Hablar de TDAH con tu pareja sexual
Tu cerebro se distrae en la intimidad, tu deseo va de 0 a 100 sin aviso y necesitas más estimulación. Es incómodo de decir. Pero es necesario.
Hay conversaciones que todo el mundo sabe que tiene que tener y nadie tiene.
Esta es una de ellas.
La de decirle a tu pareja sexual que tu cerebro, justo en el momento que más presente deberías estar, a veces se va a calcular si le darías una vuelta completa a la habitación con ese espacio que hay entre la cama y la pared.
No por falta de atracción. No por falta de ganas. Por TDAH.
Y explicar eso sin que suene a "no me pones", sin que la otra persona lo interprete como una crítica o un pretexto, requiere tener la conversación que casi nadie tiene.
¿Por qué es tan difícil hablar de TDAH en la intimidad?
Porque mezclas dos cosas que ya son difíciles de hablar por separado.
El sexo ya tiene suficiente carga emocional sin añadir neurología encima. Decir "me distraigo cuando estamos en la cama" es arriesgarse a que la otra persona escuche "me aburres". Decir "a veces mi deseo está por los suelos sin motivo aparente" puede sonar a "no te deseo a ti". Decir "necesito más estimulación para mantenerme presente" tiene toda la pinta de queja.
No es eso. Pero suena a eso.
Y la mayoría de personas con TDAH prefiere no decir nada. Aguantar. Disimular. Actuar como si todo fuese bien. Y eso, a la larga, es peor.
Porque tu pareja nota que algo no cuadra. Solo que sin información, lo interpreta con lo que tiene a mano. Y lo que tiene a mano suele ser "no le apetezco" o "hay alguien más" o "le estoy aburriendo". Y ninguna de esas interpretaciones se acerca a la realidad.
Lo que realmente pasa con el TDAH en la intimidad
Primero, lo del foco. Tu cerebro en situaciones de baja estimulación se escapa. Y la intimidad, aunque sea intensa emocionalmente, puede ser muy repetitiva en términos de estimulación cognitiva. El mismo ritmo. El mismo espacio. Los mismos movimientos. Y de repente tu cabeza está en otro sitio.
No es una elección. Es exactamente el mismo mecanismo que hace que te distraigas en una reunión de trabajo o en una conversación larga. El cerebro busca el siguiente estímulo. Y si no lo encuentra donde debería estar, lo busca en otra parte. Igual que le pasa a tu cerebro con la falta de regulador emocional de volumen, que tampoco avisa cuando se dispara.
Segundo, el deseo. El deseo con TDAH es irregular por naturaleza. Puede estar a tope durante semanas y desaparecer durante días sin ningún motivo externo. Sin pelea, sin problema, sin que haya pasado nada. Es dopamina. Cuando el sistema dopaminérgico está en un valle, el deseo cae con él. No es elección. No es señal de que algo va mal en la relación. Es química.
Y tercero, la estimulación. Algunas personas con TDAH necesitan más estimulación para mantenerse presentes en la intimidad. Otras necesitan menos ruido externo para no saturarse. Los dos extremos existen. Y los dos son igual de difíciles de mencionar sin sentir que estás siendo raro o exigente.
Cuándo tener esa conversación
No en el momento. Eso es lo primero.
Tener esta conversación justo después de que algo haya salido raro, o en mitad de un momento íntimo, es la peor idea posible. El contexto lo contamina todo. Tu pareja va a escuchar lo que dices filtrado por lo que acaba de pasar, y eso no es lo que quieres.
Busca un momento neutral. Tranquilo. Sin que haya un conflicto encima de la mesa ni una situación reciente que coloree la conversación. Como cuando le explicas a alguien que tienes TDAH y te cuesta la comunicación cotidiana: mejor en frío que apagando un incendio.
Y empieza por lo general, no por lo específico. No empieces con "es que el otro día cuando estábamos...". Empieza con "quiero contarte algo sobre cómo funciona mi cerebro porque creo que te va a ayudar a entender algunas cosas".
Eso cambia el marco. Pasas de estar en el banquillo defendiéndote a estar explicando algo que importa.
Cómo decirlo sin que suene a excusa
La diferencia entre una excusa y una explicación es lo que viene después.
Una excusa cierra la conversación. Una explicación la abre.
"Me distraigo a veces durante la intimidad porque tengo TDAH y mi cerebro busca estimulación constantemente" es una explicación. Si se queda ahí, puede sonar a excusa. Pero si le añades "y me gustaría que habláramos de qué podemos hacer para que los dos lo pasemos bien", ya es otra cosa.
No tienes que venir con soluciones perfectas. Puedes venir con preguntas. "¿Te parece bien que te diga cuando me he desconectado en vez de disimularlo?" "¿Podemos probar cosas distintas para ver qué funciona mejor?" "¿Hay algo que tú notes que yo no estoy viendo?"
Eso no es quejarse. Es construir. Y tu pareja, si te conoce y te importa, prefiere esa conversación a que sigas disimulando indefinidamente.
Si quieres ver cómo funciona esto aplicado a la convivencia en general, en el post sobre cómo convivir con alguien con TDAH hay un desglose bastante útil de por qué lo que parece indiferencia no lo es.
Lo del deseo que va de 0 a 100
Esto merece su propio apartado porque es especialmente difícil de explicar.
Hay semanas en que el deseo está disparado. Y semanas en que no está. Y no hay ninguna razón lógica que lo explique. No ha habido pelea. No hay distancia emocional. No hay nadie más. Es simplemente que el sistema de recompensa del cerebro está en modo ahorro de energía y el deseo es una de las primeras cosas que cae.
El problema es que desde fuera eso es invisible. Tu pareja no tiene acceso a tu estado dopaminérgico. Solo ve que la semana pasada todo iba bien y esta semana parece que no quieres saber nada. Y sin contexto, eso duele.
La solución no es fingir. Fingir empeora todo. La solución es normalizarlo antes de que pase. "Oye, hay épocas en que mi deseo baja mucho y no tiene nada que ver contigo. Cuando pase, prefiero que lo hablemos en vez de que ninguno de los dos digamos nada."
Esa frase, dicha una sola vez en un momento tranquilo, vale más que cien conversaciones reactivas después de que ya hay malestar.
La conversación que nadie tiene
La mayoría de parejas en las que uno tiene TDAH nunca tienen esta conversación.
Van acumulando momentos raros, interpretaciones erróneas, silencios incómodos. Uno pensando "algo le pasa, pero no me dice qué". El otro pensando "no sé cómo explicarlo sin que se ofenda". Y los dos evitando el tema porque parece más fácil así.
No es más fácil así. Es solo más lento.
Tener TDAH afecta a cómo estás presente, cómo gestionas el deseo, cómo procesas la intimidad emocional. No es un defecto. Es una forma de funcionar. Y tu pareja puede entenderlo si se lo explicas. Pero no puede entenderlo si nunca lo sabe.
La incomodidad de tener esa conversación dura un rato. El resentimiento de no tenerla puede durar años.
Si quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro antes de tener esa conversación, el test de TDAH que hice evalúa 43 aspectos basados en escalas clínicas reales: atención, impulsividad, regulación emocional, y los patrones que normalmente pasan desapercibidos. Diez minutos. Puede darte el vocabulario que te falta para explicar lo que llevas tiempo sintiendo.
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