Volver al blog

Por qué siempre llego tarde aunque lo intento con todas mis fuerzas

Pones 3 alarmas, preparas todo y llegas tarde. Otra vez. No es dejadez. Es ceguera temporal, y tiene explicación neurológica.

tdah

Pones 3 alarmas. Preparas la ropa la noche antes. Sales con margen. Y llegas tarde. Otra vez.

No es la primera vez. Ni la segunda. Es un patrón tan consistente que ya lo has aceptado como parte de tu personalidad. "Soy así". "Soy impuntual". "Es que me lío".

Y lo peor: no es que no lo intentes. Lo intentas con todas tus fuerzas. Y sigues llegando tarde.

¿Por qué llego tarde si de verdad lo intento?

Porque tu cerebro no percibe el tiempo como el de los demás.

Esto no es una metáfora bonita. Es neurología. Las personas con TDAH tienen lo que los investigadores llaman "ceguera temporal". No es que no les importe llegar a tiempo. Es que su cerebro no registra el paso del tiempo como debería.

Para alguien neurotípico, media hora es media hora. Lo sienten. Lo notan pasar. Tienen un reloj interno que les dice "oye, van 15 minutos, ve moviendo".

Para un cerebro con TDAH, media hora puede sentirse como 5 minutos. O como 3 horas. Depende del momento, de la tarea, de si hay estímulo o no. Es como tener un reloj invisible que va a la velocidad que le da la gana.

Y tú, con tus 3 alarmas y tu ropa preparada, piensas que lo tienes controlado. Pero entre la segunda alarma y el momento de salir de casa, tu cerebro ha decidido que era buen momento para contestar un mensaje, regar una planta, buscar una cosa que no encuentras y reorganizar un cajón.

No han pasado 2 minutos. Han pasado 25.

La trampa del "solo un momento"

Es la frase más peligrosa del vocabulario TDAH. "Solo voy a mirar una cosa". "Solo un momento". "Solo tardo un segundo".

Esos segundos son portales a otra dimensión temporal.

Porque tu cerebro no es malo calculando el tiempo. Es que directamente no calcula. No hay contador interno. No hay esa señal que le dice a la gente "llevas rato aquí, muévete". Cinco minutos se convierten en cuarenta y cinco sin que notes la transición. Sin alarma interna, sin aviso.

Y cuando por fin miras el reloj, ya vas tarde. Otra vez.

Y te enfadas. Contigo. Porque "si ya lo sabía". Porque "si ya me había preparado". Porque "no puede ser tan difícil llegar a una hora".

Pero sí. Para tu cerebro, sí es tan difícil.

No es falta de respeto

Esto es lo que más duele. Que la gente interpreta tu retraso como una declaración de intenciones. "Si me respetaras, llegarías a tiempo". "Si te importara, serías puntual".

Y tú quieres gritar que sí te importa. Que llevas 20 minutos de margen contados, 3 alarmas programadas, la ropa lista, las llaves en la entrada. Que no hay nadie en el mundo que se prepare más para ser puntual que tú.

Pero nada de eso funciona porque el problema no está en la preparación. Está en la percepción.

Tu cerebro no siente la urgencia hasta que la urgencia ya es real. Hasta que ya vas tarde. Hasta que la adrenalina salta y entonces sí, entonces tu cerebro se activa. Entonces corres, conduces rápido, escribes "estoy llegando" cuando aún estás en casa.

Porque tu sistema de motivación funciona con presión, no con planificación. Tu cerebro necesita dopamina para arrancar, y la dopamina no aparece cuando tú quieres. Aparece cuando hay peligro, novedad o fecha límite encima.

¿Qué puedes hacer que realmente funcione?

No voy a decirte "pon más alarmas". Ya las tienes. No voy a decirte "sal antes de casa". Ya lo intentas.

Lo que funciona es entender cómo funciona tu cerebro y dejar de pelear contra él.

Alarmas con contexto, no con números. No pongas una alarma a las 9:15. Pon una que diga "DEJA LO QUE ESTÉS HACIENDO. SAL DE CASA. AHORA." Tu cerebro ignora los números. No ignora las órdenes directas.

Crear urgencia artificial. Queda 15 minutos antes de lo necesario. Dile a tu cerebro que la cita es a las 10 cuando es a las 10:15. Sí, es mentirte a ti mismo. Pero funciona porque tu cerebro necesita presión para activarse, y esos 15 minutos de colchón absorben el desfase temporal.

Elimina las transiciones. El mayor enemigo no es la distancia ni el tráfico. Es lo que haces entre "debería irme" y "me voy". Esos 5 minutos de transición que se convierten en media hora. Cuando suene la alarma de salir, no hagas "una última cosa". Coge las llaves y sal. Punto.

Externaliza el tiempo. Relojes visibles. Timer en el móvil con cuenta atrás. Que el tiempo deje de ser algo abstracto en tu cabeza y sea algo que puedas ver con los ojos.

No estás roto. Estás desfasado

Tu reloj interno va a otra velocidad. No por vago, no por maleducado, no por irrespetuoso. Por neurología.

Y cuando lo entiendes, dejas de pegarte por ello. Dejas de sentirte la peor persona del mundo cada vez que llegas 10 minutos tarde a una cena. Dejas de darte discursos de "la próxima vez seguro que llego bien" que nunca funcionan porque el problema nunca fue la motivación.

El problema era que nadie te explicó que tu cerebro no tiene reloj. Y que gritarle "¡sé puntual!" a un cerebro sin reloj es como gritarle a una pared que se mueva.

No se va a mover. Pero puedes construir una puerta.

---

Si esto te suena demasiado familiar y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero en 10 minutos te da más información que años de "eres muy nervioso". Gratis y sin email obligatorio.

Relacionado

Sigue leyendo