Cobrar mal no es humildad, es miedo

Si cobras por debajo de lo que vales, no es porque seas humilde. Es porque tienes miedo a que te digan que no. Y ese miedo te está costando dinero real.

Cuando alguien me dice que cobra barato porque es nuevo o porque todavía no tiene suficiente experiencia, le escucho. Pero lo que veo es otra cosa.

Veo miedo. Miedo a que el cliente diga que no. Miedo a parecer arrogante. Miedo a que alguien te cuestione en voz alta delante de ti. Y ese miedo tiene una forma muy conveniente de disfrazarse de humildad para que no tengas que mirarlo a la cara.

Yo lo hice durante años.

Mandaba presupuestos y antes de darle a enviar los miraba tres veces pensando que me estaba pasando. Los bajaba. No porque hubiera hecho el cálculo. Sino porque si los bajaba y el cliente decía que no, al menos me quedaba con la excusa de que era demasiado caro. Si los mandaba altos y me rechazaban, eso ya significaba otra cosa. Que no valía lo que pedía.

Y claro, si tu cerebro funciona así, cobras barato. Siempre.

¿Por qué tu cerebro con TDAH es especialmente malo con el pricing?

El TDAH no solo es no poder sentarte a trabajar. Es también que cada interacción social con carga de rechazo posible se vive a diez veces la intensidad normal.

Cuando mandas un presupuesto alto, en tu cabeza no es "el cliente puede decir que no y ya". En tu cabeza es "el cliente va a pensar que soy un sinvergüenza, se lo va a contar a alguien, y voy a quedar como un aprovechado". La sensibilidad al rechazo es brutal. Y cuando la mezclas con emprender, te hace cobrar menos de lo que necesitas para no tener que aguantar esa sensación.

El problema es que cobrar barato no resuelve nada. El cliente dice que sí. Y tú te quedas haciendo el trabajo con un resentimiento de fondo que se acumula. Haces el trabajo, entregas, cobras, y en algún rincón piensas que si esto lo hubiera cobrado el doble habrías puesto el doble de ganas.

Eso no es sostenible.

¿Qué le estás diciendo al mercado cuando cobras poco?

Precio y percepción van juntos. Siempre. No es un capricho del marketing. Es cómo funciona el cerebro humano cuando no tiene suficiente información para evaluar algo.

Si cobras muy barato, el cliente no piensa "qué suerte". El cliente piensa "algo falla". Porque a nadie le regalan nada. Y un profesional que cobra la mitad que los demás genera una pregunta inmediata en la cabeza del cliente: por qué.

He tenido clientes que me han pedido presupuesto, les he dado uno y me han dicho que estaba muy barato. No como cumplido. Como duda real. ¿Esto incluye todo lo que dijiste? ¿Seguro?

Cuando subes el precio y lo defiendes sin pestañear, el mensaje cambia. Ahora el cliente asume que hay una razón para que cueste lo que cuesta. Y esa razón es que funciona.

Lo que hagas con ese posicionamiento depende de ti. Pero la base es esa: el precio habla antes de que abras la boca.

¿Cómo se deja de cobrar por debajo del precio correcto?

No hay truco. No hay técnica de PNL ni frase mágica que te haga subir precios sin incomodidad.

Lo que hay es decidir que las siguientes tres propuestas las mandas con el número que crees que es correcto. No el que crees que van a aceptar. El que es correcto. Y si te dicen que no en las tres, tienes datos reales. Pero en la mayoría de los casos no te dicen que no en las tres. Y ese primer sí al precio correcto cambia algo en tu cabeza que ningún libro puede cambiar.

Yo lo comprobé cuando empecé a subir precios con miedo y el mundo no se acabó. Nadie me mandó un correo diciéndome que era un caradura. Algunos dijeron que no. Y algunos dijeron que sí. Y los que dijeron que sí eran mejores clientes que los que antes me decían que sí a precios de risa.

La tarifa no refleja solo tu valor. Refleja lo que crees que mereces que te paguen. Y eso se nota.

¿Cuándo se convierte en un problema que no puedes ignorar?

Cuando haces los números y ves que facturar no es ganar. Cuando llevas meses con muchos clientes y la cuenta no crece. Cuando haces el ejercicio de cuántas horas has trabajado y cuánto te ha entrado y el resultado no cuadra con ningún negocio sostenible.

Ese momento duele. Pero es el momento en que puedes cambiar algo.

Porque el problema no es que el mercado no quiera pagarte. El problema es que tú no le has dado la oportunidad de hacerlo.

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo