Me aburro de las personas que quiero y no sé qué hacer con eso
Quieres a esa persona. De verdad. Pero te aburres. Y la culpa de sentir eso es peor que el aburrimiento.
Quieres a esa persona. De verdad. Te importa. Le deseas lo mejor del mundo. Pero cuando quedas con ella y la conversación lleva 20 minutos, tu cerebro ya está buscando la puerta de salida.
No es que la conversación sea mala. Es que no es nueva. Ya conoces sus historias. Ya sabes cómo piensa. Ya predices lo que va a decir antes de que lo diga. Y tu cerebro, que necesita novedad como el oxígeno, se apaga.
Y entonces viene la culpa. Porque se supone que querer a alguien y aburrirte con esa persona no deberían ir juntos. Pero van. Y no sabes qué hacer con eso.
¿Por qué te aburres de la gente que más quieres?
Porque la familiaridad mata el estímulo. Y tu cerebro vive de estímulo.
Piensa en cuando conociste a esa persona. Todo era nuevo. Cada conversación era un descubrimiento. Cada dato sobre su vida era información fresca. Tu cerebro estaba enganchado porque había novedad. Y la novedad es dopamina. Y la dopamina es atención.
Pero con el tiempo, la novedad desaparece. La persona sigue siendo la misma. Sigue siendo genial. Pero tu cerebro ya la catalogó, ya la procesó, ya extrajo toda la novedad que podía extraer. Y ahora necesita más. No porque la persona no valga. Sino porque tu cerebro funciona así.
Es como un buscador de oro que encuentra una veta. Al principio, cada día saca pepitas nuevas. Pero cuando la veta se agota, sigue cavando en el mismo sitio esperando encontrar algo y no hay nada nuevo. No es que la mina sea mala. Es que ya la explotaste entera.
La culpa de sentirse aburrido
Esto es lo que más jode de todo. Porque el aburrimiento no es el problema real. El problema real es la culpa.
"¿Qué clase de persona se aburre de sus amigos?" "¿Qué clase de persona quiere irse de una cena con la gente que más quiere?" "¿Soy un psicópata?" "¿No sé querer?"
Y empiezas a pensar que hay algo fundamentalmente roto en ti. Que eres incapaz de mantener relaciones profundas. Que solo te interesa la gente mientras es nueva y después pasas a la siguiente como quien cambia de serie en Netflix.
Y no. No es eso. Es que tu cerebro necesita estimulación para funcionar. Y las relaciones de larga duración, por definición, tienen menos estimulación nueva que las relaciones recientes. No es un fallo de carácter. Es un patrón que te hace alejarte de la gente sin motivo aparente.
¿Significa que no puedes mantener relaciones a largo plazo?
No. Significa que tienes que entender cómo funciona tu cerebro para dejar de culparte por algo que no controlas.
Las relaciones a largo plazo funcionan diferente cuando tu cerebro busca novedad constantemente. No puedes esperar que la otra persona sea nueva cada día. Pero sí puedes hacer cosas nuevas con esa persona. Cambiar el contexto. Hacer planes diferentes. Tener conversaciones sobre temas que no habéis tocado.
A mí me pasa que con mis mejores amigos, si siempre quedamos en el mismo bar a hacer lo mismo, me aburro. Pero si cambiamos el plan, si hacemos algo distinto, si metemos un estímulo nuevo en la ecuación, de repente la relación vuelve a ser interesante. No porque la persona cambie. Sino porque el contexto cambió y mi cerebro tiene algo nuevo que procesar.
Parece una tontería. Pero cuando entiendes que tu cerebro no se aburre de la persona sino de la rutina con esa persona, todo cambia.
El momento en que dejé de sentirme un psicópata
Te lo cuento porque creo que es útil.
Yo pasé años pensando que era incapaz de mantener amistades. Que me aburría de todo el mundo. Que era un problema mío, de personalidad, de algo que estaba mal en mi cabeza. Y técnicamente algo estaba mal en mi cabeza, pero no lo que yo pensaba.
Cuando descubrí que la búsqueda constante de novedad es un rasgo central del TDAH, que la necesidad de estímulo no es capricho sino neurología, dejé de culparme. No dejé de aburrirme. Pero dejé de sentirme culpable por aburrirme. Que es una diferencia enorme.
Porque cuando te quitas la culpa, puedes trabajar con la realidad. Puedes decirle a tu amigo "oye, ¿y si en vez del bar de siempre hacemos algo diferente?". Puedes entender que quedar con gente te agobia no porque no los quieras sino porque tu cerebro necesita un tipo de estimulación que los planes repetitivos no ofrecen.
Esto no es un consejo médico. Soy un tío que vive con esto, no un profesional que lo trata. Pero si te identificas con todo lo que acabas de leer, puede que valga la pena hablarlo con alguien que sí lo sea.
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Si este patrón te suena demasiado familiar y quieres entender por qué tu cerebro funciona así, tengo un test de 43 preguntas que puede darte claridad. Sin diagnóstico, sin coste, pero con información suficiente para decidir si merece la pena dar el siguiente paso. Hacer el test TDAH.
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