Ponerte los zapatos y salir de casa: la tarea de 2 minutos que te lleva 25
Solo tienes que ponerte los zapatos y salir. Pero llevas 20 minutos con un zapato puesto mirando el móvil. Así funciona el TDAH.
Solo tienes que ponerte los zapatos y salir.
Pero llevas 20 minutos mirando el móvil en el recibidor con un zapato puesto y el otro en la mano. No sabes cómo has acabado leyendo un artículo sobre la migración de las ballenas jorobadas. No recuerdas haber abierto Instagram. Y tu cerebro, lejos de sentirse culpable, te ofrece otro enlace interesante sobre volcanes submarinos.
El zapato sigue en tu mano. La puerta sigue cerrada. Y tú sigues ahí, de pie, en un limbo que nadie entiende menos tú.
¿Por qué una tarea de 2 minutos se convierte en 25?
Porque para tu cerebro, "ponerse los zapatos" no es una tarea. Es una secuencia de microdecisiones que nadie ve.
Piénsalo. Para salir de casa tienes que:
1. Decidir que ya es hora de salir. 2. Localizar los zapatos. 3. Ponértelos. 4. Comprobar que llevas llaves, cartera, móvil. 5. Decidir si necesitas chaqueta. 6. Mirar si llueve. 7. Abrir la puerta. 8. Salir.
Para un cerebro neurotípico, eso es una sola acción: "salir de casa". Todo lo demás ocurre en piloto automático.
Para un cerebro con TDAH, cada uno de esos pasos es un punto donde tu atención puede fugarse. Y se fuga. Siempre se fuga. Miras el móvil para ver si llueve y acabas en un vídeo de un señor japonés construyendo una cabaña en el bosque. Buscas las llaves y te encuentras con ese papel que tenías que leer hace tres semanas. Vas a por la chaqueta y te acuerdas de que querías cambiar la funda del móvil.
Cada paso es una salida de emergencia por la que tu atención se escapa sin avisar.
No es que no quieras salir. No es que no sepas que tienes que salir. Es que tu cerebro trata cada micro-transición como una oportunidad para irse a otra parte. Y se va. Sin permiso, sin aviso, sin remordimiento.
Esto tiene nombre: la parálisis de inicio
No es pereza. No es desorganización. Es tu cerebro frente a la barrera invisible para empezar cualquier cosa, por pequeña que sea.
El TDAH no distingue entre "sal de casa a comprar leche" y "termina tu tesis doctoral". Para tu sistema de activación, las dos tareas pesan lo mismo si no generan la dopamina suficiente para arrancarte del sitio. Da igual que sean dos minutos o dos meses. Si tu cerebro no enciende, no enciende.
Y lo peor es que lo ves. Eres perfectamente consciente de que llevas un cuarto de hora con un zapato en la mano. Sabes que es absurdo. Te lo dices a ti mismo. "Venga, sal ya." Pero decírtelo no cambia nada, porque el problema no está en tu voluntad. Está en un cerebro que necesita un empujón que la tarea de "ponerte los zapatos" no le da.
Es lo mismo que pasa con la ducha que no puedes empezar. Sabes que son 5 minutos. Sabes que te vas a sentir mejor después. Pero llegar hasta el grifo es como cruzar el Sahara en chancletas.
El problema no es salir de casa. Es la transición.
Los cerebros con TDAH son un desastre con las transiciones. Pasar de una actividad a otra, de un estado mental a otro, de "estoy en el sofá" a "estoy en la calle". Ese cambio de contexto consume una cantidad de energía que la gente sin TDAH ni se imagina.
Por eso no es solo los zapatos. Es todo lo que implica transición.
Dejar de ver una serie para irte a dormir. Dejar de trabajar para comer. Dejar de mirar el móvil para ducharte. Cada cambio es un muro. Y tu cerebro, que estaba cómodo donde estaba, se agarra al estado actual como un gato al sofá cuando lo llevas al veterinario.
Y luego viene alguien y te dice "pero si solo son dos minutos, ¿qué te cuesta?".
Lo que me cuesta es que mi cerebro funciona con otro sistema operativo. Uno donde "dos minutos" no existe como concepto. Donde todo es "ahora" o "no ahora". Y si algo cae en el lado de "no ahora", puede quedarse ahí horas, días, semanas. Da igual lo fácil que sea.
¿Qué puedes hacer con esto?
No voy a venderte la solución mágica porque no existe. Pero hay cosas que ayudan.
Reduce los pasos. Si salir de casa implica buscar llaves, cartera, zapatos y chaqueta, ten todo siempre en el mismo sitio. Al lado de la puerta. Sin decisiones. Sin búsqueda. Cuantos menos pasos tenga la secuencia, menos puntos de fuga tiene tu atención.
Usa el cuerpo antes que la mente. En vez de pensar "tengo que salir", levántate. Muévete hacia la puerta. Tu cerebro se engancha más fácil a una acción física que a una intención mental. A veces, ponerte de pie es todo el empujón que necesitas.
Pon una alarma con contexto. No "salir de casa". Eso no le dice nada a tu cerebro. "Ponerme los zapatos". Así de concreto. Una rutina matutina con TDAH funciona mejor cuando cada paso es tan ridículamente específico que tu cerebro no tiene por dónde escaparse.
No te machaques. Llevas toda la vida creyendo que esto es un fallo de carácter. No lo es. Es un cerebro que funciona diferente. Y cuanto antes dejes de pelearte con eso, antes encontrarás formas de trabajar a tu favor, no en tu contra.
Esto no es sobre zapatos
Es sobre todo lo que te lleva más tiempo del que debería. Sobre todas las veces que alguien te dijo "es fácil, solo tienes que..." y tú pensaste "ya lo sé, pero no puedo empezar".
El zapato en la mano es un símbolo. De un cerebro que quiere pero no arranca. Que sabe pero no ejecuta. Que tiene toda la intención del mundo metida en un cuerpo que está clavado al suelo del recibidor.
No eres vago. No te falta disciplina. Lo que te falta es un cerebro que haga las transiciones sin cobrarte un peaje absurdo en cada una.
Y saberlo no lo soluciona. Pero deja de doler tanto.
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