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Cambiar de carrera profesional con TDAH: cuando reinventarte es la única opción

Llevas años en lo mismo y tu cerebro pide un cambio. Cambiar de carrera con TDAH no es capricho. Es supervivencia neurológica.

tdah

Llevas 8 años en lo mismo. Tu cerebro lleva 6 pidiendo un cambio.

No un cambio de escritorio. No un cambio de jefe. Un cambio de todo. De sector, de rol, de identidad profesional. Algo que cuando lo dices en voz alta suena a locura, pero cuando no lo dices, se pudre por dentro.

Cambiar de carrera con TDAH no es capricho. Es supervivencia.

Y lo sé porque lo he vivido. Y porque lo he visto en decenas de personas que me escriben diciendo "Rubén, no sé si estoy loco o si simplemente necesito otra cosa".

No estás loco. Tu cerebro te está mandando una señal. El problema es que nadie te enseñó a leerla.

¿Cuándo cambiar de carrera es necesidad y no capricho?

Hay una diferencia entre querer cambiar porque has visto un TikTok inspiracional un martes a las 2 de la mañana, y necesitar cambiar porque llevas años funcionando en modo supervivencia.

La primera se pasa con una noche de sueño. La segunda no se pasa con nada.

Si tienes TDAH, tu cerebro necesita estímulo. No quiere estímulo. Lo necesita. Como necesita oxígeno. Y cuando llevas años en un trabajo que ya no te reta, que ya dominaste, que ya no tiene nada nuevo que ofrecerte, tu cerebro empieza a apagarse.

No es que seas vago. Es que tu dopamina lleva meses en números rojos.

Y entonces empiezan las señales: errores tontos que antes no cometías. Procrastinación brutal en tareas que antes hacías sin pensar. Domingos que se sienten como lunes. Lunes que se sienten como condenas. Una irritabilidad que no sabes de dónde viene, pero que está ahí todo el rato, como un zumbido de fondo.

Si te sientes identificado, no, no es burnout normal. Bueno, puede que también. Pero debajo hay algo más. Un cerebro que está gritando "esto ya no me da lo que necesito" y tú intentando callarlo con café y fuerza de voluntad.

El patrón que nadie te cuenta

Las personas con TDAH tenemos un patrón profesional que desde fuera parece caótico. Desde dentro tiene toda la lógica del mundo.

Empiezas algo nuevo. Los primeros meses estás en llamas. Aprendes rápido, produces como nadie, te implicas a un nivel que tus compañeros no entienden. Tu jefe piensa que eres el fichaje del siglo.

Y entonces. Pum. Se acaba la novedad. El trabajo se vuelve rutina. Las reuniones se repiten. Los retos desaparecen. Y tu cerebro, que funcionaba a tope con la dopamina del descubrimiento, se queda sin gasolina.

He cambiado de trabajo 7 veces en 15 años

Pero no era fallo. Era un cerebro buscando lo que necesitaba para funcionar. Sin saberlo, sin tener nombre para ello, sin diagnóstico.

La trampa del "aguanta un poco más"

Todo el mundo te dice lo mismo: "dale tiempo", "ningún trabajo es perfecto", "es normal cansarse".

Y tienen razón. En general.

Pero con TDAH, "aguantar" tiene un coste que no es el mismo que para los demás. Porque cuando tu cerebro se queda sin estímulo, no solo baja el rendimiento. Baja la autoestima. La salud mental. La capacidad de funcionar en todas las demás áreas de tu vida.

Un cerebro con TDAH en un trabajo que ya no le estimula no está "algo aburrido". Está en modo ahorro de energía. Como un móvil al 3% de batería que solo te deja llamar a emergencias. Todo lo demás se apaga.

Y tú piensas que el problema eres tú. Que eres débil. Que todo el mundo puede y tú no. Que si fueras más disciplinado, más maduro, más adulto, podrías aguantar como los demás.

No. Lo que pasa es que tu cerebro tiene unas necesidades que ese trabajo ya no cubre. Y forzarlo no es disciplina. Es autolesión disfrazada de responsabilidad.

Entonces, ¿qué hago?

No te voy a decir que lo dejes todo mañana y montes un negocio vendiendo velas artesanales. Eso suena muy bonito en Instagram, pero en la vida real tienes facturas.

Lo que sí te digo es que dejes de tratarlo como un capricho. Porque no lo es.

Empieza por aquí:

Identifica qué es lo que tu cerebro echa de menos. ¿Novedad? ¿Retos técnicos? ¿Autonomía? ¿Creatividad? No es "quiero otro trabajo". Es "necesito X cosa que este trabajo ya no me da".

Mira tu historial profesional con otros ojos. Un CV con 7 trabajos en 5 años no es una bandera roja. Es un mapa. Mira qué tenían en común los momentos en los que eras feliz y productivo. Ahí está la pista.

Y si necesitas reinventarte profesionalmente con TDAH, hazlo con estrategia. No con un impulso de domingo por la noche. Elige el momento. Prepara la transición. Pero no te quedes parado solo porque el cambio asusta.

Porque lo que de verdad asusta es llevar 10 años en el mismo sitio sabiendo que tu cerebro dejó de funcionar ahí hace 7.

No es fracaso. Es diseño.

Tu cerebro no está diseñado para la repetición. No está diseñado para hacer lo mismo 40 horas a la semana durante 30 años. Y no pasa nada. Hay cerebros que funcionan así. El tuyo no. Y cuanto antes lo aceptes, antes dejas de culparte por necesitar algo diferente.

Cambiar de carrera con TDAH no es inestabilidad. Es un cerebro que busca las condiciones que necesita para funcionar. Y negarle eso es como ponerle gasolina a un coche eléctrico y enfadarte porque no arranca.

No estás roto. Estás en el sitio equivocado.

Y la buena noticia es que los sitios se pueden cambiar.

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