Prince: el genio que no podía delegar ni una nota
Prince tocaba todos los instrumentos, producía y dejó 500 canciones sin publicar. ¿Rasgos de TDAH? Su cerebro no podía parar.
Prince tocaba todos los instrumentos de sus discos. Todos. Guitarra, bajo, batería, teclados, sintetizadores, voces. Producía, mezclaba, componía. Y dejó más de quinientas canciones sin publicar en una bóveda.
Quinientas canciones que nadie escuchó.
Un tío que grababa tres, cuatro, cinco álbumes al año y solo publicaba uno. Que entraba en el estudio a las dos de la mañana y no salía hasta las seis de la tarde del día siguiente. Que tenía una banda entera, pero insistía en tocar cada instrumento él mismo porque nadie lo hacía exactamente como él lo escuchaba en su cabeza.
Eso no es solo perfeccionismo. Eso es un cerebro que no sabe apagarse.
¿Cómo se ven los posibles rasgos TDAH en Prince?
Aclaración importante antes de seguir: Prince nunca fue diagnosticado públicamente con TDAH. No vamos a inventarnos un diagnóstico. Lo que sí podemos hacer es mirar cómo funcionaba su cerebro y señalar patrones que cualquiera que conozca el TDAH reconocerá al instante.
Empecemos por lo más evidente.
La hiperproductividad obsesiva. Prince no componía canciones. Las vomitaba. Su ingeniero de sonido Susan Rogers contó que había sesiones en las que grababa una canción completa, de principio a fin, en una sola toma. Letra, melodía, arreglos. Todo estaba en su cabeza antes de pisar el estudio. Y cuando terminaba una, empezaba otra. Y otra. Y otra.
Eso tiene un nombre: hiperfoco. Ese estado en el que un cerebro con TDAH encuentra algo que le enciende y se mete tan dentro que el mundo exterior deja de existir. No hay hambre. No hay sueño. No hay reloj. Solo la cosa.
Para Prince, la cosa era la música. Siempre.
La incapacidad de delegar. Su primer álbum, "For You", lo grabó entero él solo. Tenía diecinueve años. Tocó los veintisiete instrumentos que aparecen en los créditos. Veintisiete. A los diecinueve.
Y no fue un capricho de juventud. Lo siguió haciendo durante décadas. Tenía músicos brutales en su banda, The Revolution, pero seguía grabando las partes él mismo en el estudio. No porque no confiara en ellos. Sino porque lo que sonaba en su cabeza era tan específico, tan detallado, tan rápido, que explicarlo le llevaba más tiempo que hacerlo él.
Eso lo reconoce cualquiera con TDAH. La frustración de tener una idea perfecta en la cabeza y sentir que para cuando la explicas, ya has perdido tres ideas más que estaban detrás. Es más rápido hacerlo tú. Siempre es más rápido hacerlo tú. Aunque te mate.
Las noches sin dormir. Prince era famoso por sus sesiones nocturnas. Convocaba a su banda a las tres de la mañana para ensayar. Grababa de noche, dormía de día (cuando dormía), y funcionaba con un horario que no se parecía al de ningún ser humano normal.
Un cerebro con TDAH no entiende de horarios. Entiende de estados. Cuando estás encendido, estás encendido. Da igual que sean las cuatro de la mañana o las diez de la noche. Y cuando se apaga, se apaga. No hay disciplina que valga. Es como intentar negociar con una tormenta.
La bóveda de Paisley Park
Cuando Prince murió en 2016, encontraron en su estudio de Paisley Park una cámara acorazada con miles de grabaciones inéditas. Canciones terminadas. Álbumes completos. Vídeos. Conciertos grabados. Material suficiente para publicar discos nuevos durante décadas.
Y aquí es donde la historia se pone interesante.
Porque un cerebro neurotípico diría: si tienes quinientas canciones grabadas, publícalas. Véndelas. Gana dinero con ellas. Es sentido común.
Pero el cerebro de Prince no funcionaba así. Para él, crear era el punto. No publicar. No vender. Crear. El subidón estaba en la grabación, en el momento de tocar, en ese estado de flujo donde todo encajaba. Una vez que la canción existía, el interés se evaporaba. Ya estaba pensando en la siguiente.
Eso es un patrón que muchos músicos con TDAH comparten. La creación como necesidad, no como estrategia. El proceso como recompensa. Y la dificultad enorme de terminar, pulir y soltar algo al mundo cuando tu cabeza ya está en otro sitio.
El control como mecanismo de supervivencia
Prince era famoso por ser un controlador absoluto. Controlaba su música, su imagen, sus conciertos, sus contratos, su nombre (que llegó a cambiar por un símbolo impronunciable para escapar de su discográfica).
La gente lo veía como ego. Como excentricidad. Como capricho de estrella.
Pero si lo miras con ojos de alguien que entiende el TDAH, ves otra cosa.
Ves a alguien que necesitaba controlar su entorno para poder funcionar. Porque cuando tu cerebro es un caos por dentro, lo último que necesitas es caos por fuera. El control era su forma de crear estructura. De asegurarse de que las cosas pasaban como él las veía. Porque si dejaba que otros decidieran, el resultado nunca coincidía con lo que tenía en la cabeza. Y eso le frustraba más que hacerlo todo él solo.
David Bowie tenía un patrón parecido
Lo que Prince no pudo controlar
Su relación con el sueño. Con el descanso. Con el "parar".
Prince murió a los 57 años de una sobredosis accidental de fentanilo. Llevaba años lidiando con dolor crónico por décadas de actuaciones físicamente brutales. Conciertos de tres horas con tacones, haciendo splits, saltando desde altavoces.
Y el dolor no le dejaba dormir. Y para alguien cuyo cerebro ya tenía problemas para apagarse, no dormir era combustible para el fuego. Más horas despierto. Más horas creando. Más horas sin descanso. Un ciclo que se alimentaba a sí mismo.
No estoy diciendo que el TDAH causara su muerte. Sería simplista y faltaría a la verdad. Pero sí digo que un cerebro que no sabe parar, combinado con dolor crónico y falta de sueño, es una combinación que te pasa factura. Siempre.
Dave Grohl ha hablado de algo parecido
Lo que Prince nos deja sin querer
Que un cerebro que no puede delegar ni una nota puede crear la discografía más impresionante de la historia de la música pop.
Que la hiperproductividad no es siempre una virtud. A veces es un mecanismo de un cerebro que no sabe hacer otra cosa. Que necesita crear como otros necesitan respirar. No porque quiera, sino porque si para, el silencio es insoportable.
Que quinientas canciones en una bóveda no son un fracaso. Son la prueba de un cerebro que funcionaba a un ritmo que el mundo no podía seguir.
Y que si alguna vez te han dicho que eres demasiado, que haces demasiado, que te metes en demasiadas cosas, que no puedes delegar, que no confías en nadie para hacer las cosas como tú las ves...
Puede que no sea un defecto de carácter. Puede que sea la forma en que tu cerebro está cableado.
Si te has visto reflejado en algo de esto, quizá es el momento de entender cómo funciona tu cabeza. No hace falta que toques veintisiete instrumentos para merecerlo.
Sigue leyendo
Mata Hari: la espía que vivió demasiadas vidas en una sola
Mata Hari fue bailarina, espía doble y mártir. Un cerebro que necesitaba reinventarse para sobrevivir. Posibles rasgos TDAH en su historia.
Charlie Chaplin: el vagabundo que no podía parar de crear
Charlie Chaplin repetía escenas 300 veces, componía música, dirigía, actuaba y no paraba nunca. Un cerebro que no sabía funcionar a media marcha.
Chris Kaman: TDAH en la NBA y dificultades en el colegio
Chris Kaman jugó en la NBA con los Clippers y tenía TDAH diagnosticado. En el colegio no podía concentrarse. En la cancha era un jugador completamente distinto.
Florence Nightingale: la mujer que reinventó la sanidad porque no podía estarse quieta
Florence Nightingale no se conformó con ser enfermera. Reinventó la sanidad entera. Su cerebro disperso y obsesivo encaja con rasgos de TDAH.