Dices que sí a todo y luego no puedes con nada

Aceptas cada proyecto, cada cliente, cada oportunidad. Luego tienes 14 frentes abiertos, 3 horas de sueño y cero energía.

Lunes: acepto un proyecto de diseño web. Martes: acepto una consultoría de marketing. Miércoles: acepto hacer una formación para una empresa. Jueves: un colega me propone una colaboración y digo que sí. Viernes: miro mi agenda y no sé por dónde empezar. Sábado: no hago nada porque estoy paralizado. Domingo: la culpa me come vivo.

Si esto te suena, bienvenido al club. El club de los que dicen sí a todo y luego no pueden con nada. Miembros activos: todos los emprendedores con TDAH que conozco, incluido yo.

Por qué dices sí cuando deberías decir no

Porque cada oportunidad activa tu circuito de recompensa. Alguien te propone algo y tu cerebro hace: "NUEVO, EMOCIONANTE, DOPAMINA". Y antes de que tu córtex prefrontal pueda decir "espera, mira la agenda", tu boca ya ha dicho sí.

Es impulsividad pura. La misma que te hace comprar cosas a las 3 de la mañana y apuntarte al gimnasio cada enero. Solo que aplicada al negocio tiene consecuencias más gordas que una cinta de correr abandonada.

También hay miedo. Miedo a que si dices no, la oportunidad no vuelva. Miedo a que el cliente se vaya con otro. Miedo a que ese sea EL proyecto que te cambia la vida y lo dejes pasar.

Spoiler: nunca es EL proyecto. Siempre hay otro.

Lo que pasa cuando tu agenda parece un tetris sin hueco

Tienes 14 proyectos abiertos. Cada uno en una fase distinta. Cada cliente esperando su parte. Y tú saltando de uno a otro sin terminar ninguno.

El resultado es predecible: entregas tarde, la calidad baja, tu energía desaparece, y los clientes que eran oportunidades se convierten en fuentes de estrés. Has convertido cada sí en un enemigo.

A mí me pasó en 2021. Dije sí a tantas cosas que acabé trabajando 14 horas al día. No podía con todo, no me podía ni levantar de la cama algunos días, y seguía aceptando más. Porque el cerebro TDAH en modo pánico hace exactamente lo contrario de lo que debería: en vez de soltar, agarra más.

La diferencia entre estar ocupado y ser productivo

Estar ocupado es fácil. Cualquiera puede llenar una agenda. Lo difícil es llenarla con cosas que de verdad importan.

Cuando dices sí a todo, tu agenda está llena. Pero llena de qué. De proyectos que pagan poco. De favores que no puedes rechazar. De colaboraciones que suenan bien pero no generan ingresos. De cosas que te mantienen en movimiento pero no te llevan a ningún sitio.

El tío del kebab gestionaba 40 pedidos

Cómo dejar de decir sí a todo

Primer paso: antes de aceptar cualquier cosa, duerme una noche. Si mañana sigue pareciendo buena idea, lo hablas. Si no, lo dejas pasar. Este filtro de 24 horas me ha salvado de más compromisos estúpidos que cualquier otra táctica.

Segundo paso: pon un número máximo de proyectos simultáneos. El mío es tres. Tres proyectos activos a la vez. Si quiero aceptar un cuarto, primero tengo que terminar uno. Sin excepciones.

Tercer paso: aprende a decir "ahora mismo no puedo, pero hablamos en dos semanas". No es un no. Es un "todavía no". Y la mayoría de la gente lo acepta sin problema.

Cuarto paso: acepta que vas a perder oportunidades. Y que eso está bien. Porque las oportunidades que pierdes por decir no son siempre peores que las que pierdes por decir sí a todo y no poder cumplir.

El no que cambió mi negocio

En 2022 rechacé un proyecto de 3.000 euros. Era buen dinero. El cliente era majo. Pero yo tenía tres proyectos abiertos y sabía que si aceptaba iba a entregar mal los cuatro.

Dije no. Y me sentí fatal durante dos días.

Pero los tres proyectos que ya tenía los entregué a tiempo, con calidad, y los tres clientes repitieron. Esas repeticiones me generaron más de 10.000 euros en los siguientes meses.

Decir no a un cliente

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