Resentimiento hacia mis padres por no diagnosticarme: el rencor que no eliges
Te diagnostican a los 32 y piensas "¿por qué nadie se dio cuenta?". El resentimiento hacia tus padres por el TDAH sin diagnosticar es real y doloroso.
Te diagnostican a los 32 y lo primero que piensas no es "vaya, por fin tengo respuestas".
Lo primero que piensas es "¿por qué coño nadie se dio cuenta?". Y lo segundo, casi sin querer, es mirar hacia tus padres. Con una mezcla de rabia, tristeza y algo que no sabes nombrar pero que te aprieta el pecho como si te hubieran robado algo que ni siquiera sabías que tenías.
El resentimiento por el diagnóstico tardío de TDAH es una de las cosas más comunes y menos habladas de todo este proceso. Porque suena feo. Porque suena injusto. Porque tus padres no son malas personas. Pero el sentimiento está ahí igual, como una piedra en el zapato que no puedes ignorar por mucho que quieras.
¿Es normal sentir resentimiento hacia mis padres por no haberme diagnosticado?
Sí. Punto.
No es que seas mala persona. No es que no quieras a tus padres. Es que tu cerebro acaba de recibir una información que reescribe toda tu historia. Cada suspenso, cada bronca por "no esforzarte lo suficiente", cada "es que eres muy vago", cada vez que te compararon con tu primo el de sobresalientes.
Todo eso ahora tiene otro nombre. Y ese nombre estuvo ahí desde que eras crío. Y nadie lo vio.
Es como descubrir que llevabas 30 años conduciendo con el freno de mano puesto y que todos los que iban en el coche contigo simplemente pensaban que eras mal conductor.
Claro que hay resentimiento. Sería raro que no lo hubiera.
¿De dónde viene esa rabia?
No viene de un sitio. Viene de muchos.
Viene de recordar las tardes de deberes llorando en la cocina mientras tu madre te repetía "concéntrate, que no es tan difícil". Y tú querías concentrarte. De verdad que querías. Pero tu cerebro se iba a otra parte y no sabías por qué.
Viene de las notas que podrían haber sido distintas. De la carrera que dejaste a medias. De los trabajos que perdiste. De las relaciones que se rompieron porque eras "demasiado intenso" o "demasiado despistado" o "demasiado cualquier cosa".
Viene de la culpa que cargaste durante años pensando que el problema eras tú. Que si te esforzabas más, si te organizabas mejor, si dejabas de ser tan desastre, todo iría bien. Y nunca iba bien del todo.
Y ahora resulta que había una explicación. Y que un diagnóstico a tiempo podría haber cambiado muchas cosas.
Esa rabia es legítima. No necesita justificación.
¿Tus padres tienen la culpa?
Aquí es donde la cosa se complica. Porque la respuesta honesta es: probablemente no.
Piensa en la época. Cuando tú eras crío, el TDAH era "ese niño que no para quieto en clase". Un diagnóstico que se le ponía al chaval hiperactivo que tiraba sillas y se peleaba en el recreo. Si no encajabas en esa foto, simplemente eras vago, distraído o "tenías mucho potencial pero no lo aprovechabas".
Tus padres no sabían lo que era el TDAH inatento. Su médico tampoco. Tus profesores mucho menos. Nadie les dijo "oye, este crío no es vago, es que su cerebro funciona diferente". Porque en los 90 esa frase no existía.
No tuvieron la información. Y sin información, no podían tomar la decisión correcta.
Eso no cambia el daño. Pero cambia la lectura.
Es la diferencia entre "me dejaron caer" y "no tenían red". Las dos duelen. Pero una permite seguir adelante y la otra te ancla en un bucle de rencor que no lleva a ningún sitio.
El duelo que nadie te cuenta
Lo que hay debajo del resentimiento no es solo rabia. Es duelo. Duelo por la vida que podrías haber tenido si alguien hubiera dicho la palabra correcta a tiempo.
El chaval que podría haber sacado buenas notas. El adolescente que podría haber entendido por qué se sentía diferente. El adulto joven que no habría pasado cinco años rebotando de trabajo en trabajo pensando que era un inútil.
Ese duelo es real. Y necesita espacio. No se resuelve con un "bueno, ya está, mira para adelante". Se resuelve reconociéndolo, dejándolo estar, y poco a poco integrándolo en tu historia.
Porque no puedes cambiar los 32 años anteriores. Pero puedes dejar de cargar la culpa de esos 32 años como si fueran tuyos.
¿Y qué haces con todo esto?
No hay receta. Pero hay cosas que ayudan y cosas que no.
Lo que no ayuda: guardártelo. Tragarte el resentimiento y hacer como que no existe. Eso no lo mata. Lo fermenta. Y un día explota en la cena de Navidad cuando tu madre dice "ay hijo, si tú siempre has sido muy espabilado" y tú revientas por una frase inocente que no lo es tanto.
Lo que sí ayuda: hablar. Con un profesional, si puedes. Pero también contigo mismo. Decirte que es normal estar cabreado. Que no eres mal hijo por sentir lo que sientes. Que el resentimiento y el cariño pueden coexistir en la misma frase sin que el mundo explote.
También ayuda entender que tus padres probablemente hicieron lo que pudieron con lo que sabían. No es excusa. Es contexto. Y cuando creces con TDAH sin saberlo, ese contexto importa más de lo que parece.
Algunos le cuentan a sus padres el diagnóstico y la reacción es "¿ves? Ya decía yo que algo pasaba". Y eso puede ser reconfortante o puede ser demoledor, depende del día.
Otros se lo cuentan y la respuesta es "eso no existe, lo que pasa es que te falta disciplina". Y entonces el resentimiento crece. Porque ya no es solo el pasado. Es el presente.
No tienes que perdonar hoy
El perdón no es un interruptor. No se decide. Se llega. Y a veces no se llega nunca, y eso también está bien.
Lo que sí puedes hacer es separar dos cosas: lo que pasó y lo que vas a hacer ahora. El diagnóstico tardío te quitó años, sí. Pero también te dio algo que no tenías: una explicación. Y con esa explicación puedes empezar a construir una vida que tenga en cuenta cómo funciona realmente tu cerebro, no cómo te dijeron que debería funcionar.
El resentimiento no desaparece de un día para otro. Pero pierde fuerza cuando dejas de alimentarlo con culpa y empiezas a alimentarlo con comprensión. Comprensión hacia ti. Y, con el tiempo, quizá hacia ellos.
No tiene prisa.
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