Chris Kaman: TDAH en la NBA y dificultades en el colegio
Chris Kaman jugó en la NBA con los Clippers y tenía TDAH diagnosticado. En el colegio no podía concentrarse. En la cancha era un jugador completamente distinto.
Imagina que eres un pívot de dos metros y trece centímetros.
Eres tan grande que cuando entras en un restaurante, la gente gira la cabeza. Eres lo suficientemente corpulento como para que los críos en la calle te señalen. Y tienes las manos grandes como palas de albañil.
Pero en el colegio, eso no te salvaba de nada.
Porque Chris Kaman, el mismo tío que acabaría jugando en la NBA con los Clippers y defendiendo los colores de la selección alemana, pasó la infancia sin poder concentrarse. Sin poder seguir el ritmo de una clase normal. Sin entender por qué los demás parecían capaces de quedarse quietos en sus sillas cuando él sentía que tenía corriente eléctrica dentro del cuerpo.
Y nadie le decía por qué.
¿Qué le pasaba a Kaman en el colegio?
Lo que le pasaba era lo que le pasa a miles de críos con TDAH que no están diagnosticados: que el sistema no está diseñado para ellos.
Las clases son largas. Las sillas son incómodas. La información llega de forma lineal, un concepto detrás de otro, como un autobús que para en cada parada aunque tú quieras ir directamente al final de la línea. Para un cerebro con TDAH, eso es tortura. No porque el crío sea tonto. Sino porque su cerebro funciona a otra velocidad, con otra lógica, y nadie le ha dado el manual de instrucciones correcto.
Kaman lo describió él mismo años después: en clase era un desastre. No podía concentrarse. No podía seguir el ritmo. Se dispersaba.
Pero en la cancha era otra persona.
Y eso es exactamente lo que define al TDAH mejor que cualquier definición clínica: no es incapacidad para concentrarse. Es un cerebro que elige dónde concentrarse sin pedirte permiso. Cuando encuentra algo que le enciende, no hay manera de pararlo. Cuando no lo encuentra, no hay manera de arrancarlo.
El aula era el apagón. La cancha era el encendido.
¿Cuándo le diagnosticaron el TDAH?
Kaman no fue diagnosticado de niño. El diagnóstico llegó cuando ya era profesional de la NBA.
Eso es más común de lo que parece. Hay miles de adultos que pasan décadas sin saber que tienen TDAH porque de pequeños se les etiquetó de otra forma: vago, disperso, difícil, poco aplicado, podría hacerlo si se esforzara más. Frases que son cuchillos pequeños pero que van haciendo corte tras corte durante años.
El diagnóstico de Kaman llegó tarde, pero llegó. Y cuando llegó, cambió algo. No porque de repente todo fuera más fácil. Sino porque por fin había un nombre para lo que había vivido siempre. Y un nombre, en esto del TDAH, es la diferencia entre luchar contra fantasmas y luchar contra algo que puedes ver, entender y gestionar.
Habló abiertamente de ello. Habló de cómo el baloncesto le dio la estructura que el colegio no le supo dar. Habló de cómo encontrar algo donde su cerebro podía funcionar a pleno rendimiento cambió todo.
Eso no es un detalle menor. Es el núcleo de la cosa.
¿Cómo encajó el TDAH en la NBA?
Hay algo curioso en los deportes de alta competición que los hace especialmente compatibles con ciertos cerebros que tienen TDAH.
La inmediatez. En el baloncesto no hay tiempo para quedarse paralizado analizando. Hay que decidir en décimas de segundo, moverse antes de que el pensamiento consciente llegue al cuerpo, reaccionar sin pensar. Para un cerebro hiperactivo que tarda en arrancarse en contextos lentos pero que en situaciones de alta intensidad funciona como un cohete, eso es terreno conocido.
La estructura externa. El entrenamiento tiene horarios. Los partidos tienen normas. El equipo tiene dinámicas. Todo eso crea un andamiaje externo que compensa exactamente lo que el cerebro con TDAH no puede construir solo desde dentro. No es que el tío con TDAH sea incapaz de organizarse: es que necesita que la estructura venga de fuera porque la que viene de dentro es un caos con buena voluntad.
El estímulo constante. La cancha no para. Siempre hay algo pasando, alguien moviéndose, una jugada que leer, un cuerpo que esquivar. Para un cerebro que se aburre en dos minutos con cualquier cosa que no le resulte suficientemente interesante, la NBA es un menú de estímulos que no se acaba nunca.
Kaman encontró en la cancha lo que no encontraba en un pupitre. Y eso, en cierta medida, le salvó.
¿Cómo es jugar en la NBA con TDAH?
No todo es romanticismo, claro.
Jugar en la NBA con TDAH tiene su miga. Los viajes constantes, los cambios de horario, los hoteles distintos cada semana, la dificultad para establecer rutinas. Todo eso pesa más cuando tu cerebro ya tiene dificultades para gestionar la impulsividad y el orden del día a día.
Kaman no lo tuvo fácil en ese sentido. Hubo momentos difíciles. Momentos en los que la gestión emocional, que en el TDAH suele ser uno de los puntos más complicados, se hacía notar.
Pero siguió en la liga durante más de diez años. Jugó con los Clippers, con los Mavericks, con varios equipos más. Compitió en los Juegos Olímpicos con Alemania. No como una curiosidad anecdótica, sino como un profesional que supo manejar lo que tenía.
Y eso merece respeto.
¿Qué nos dice esto del TDAH en el deporte?
Que el TDAH no es un billete garantizado al fracaso ni al éxito. Es un cerebro con una configuración distinta que necesita el entorno adecuado para funcionar bien.
Hay muchos casos de deportistas con TDAH que encontraron en el deporte lo que el sistema educativo convencional no les supo ofrecer. Terry Bradshaw en el fútbol americano. Tim Howard en el fútbol. Kaman en el baloncesto. La lista es larga.
No es casualidad. El deporte de competición ofrece exactamente el tipo de entorno donde ciertos cerebros con TDAH florecen: ritmo rápido, consecuencias inmediatas, estructura externa clara, adrenalina, y una retroalimentación constante de si lo que estás haciendo funciona o no.
Nada de "estudia ahora y en veinte años sabrás si te ha servido de algo".
Todo es ahora. Y a un cerebro que vive en el presente porque no puede hacer otra cosa, eso le habla en su idioma.
Lo que la historia de Kaman no debería ser
La historia de Chris Kaman no debería ser una inspiración genérica del tipo "mira, tuvo TDAH y llegó a la NBA, tú también puedes".
Eso sería lo fácil. Y lo incompleto.
La historia de Kaman es útil porque muestra algo más concreto: que hay cerebros que en determinados contextos no arrancan y en otros brillan. Que el diagnóstico tardío no inutiliza a nadie, pero que llegar antes hubiera cambiado muchas cosas. Que el entorno importa tanto como el cerebro que lo habita.
Y que un crío que no puede concentrarse en clase no es necesariamente un crío sin futuro.
A veces es un crío que todavía no ha encontrado su cancha.
Si te has reconocido en algo de lo que has leído aquí, puede que valga la pena que entiendas mejor cómo funciona tu cerebro.
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