No tengo sistema para nada y funciono a base de crisis

No tienes método, ni agenda, ni sistema que dure. Solo una habilidad brutal para resolver cosas cuando todo arde. Y tiene explicación.

No tienes sistema. No tienes método. No tienes agenda que dure más de tres días. Lo que tienes es una habilidad sobrenatural para resolver cosas a última hora cuando todo arde.

Y lo peor es que funciona.

Funciona tan bien que llevas años así. Funciono a base de crisis, piensas. Y no sabes si es un problema o un superpoder. Porque los resultados salen. Tarde. Sudando. A las once de la noche con tres cafés encima. Pero salen.

¿Por qué funcionas mejor en modo crisis que con un plan?

Porque tu cerebro no responde a lo importante. Responde a lo urgente.

Parece lo mismo, pero no tiene nada que ver. Lo importante es abstracto. Lo importante es "debería hacer esto". Lo urgente es concreto. Lo urgente es "si no hago esto en dos horas, se me cae todo".

Y tu cerebro, que lleva toda la vida ignorando lo importante, se activa como un rayo cuando huele la urgencia. Porque la urgencia genera la presión suficiente para que arranque el motor. Sin presión, no hay motor. Sin motor, no hay acción.

Es como tener un coche que solo arranca cuesta abajo. Funciona, claro. Pero necesitas una cuesta cada vez que quieres ir a algún sitio.

Y eso es exactamente lo que haces. No planificas. Esperas. Esperas a que la situación se ponga lo bastante fea como para que tu cerebro diga "vale, ahora sí". Y entonces te pones a resolver. A lo bestia. Con una concentración que no sabías que tenías. En un rato haces lo que no has podido hacer en semanas.

Y al día siguiente vuelves a empezar.

El ciclo que nadie te enseñó a reconocer

Te lo describo porque seguro que lo reconoces.

Fase uno: te llega algo que hacer. Un proyecto, una tarea, una decisión. Sabes que tienes que hacerlo. Piensas "esta vez me organizo". Abres una app. Creas un plan. Te sientes productivo durante 47 minutos.

Fase dos: pasan los días. El plan sigue ahí, intacto, sin que lo toques. No porque no quieras. Es que cada vez que piensas en ponerte, algo dentro de ti dice "luego" con una convicción que no te creías capaz de sentir.

Fase tres: queda un día. O medio día. O tres horas. Y de repente todo cambia. La niebla se levanta. Las manos se mueven solas. Te metes en un estado de concentración que ya querrías tener a demanda. Y lo haces. Todo. En una fracción del tiempo que tenías para hacerlo.

Fase cuatro: te sientes raro. Mezcla de alivio, orgullo y algo que se parece al asco. Porque sabes que ha salido bien, pero también sabes que has pasado una semana entera sin poder moverte, y eso no tiene sentido. "Si al final lo he hecho en tres horas, ¿por qué no lo hice el lunes?"

Buena pregunta. Y la respuesta no es la que piensas.

No es falta de disciplina. Es un sistema de activación que funciona con otras reglas.

La explicación fácil es "eres vago" o "te falta disciplina". Y es la que te repites a ti mismo. Porque encaja. Porque todo el mundo la entiende. Porque el puñetero mundo funciona con plazos y agendas y se supone que tú también deberías.

Pero la explicación real es otra.

Tu cerebro regula la atención de forma distinta. No prioriza por lógica. Prioriza por activación. Y lo que activa tu cerebro no es la importancia, es la combinación de urgencia, novedad e interés. Sin al menos una de esas tres, no arrancas. Da igual lo que hagas. Da igual cuántas apps te descargues.

Por eso has probado mil sistemas de organización y ninguno te ha funcionado. No es que los sistemas sean malos. Es que están diseñados para un cerebro que no es el tuyo. Un cerebro que puede decidir hacer algo y hacerlo sin necesitar que el edificio esté en llamas.

Y por eso solo eres productivo bajo presión. Porque la presión es el combustible que tu cerebro necesita para arrancar. No es un fallo de carácter. Es un patrón de activación diferente.

Lo que de verdad esconde funcionar a base de crisis

A ver, no te voy a engañar. Funcionar así no es sostenible.

Sí, los resultados salen. Pero el desgaste es real. Cada crisis que resuelves tiene un coste que no ves. El estrés que acumulas. Las noches que no duermes. La sensación constante de que estás a punto de que todo se derrumbe. La culpa de los días en los que no puedes hacer nada mientras la fecha límite se acerca.

Y lo peor: la gente de fuera no lo ve. Ven que entregas. Ven que resuelves. Ven que "siempre lo sacas al final". Y piensan que así es como funcionas. Que te va bien. Que es tu estilo.

No es un estilo. Es un mecanismo de supervivencia.

Y cuando alguien te dice "¿por qué no lo haces antes, si al final siempre puedes?", te dan ganas de explicar que no es que "puedas" siempre. Es que antes no puedes. Literalmente. No es una elección.

Esto le pasa a mucha más gente de la que imaginas. Y tiene bastante menos que ver con la voluntad de lo que crees.

Lo que puedes hacer (sin montar otro sistema que no vas a usar)

No voy a decirte que te descargues una app. Ni que hagas una lista. Ni que te organices. Porque ya lo has intentado y ya sabes cómo acaba.

Lo que sí puedo decirte, por experiencia, es una cosa: si tu cerebro necesita urgencia para arrancar, a veces puedes fabricar urgencia.

No urgencia falsa. Urgencia real pero controlada. Compromisos con otras personas. Deadlines que no dependan de ti. Decirle a alguien "te lo mando mañana" para que tu cerebro tenga una cuesta por la que bajar.

Parece una tontería, pero la diferencia entre "debería hacerlo" y "le dije que lo tendría para mañana" es la diferencia entre quedarte mirando el techo y ponerte a trabajar. Ya te digo.

No es un sistema perfecto. Pero es un sistema que funciona con tu cerebro en vez de contra él. Y eso ya es más de lo que hacen la mayoría de métodos de productividad que te han vendido.

Esto no sustituye hablar con un profesional, que quede claro. Si funcionas a base de crisis desde que tienes memoria y no sabes por qué, lo que toca es consultarlo con alguien que sepa de verdad.

---

Si reconoces este patrón y quieres saber si hay algo más detrás, hice un test de 43 preguntas que te da bastante información. No es un diagnóstico, pero te ayuda a entender cómo funciona tu cabeza. Gratis y sin rodeos. Hacer el test TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo