Preparo todo la noche antes y olvido cogerlo al salir

Lo dejaste en la entrada. Lo preparaste con tiempo. Y te fuiste sin ello. No es despiste. Tu cerebro funciona con reglas que nadie te explicó.

La bolsa del gimnasio. En la entrada. Preparada a las once de la noche con la toalla, la botella, las zapatillas. Todo perfecto. Te fuiste a dormir tranquilo pensando "mañana no se me olvida".

Te levantaste. Desayunaste. Cogiste las llaves. Cerraste la puerta. Y a mitad de camino al metro, la revelación: la bolsa sigue en la entrada.

Y lo peor no es que se te olvidara. Lo peor es que la preparaste específicamente para que no se te olvidara. Hiciste el esfuerzo extra. El paso que se supone que evita el problema. Y el problema ocurrió igual.

¿Por qué falla el plan aunque lo prepares todo?

Mira, esto tiene una explicación bastante clara, y no es "eres un desastre".

Tu cerebro tiene una cosa que se llama memoria prospectiva. Es la parte que se encarga de recordar hacer algo en el futuro. "Mañana a las 8 cojo la bolsa." Esa instrucción se guarda en algún sitio de tu cabeza. El problema es que ese sitio, en algunos cerebros, tiene la fiabilidad de un post-it pegado con saliva.

La información está ahí. No la has olvidado en el sentido clásico. Si alguien te pregunta "oye, ¿no llevabas bolsa hoy?", la recuerdas al instante. Claro que la recuerdas. El problema no es de almacenamiento. Es de recuperación en el momento exacto.

Es como tener un despertador que suena, pero suena cuando ya no lo necesitas. A las 10 de la mañana piensas "la bolsa". A las 8, cuando salías por la puerta, nada. Silencio absoluto.

El ritual de la noche que no sirve de nada

Y aquí viene lo frustrante.

Tú ya lo intentas. De verdad que lo intentas. Preparas las cosas la noche antes porque sabes que por la mañana tu cerebro no está para fiestas. Pones la mochila en la puerta. Dejas el tupper en la nevera con una nota mental de "coger tupper". Haces todo lo que se supone que hay que hacer.

Pero la nota mental no salta. Y la mochila en la puerta se convierte en parte del paisaje. Tu cerebro la ve y no la procesa. Es como esos carteles que llevan años en la misma pared y ya no lees. La bolsa está ahí, pero tu cerebro la ha archivado como "decoración del recibidor".

Esto me pasa a mí constantemente. Preparo la mochila con el portátil, los cables, los auriculares. La dejo al lado de la puerta. Me levanto, desayuno, me pongo los zapatos, y salgo. Sin la mochila. Llego al café donde trabajo y me doy cuenta de que tengo las llaves, la cartera, el móvil y ni un maldito cable.

Y no es que no me importe. Es que mi cerebro tiene una forma muy curiosa de gestionar lo que recuerda y lo que no. Las cosas importantes no tienen prioridad automática. La prioridad la da la urgencia, la novedad o la emoción. Y una mochila que llevas cogiendo cada día no tiene ninguna de las tres.

¿Es normal que me pase esto todos los días?

A ver, le pasa a todo el mundo alguna vez. Te dejas el paraguas, se te olvida el cargador. Eso es humano.

Pero cuando te pasa con sistema, cuando es un patrón, cuando ya has probado ponerlo en la puerta, ponerlo encima de los zapatos, ponerlo literalmente en la mano y aun así se te olvida... ahí ya no estamos hablando de despiste puntual.

Estamos hablando de una memoria de trabajo que no tiene capacidad para mantener la instrucción activa mientras haces otras cosas. Tu cerebro por la mañana está gestionando: levantarse, vestirse, desayunar, mirar la hora, pensar en lo que tienes que hacer hoy. Y en ese caos de operaciones simultáneas, "coger la bolsa" se cae de la mesa.

Porque tu memoria a corto plazo funciona como una mesa pequeña. Solo caben dos o tres cosas. Y cada vez que pones una nueva, se cae otra. La bolsa estaba en la mesa anoche. Pero por la mañana la reemplazaron el desayuno, las llaves y la ansiedad de llegar tarde.

Lo que me funciona (cuando me funciona)

No te voy a engañar. No tengo la solución mágica. Pero hay trucos que bajan el ratio de olvido de un 90% a un 40%, que ya es algo.

El que mejor me va: no dejar las cosas "cerca de la puerta". Dejarlas bloqueando la puerta. Literalmente. La mochila encima de los zapatos que te vas a poner. El tupper dentro de la mochila que ya está encima de los zapatos. Que sea físicamente imposible salir sin tropezarte con ello.

Porque si depende de que tu cerebro recuerde, estás perdido. Pero si depende de que tu pie tropiece con algo, ahí sí funciona. Tu cerebro no recuerda instrucciones futuras, pero tus pies sí tropiezan con obstáculos presentes.

También funciona externalizar la memoria en sistemas que no dependan de tu cabeza. Alarmas. Notas en la puerta. Una checklist de salida pegada en el espejo. Todo lo que saque la información de tu cerebro y la ponga en el mundo real.

Quizá hay algo más detrás

Mira, te voy a ser honesto.

Si esto te pasa con la bolsa del gimnasio, con las llaves, con el tupper, con la cartera, con los documentos que necesitas para una reunión, con la compra que ibas a hacer al volver del trabajo...

Si es un patrón constante y no un despiste de un día malo, hay bastantes posibilidades de que tu cerebro funcione de una forma concreta que tiene nombre. Se llama TDAH. Y uno de sus síntomas menos conocidos es exactamente esto: fallo en la memoria prospectiva.

No estoy diciendo que sea tu caso. Esto no sustituye una evaluación profesional. Pero sí te digo que cuando yo entendí por qué me pasaba, dejé de sentirme idiota cada vez que me olvidaba algo en la entrada. Y empecé a montar sistemas que trabajaran con mi cerebro, no contra él.

Porque el problema no es que todo te cueste más que a los demás. El problema es que nadie te enseñó las reglas del juego que estás jugando.

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