Confié en un proveedor y me dejó tirado a mitad de proyecto con el cliente esperando

Externalicé parte de un proyecto, el proveedor desapareció y me quedé solo con un deadline y un cliente que no sabía nada. Así aprendí a delegar.

La primera vez que intenté delegar, me salió tan mal que no volví a intentarlo en dos años.

Tenía un proyecto grande. Demasiado grande para hacerlo solo. Un cliente me había contratado para desarrollar una plataforma completa y yo, que soy programador pero no soy Superman, decidí externalizar una parte a un desarrollador freelance que me habían recomendado.

Buen portfolio. Buenas referencias. Precio razonable. Todo cuadraba.

Las dos primeras semanas fueron bien. Mandaba avances, respondía rápido, cumplía plazos. Yo estaba encantado. Pensaba: "Joder, debería haber hecho esto antes. Delegar es la hostia."

Y entonces, en la semana tres, desapareció.

¿Qué significa que un proveedor desaparezca?

No es que dijera "oye, tengo un problema, necesito más tiempo". Eso lo entiendes. Lo que hizo fue dejar de responder. WhatsApp: doble check azul, cero respuesta. Email: silencio. Teléfono: apagado.

Un día. Dos días. Tres días. Una semana.

Mientras tanto, yo tenía un cliente esperando una entrega para el viernes. Un cliente que no sabía que yo había subcontratado parte del trabajo. Un cliente que confiaba en mí.

Y yo, solo en mi piso, con la mitad del proyecto sin hacer y sin saber si ese tío iba a volver a dar señales de vida.

El momento de decidir con el reloj en contra

Con TDAH, las decisiones bajo presión son un circo. Tu cerebro entra en modo pánico y empieza a saltar entre opciones sin aterrizar en ninguna. "Llamo al cliente y le digo la verdad. No, mejor me pongo a hacerlo yo. Pero no me da tiempo. ¿Y si busco a otro proveedor? Pero no hay tiempo para onboarding. ¿Y si..."

Eso fue lo que pasó. Mi cabeza dando vueltas como una lavadora mientras las horas se escapaban.

Al final hice lo único que podía hacer: sentarme y hacerlo yo. Todo. En tres días. Dormí cuatro horas en total. Comí basura. No salí de casa. Entregué el viernes a las 23:55.

El cliente no se enteró de nada. Para él, todo fue normal.

Para mí, fue una semana que me quitó años de vida.

Por qué no volví a delegar en dos años

Porque mi cerebro asoció delegar con peligro. Así funciona el TDAH: una experiencia mala y tu cerebro la convierte en ley universal. "Delegar es peligroso. Si lo haces, te dejan tirado. Mejor hacerlo todo tú."

Y eso hice. Durante dos años intenté hacerlo todo. Marketing, desarrollo, soporte, contabilidad, redes sociales. Todo yo.

¿El resultado? Burnout. El tipo de burnout que te manda al médico y te dice que tienes la edad metabólica de un anciano.

La ironía es brutal: no delegar casi me cuesta más que el proveedor que desapareció.

Lo que aprendí cuando volví a delegar (bien)

Dos años después, con el negocio creciendo y yo hundiéndome, no me quedó otra. Tenía que delegar o cerrar. Elegí delegar. Pero esta vez con reglas.

Primera regla: entregas parciales. Nunca le das a alguien un bloque entero y esperas al final. Entregas semanales. Si algo falla, lo detectas en una semana, no en un mes.

Segunda regla: no externalices lo que no entiendes. Si no puedes evaluar el trabajo que te entregan, no puedes saber si está bien. Yo externalicé código que sabía leer. Si hubiera externalizado diseño, que no controlo, habría sido peor.

Tercera regla: ten un plan B. Siempre. Si esta persona desaparece mañana, ¿qué hago? Si no tienes respuesta, no estás delegando. Estás rezando.

Y la cuarta, la más importante: comunícale a tu cliente que trabajas con equipo. No tienes que dar nombres ni detalles, pero si el cliente sabe que hay más de una persona involucrada, no estás mintiendo. Y si algo falla, tienes margen para explicar sin que parezca que tu negocio es una farsa.

Delegar bien no es soltar. Es soltar con red. Y emprender con TDAH significa aprender eso a base de noches sin dormir.

Ahora delego. Con contratos, con entregas parciales, con plan B. Y duermo mejor que en esos dos años en los que intenté ser todas las personas de mi empresa a la vez.

Porque la alternativa - hacerlo todo tú hasta reventar - no es control. Es autodestrucción con buenas intenciones. Y tu negocio necesita que llegues entero al año que viene, no que hagas el trabajo de cinco personas este mes.

Si alguien te falla, duele. Pero si tú te fallas a ti mismo por no pedir ayuda, duele más. Y dura más.

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