen. Las olvidas porque tu cerebro vive en el presente de una forma tan absoluta que el pasado inmediato ya es historia antigua.
Hace cinco minutos es hace una eternidad para un cerebro con TDAH. Esa notificación que deslizaste mientras caminabas al baño podría ser de hace un minuto, pero tu cerebro ya ha pasado por tres pensamientos, dos estímulos y un recuerdo aleatorio de algo que pasó en 2014.
No es falta de interés. Es un cerebro que no tiene botón de pausa. Que no sabe dejar cosas en espera. Que trata todo como si fuera ahora o nunca, literalmente.
Y cuando lo entiendes, dejas de culparte. Y empiezas a buscar sistemas que trabajen con tu cerebro, no contra él.
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Si esto te suena familiar y quieres entender mejor cómo funciona tu cabeza, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No te va a diagnosticar, pero en 10 minutos te va a dar más claridad que años preguntándote qué te pasa.
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