No puedo trabajar con ruido de fondo: necesito silencio total o música

Teclados, conversaciones, el aire acondicionado. Tu cerebro procesa todo el ruido al mismo nivel y no puedes filtrar nada.

Tu compañero teclea. Alguien habla por teléfono tres mesas más allá. El aire acondicionado hace un ruido que nadie más parece notar. Y tú no puedes escribir una línea.

No es que seas delicado. No es que seas tiquismiquis. Es que tu cerebro procesa todos esos ruidos al mismo nivel que la tarea que estás intentando hacer. Como si todo tuviera el mismo volumen. Como si el teclado de tu compañero y tu informe estuvieran compitiendo por el mismo micrófono en tu cabeza.

Y el teclado gana. Siempre gana.

¿Por qué a los demás no les afecta y a ti te destroza?

Buena pregunta. Y la respuesta tiene que ver con cómo tu cerebro filtra la información.

La mayoría de la gente tiene un sistema de filtrado que funciona bien. Los ruidos de fondo van al fondo. La tarea principal se queda en primer plano. Es automático. No tienen que hacer nada para conseguirlo. Su cerebro se encarga solo.

El tuyo no hace eso. El tuyo le da la misma prioridad a todo. El tecleo, la conversación del pasillo, el zumbido de la nevera, y la tarea que tienes que entregar mañana. Todo a la vez. Todo al mismo volumen. Todo compitiendo por tu atención.

Es como si en una orquesta todos los instrumentos tocaran a la misma altura. No hay melodía principal. Solo ruido.

La solución de los cascos (que no es solución)

Te pones los cascos. Pones música. Funciona. Más o menos.

Pero tu jefe te mira raro porque llevas cascos todo el día. O tu compañero te toca el hombro cada 15 minutos para preguntarte algo y tú pegas un bote como si te hubieran disparado. O te quitan los cascos para una reunión y cuando vuelves a tu sitio has perdido toda la concentración que habías conseguido.

Y luego está el problema de la música. Porque no cualquier música vale. Si tiene letra, te distraes con la letra. Si es nueva, te distraes porque es nueva. Si es la playlist de siempre, a veces funciona y a veces no. Es un arte encontrar el ruido exacto que tape el ruido pero no genere más ruido.

Yo acabé con lo-fi beats de YouTube las 24 horas del día. Como un yonki de la frecuencia correcta de sonido de fondo.

¿Y si el problema no es el ruido?

A ver, aquí viene lo interesante.

El ruido es el síntoma. No es el problema. El problema es que tu cerebro no tiene la capacidad de decidir qué ignorar. Y eso afecta a todo, no solo al ruido.

Te afecta en el open space que te mata la productividad. Te afecta cuando alguien pasa por detrás de tu pantalla. Te afecta cuando tu móvil vibra en el cajón. Te afecta cuando ves movimiento con el rabillo del ojo. Todo es una distracción potencial porque tu filtro no funciona como el de los demás.

Y lo que pasa es que para concentrarte tú necesitas gastar una energía extra brutal solo en bloquear todo lo que no es la tarea. Antes de empezar a trabajar ya estás gastando energía en no distraerte. Es agotador.

Por eso al final del día estás reventado aunque no hayas producido tanto. No es que hayas trabajado poco. Es que has trabajado el doble: una parte haciendo la tarea y otra parte luchando contra tu cerebro para que te dejara hacer la tarea.

Eso de que no rindes aunque quieres empieza a tener más sentido cuando entiendes cuánta energía pierdes solo en filtrar estímulos.

¿Por qué funciono mejor en casa (a veces)?

Porque en casa controlas el entorno. Puedes cerrar la puerta. Puedes elegir el ruido. Puedes ponerte en un sitio donde nadie te interrumpa. Controlas las variables.

Pero ojo, porque en casa tienes otro problema: la nevera, la cama, Netflix, el móvil, el perro, la ropa sucia que te mira desde la silla. Otro tipo de distracciones. El teletrabajo tiene sus propios retos que no son mejores ni peores, solo diferentes.

La realidad es que necesitas un entorno concreto para rendir. Y ese entorno cambia según el día. A veces necesitas silencio total. A veces necesitas un café ruidoso. A veces necesitas los cascos con ruido blanco. Y nunca sabes cuál hasta que lo pruebas.

Lo que hay debajo de todo esto

Te voy a decir algo que me dijeron a mí y que me hizo click.

Esa incapacidad para filtrar ruidos, esa necesidad de controlar el entorno para poder concentrarte, esa sensación de que tu cerebro no puede con la estimulación que a los demás no les afecta... tiene nombre.

TDAH. Y no es lo que piensas. No es solo niños corriendo por los pasillos. En adultos muchas veces parece exactamente esto: una persona que necesita condiciones perfectas para rendir porque su cerebro no filtra como debería. La OMS estima que afecta al 2-5% de los adultos, y la mayoría no lo sabe.

Esto no es un diagnóstico. Consulta con un profesional si te ves reflejado. Pero saberlo te quita un peso enorme de encima. Porque dejas de pensar que eres tiquismiquis y empiezas a entender que tu cerebro funciona diferente.

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