Necesito que algo cambie en mi rutina para mantener el interés
Si tu rutina no cambia cada poco, se vuelve insoportable. No eres raro. Tu cerebro necesita novedad para funcionar.
Lunes: me levanto a las 7, entreno, trabajo, como, sigo trabajando. Perfecto. Productivo. Motivado.
Martes: igual. Bien.
Miércoles: igual. Ya me cuesta un poco más.
Jueves: igual. ¿Por qué es todo tan aburrido?
Viernes: no puedo más. Necesito cambiar algo o me voy a volver loco.
¿Te suena? Porque a mí me pasa cada semana. No cada mes. Cada semana.
La rutina es lo que se supone que te da estabilidad. Lo que dicen todos los libros de productividad, todos los podcasts, todos los gurús. "Crea una rutina y síguela." Y yo la creo. Y la sigo. Hasta que mi cerebro decide que ya no es interesante y desconecta como si le hubieran quitado la batería.
¿Por qué la rutina deja de funcionar tan rápido?
Porque tu cerebro se alimenta de novedad. Literalmente. La dopamina, que es lo que te hace sentir motivado y enganchado, se dispara con lo nuevo. Con lo diferente. Con lo inesperado. Y una rutina es, por definición, lo contrario de todo eso.
Los primeros días, la rutina ES nueva. Y por eso funciona. Tu cerebro la procesa como un estímulo fresco. "Oh, mira, un nuevo orden. Interesante." Pero cuando ya no es nueva, cuando ya es predecible, tu cerebro deja de segregar dopamina por ella. Y sin dopamina, no hay motivación. Y sin motivación, la rutina se convierte en una cárcel.
Es como una canción que te encanta. La primera vez, la repites 40 veces seguidas. A la semana, la escuchas un par de veces. Al mes, la saltas cada vez que aparece en el shuffle. No es que la canción haya cambiado. Es que tu cerebro ya la procesó y necesita otra.
¿Eso significa que nunca voy a poder tener una rutina?
No necesariamente. Pero sí significa que tu rutina no puede ser la misma cada día. Necesita variación. Necesita elementos que cambien. Necesita sorpresa.
Y esto va en contra de todo lo que te han enseñado. Porque te han enseñado que la rutina perfecta es fija, repetible, idéntica todos los días. Y para mucha gente, eso funciona. Pero para ti, eso es la receta del desastre.
Tu rutina tiene que ser un marco, no una jaula. Un esqueleto que se mantiene pero con carne que cambia. Los pilares fijos (comer, dormir, trabajar) se mantienen, pero cómo los haces, cuándo exactamente, en qué orden, con qué variaciones: eso tiene que tener margen para cambiar.
Es lo que pasa con la gente que se cansa de todo muy rápido. No es que sean inconstantes. Es que su cerebro procesa la repetición como amenaza y reacciona desconectándose.
El truco de la variación controlada
Esto es algo que aprendí a base de fracasar. Porque yo intenté la rutina fija. Muchas veces. Y siempre duraba más o menos dos semanas. Como un reloj.
Lo que me funciona ahora es tener bloques fijos con contenido variable. Me explico.
Bloque de mañana: siempre existe. Pero unos días entreno, otros paseo, otros hago estiramientos. El bloque está ahí. Lo que pasa dentro cambia.
Bloque de trabajo: siempre existe. Pero alterno entre tipos de trabajo. Un día escribo, otro grabo, otro gestiono. Nunca dos días seguidos haciendo exactamente lo mismo.
Bloque de tarde: siempre existe. Pero un día leo, otro cocino algo nuevo, otro salgo a caminar por una ruta diferente.
La estructura no cambia. El contenido sí. Y esa pequeña inyección de novedad es suficiente para que mi cerebro no se aburra y desconecte.
¿Y si ni siquiera la variación funciona?
Pues mira, si llevas años intentando mantener cualquier tipo de rutina y no hay forma, si las agendas te duran tres días, si los hábitos se mueren antes de nacer, si necesitas reiniciar todo cada poco para que funcione, puede que no sea un problema de método. Puede que sea un problema de cómo funciona tu cabeza.
Y no lo digo para asustarte. Lo digo porque yo pasé años culpándome por no poder hacer algo que "todo el mundo puede" hasta que descubrí que mi cerebro procesaba la información de forma diferente. Y con ese conocimiento, todo cambió. No porque encontrara la rutina perfecta, sino porque dejé de buscarla y empecé a trabajar con lo que tengo.
No soy psicólogo ni pretendo serlo. Pero si esto te resuena demasiado, habla con uno.
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Si quieres un primer paso para entender qué le pasa a tu cerebro con las rutinas, tengo un test de 43 preguntas que te puede dar bastante perspectiva. No sustituye a un profesional, pero te da una base para entender por qué lo que le funciona a todo el mundo a ti no te funciona. Hacer el test TDAH.
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