El propósito es una brújula, no un destino

Te han vendido el propósito como un lugar al que llegar. Es mentira. El propósito es lo que te indica la dirección cuando no sabes qué hacer. Nada más.

El propósito no es el sitio al que llegas cuando triunfas.

Es la herramienta que usas cuando no sabes qué hacer. Cuando tienes dos opciones delante y las dos parecen igual de razonables y tienes que elegir una. Cuando un cliente te propone algo que paga bien pero que hueles que no encaja. Cuando un camino crece más rápido pero te aleja de lo que querías.

En esos momentos, el propósito no te da la respuesta. Te señala la dirección. Y eso es suficiente.

¿Por qué confundimos propósito con destino?

Porque nos lo han enseñado así.

La narrativa emprendedora está llena de gente que "encontró su propósito" y a partir de ahí todo fue lineal y glorioso. Pero eso es la versión editada. El propósito de verdad no se encuentra una vez y ya está. Evoluciona. Se complica. A veces desaparece una temporada y vuelve con otra forma.

Si lo tratas como un destino, cuando cambias o cuando el negocio cambia, crees que lo has perdido. Y empiezas a buscarlo de nuevo como si hubiera un propósito verdadero enterrado en algún sitio que tienes que desenterrar.

No hay propósito enterrado. Hay una dirección que tienes ahora, con la información que tienes ahora, sobre lo que te importa ahora. Y eso es suficiente para tomar la siguiente decisión.

¿Cómo usa el TDAH el propósito de manera distinta?

Tu cerebro no procesa el largo plazo de la misma manera. Lo que te mueve es lo concreto y lo inmediato. Y el propósito, si lo defines como algo abstracto y lejano, no te sirve de nada. Se queda en el papel de la visión estratégica que escribiste una vez y no has vuelto a abrir.

Pero si lo conviertes en una pregunta corta que puedes aplicar hoy, sí funciona.

Mi versión del propósito es algo así: ¿este proyecto ayuda a gente que piensa como yo a hacer algo que no podía hacer antes? Si la respuesta es sí, sigo. Si la respuesta es no, pregunto por qué. Si la respuesta es "ni sé de qué me estás hablando", paro.

No es poético. No da para una charla TED. Pero lo puedo aplicar en una reunión de cinco minutos cuando me ofrecen algo que no sé si aceptar.

Eso es la brújula. No el mapa del tesoro.

¿Qué pasa cuando la brújula apunta a un sitio que no es rentable?

Entonces tienes un problema real y no hay respuesta bonita.

A veces el propósito te señala una dirección que el mercado no paga. Y ahí tienes que decidir si sigues la brújula asumiendo el coste o si corriges la dirección para que sea viable. Las dos son opciones honestas. Lo que no es honesto es fingir que no hay conflicto.

Simplificar el negocio para sobrevivir

El propósito no te obliga a arruinarte. Te obliga a no perderte. Son cosas distintas.

¿Cada cuánto hay que revisar la brújula?

Cuando algo deja de tener sentido.

No cada año en un retiro de planificación estratégica. No cuando alguien te lo recomienda en un podcast. Cuando miras lo que estás haciendo y no encuentras la conexión entre eso y lo que te importa.

Ese es el momento. No más tarde.

Con TDAH tienes la ventaja de que el aburrimiento llega rápido. Y el aburrimiento, bien leído, es información: esto ya no te apunta en la dirección que querías ir. La mayoría de la gente lo ignora durante meses. Tú lo notas en semanas. Úsalo.

Emprender con TDAH

La brújula ya la tienes. La pregunta es si la consultas.

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