Pospongo ir al médico hasta que el problema es urgente

Llevas meses con algo que no va bien pero sigues sin pedir cita. No es dejadez. Tu cerebro necesita urgencia para activarse, y la salud casi nunca la genera.

Tengo una muela que lleva tres meses dándome la vara.

No es un dolor insoportable. Es ese dolor de fondo, el que aparece cuando muerdo algo frío, el que desaparece en diez minutos y te deja pensando "ya llamaré mañana". Y mañana llega. Y no llamas. Y así llevamos desde marzo.

Y lo peor no es la muela. Lo peor es que sé exactamente por qué no llamo.

¿Por qué posponer ir al médico cuando sabes que lo necesitas?

A ver, analicemos esto un momento, porque tiene una lógica interna que no es pereza.

La pereza sería "no me apetece ir y no voy". Pero eso no es lo que pasa. Lo que pasa es que cada mañana piensas en llamar, calculas mentalmente el tiempo que tardarías, la cola de espera, si te dan cita para el mismo día o para dentro de tres semanas, si podrás ir esa semana o no, si necesitarás llevar el SIP... Y en ese momento, sin que te dé tiempo a decidir nada, tu cerebro ha cambiado de pestaña y estás pensando en otra cosa.

No huiste del problema. El problema simplemente dejó de ser urgente el tiempo suficiente como para que tu cerebro lo metiera en el cajón de "ya".

Y el cajón de "ya" en mi cabeza es una pesadilla. Tiene analíticas que piden revisión desde 2023. Un bulto que el médico dijo que "habría que mirar cuando puedas". Una revisión dental que en teoría tendría que ser anual pero que la última fue hace... no sé, dos años, quizá tres. No quiero saberlo.

El problema no es la voluntad, es el sistema de alarma

Tu cerebro, y esto es clave, necesita urgencia para activarse.

No urgencia fabricada. Urgencia real. La que sientes cuando el motor del coche hace un ruido nuevo y raro. La que sientes cuando abres la nevera y huele mal. La que sientes cuando tienes fiebre de 39 y no puedes ni levantarte del sofá.

Esa urgencia activa algo. Te mueve. Llamas. Actúas.

Pero cuando el problema existe, cuando hay algo ahí que debería preocuparte, pero no duele lo suficiente, no molesta lo suficiente, no interrumpe tu vida lo suficiente... tu cerebro lo clasifica como "no urgente" y lo pone a la cola. Una cola que, en la práctica, no tiene fin.

Esto no es un defecto de carácter. Es cómo funciona un cerebro que regula la atención a través de la urgencia y la novedad. Y la salud preventiva es exactamente lo contrario de urgente y novedoso. Es aburrida, repetitiva, y los beneficios son invisibles porque el problema que evitas nunca llega a existir.

¿Cómo le explicas a tu cerebro la importancia de algo que todavía no ha pasado?

Lo reconocerás porque te ha pasado

Imagínate la escena.

Llevas semanas con algo que no va bien. Un dolor que va y viene. Un síntoma que sabes que debería revisarse. Y no pides cita. No porque seas imprudente. Sino porque cada vez que lo piensas, el problema en ese momento concreto no parece tan grave.

Y luego, un día, el problema escala. O te asustas de verdad. O alguien te dice "tío, eso no puede ser normal" y de repente en 24 horas has pedido cita, has ido al médico y has hecho todo lo que llevabas semanas sin hacer.

No es magia. Es que llegó la urgencia.

O sea, tenías la capacidad todo el tiempo. El número de teléfono siempre fue el mismo. La cita siempre estuvo disponible. Pero sin la urgencia activando tu sistema, el cerebro no veía razón suficiente para interrumpir lo que estaba haciendo.

Esto me pasa también con dejar todo para el último momento: no es que no pueda hacerlo antes, es que mi cerebro no encuentra el combustible necesario hasta que el plazo está encima.

¿Por qué me cuesta más a mí que a los demás?

Esta es la pregunta que llevo años haciéndome.

Porque hay gente que pide cita antes de que el problema sea urgente. Que hace la revisión anual sin que nadie les persiga. Que abren el sobre del banco el mismo día que llega. Que llaman al seguro cuando se les ocurre que quizá tienen que llamar al seguro.

Y yo los miro como si fueran alienígenas.

No es que ellos tengan más fuerza de voluntad. Es que su sistema de priorización funciona diferente. Su cerebro trata "puede ser importante en el futuro" casi con la misma atención que "es urgente ahora mismo". El mío, en cambio, tiene un filtro mucho más estricto: si no hay urgencia real, si no hay una consecuencia inmediata y tangible, no pasa a primer plano.

Y eso, en contextos donde la vida moderna exige anticipación constante, es un problema serio. A mucha gente le cuesta todo más que a los demás por este motivo exacto, no por falta de inteligencia ni de ganas, sino porque su cerebro procesa las prioridades con otras reglas.

Cómo me he forzado a actuar sin urgencia real

No tengo una solución perfecta. Te lo digo ya para no venderte humo.

Pero hay cosas que me funcionan para engañar al sistema.

La primera es fabricar la urgencia de forma artificial. Poner en el calendario no "llamar al médico" sino "tengo cita con el médico el martes a las 11". O sea, reservar el hueco antes de que lo necesite, cuando todavía me acuerdo de que debería hacerlo. Porque si lo dejo en "ya llamaré cuando me acuerde", sé perfectamente lo que pasa.

La segunda es externalizar. Mi novia me dice "¿ya has pedido esa cita?" con la energía exacta de quien ya sabe la respuesta. Y eso, aunque me da una pereza inmensa admitirlo, funciona. La presión social es urgencia. Baja, pero urgencia al fin.

La tercera, y esta es la que más me ha costado aceptar, es reconocer que no puedo empezar algo si no tengo ganas y que eso a veces requiere crear las condiciones para que las ganas aparezcan, no esperar a que aparezcan solas.

Con la salud en particular, lo que me ha ayudado es vincular la cita con algo concreto e inmediato. No "debo ir al médico por mi salud a largo plazo" (demasiado abstracto, el cerebro se desconecta). Sino "si no voy, ese dolor en enero va a ser peor y me va a fastidiar el viaje que tengo en febrero". Eso sí es urgente. Eso sí conecta.

Esto no es solo despiste

Si te reconoces en esto, si llevas meses posponer ir al médico hasta que ya no hay otra opción, si tienes cosas pendientes de revisión que sabes que deberías atender pero que nunca parecen lo suficientemente urgentes... puede que tu cerebro esté regulando la atención de una forma que no es la estándar.

No digo que tengas TDAH. No soy médico y esto no sustituye un diagnóstico profesional. Pero sí te digo que ese patrón, necesitar urgencia para actuar, tener dificultades con las tareas de bajo estímulo aunque sepas que son importantes, posponer cosas hasta que el problema escala... es un patrón reconocible. Tiene explicación. Y en muchos casos, tiene nombre.

Si quieres saber si tu cerebro funciona con estas reglas, hice un test de 43 preguntas. Son 10 minutos. Gratuito. No es un diagnóstico, pero es un punto de partida para entender si lo que te pasa tiene nombre. Puedes hacerlo aquí.

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