Lo que Jackson Pollock nos enseña sobre mover el cuerpo para pensar
Si necesitas moverte para concentrarte, no es un defecto. Es neurología. Pollock pintaba bailando y así cambió el arte para siempre.
Si alguna vez te han dicho "siéntate y concéntrate" y has pensado que eso no funciona, Pollock te habría entendido. Él necesitaba moverse para crear. Y eso no era indisciplina. Era neurología.
Jackson Pollock es el tío que puso los lienzos en el suelo y pintó moviéndose alrededor de ellos como si estuviera poseído. Salpicando. Goteando. Lanzando pintura desde los pies hasta los hombros. A muchos les parecía un desastre. A otros, una revolución. Pero lo que casi nadie se plantea es por qué pintaba así.
No era una pose artística. No era marketing. Era un cerebro que no podía funcionar sentado y quieto.
¿Por qué algunas personas con TDAH necesitan moverse para pensar?
Hay algo que la neurociencia lleva años intentando explicar y que cualquier persona con TDAH ya sabe de sobra: quedarse quieto no ayuda a pensar. Lo empeora.
El cerebro con TDAH tiene niveles más bajos de dopamina. Y la dopamina es, entre otras cosas, la que te permite mantener el foco. Cuando te quedas quieto en una silla, tu cerebro no recibe suficiente estimulación. Se aburre. Se dispersa. Empieza a buscar cualquier cosa que le encienda: el móvil, la ventana, esa mancha en la pared que parece un perro.
Pero cuando te mueves, pasa algo diferente. El movimiento genera estímulo sensorial. El cerebro recibe input. Y ese input actúa como una especie de ruido de fondo que, paradójicamente, le ayuda a centrarse en la tarea principal.
Por eso hay gente que piensa mejor caminando. Por eso hay niños que necesitan balancearse en la silla para escuchar al profesor. Por eso hay adultos que dan vueltas por la habitación mientras hablan por teléfono.
No es nerviosismo. Es el cerebro buscando la gasolina que necesita para arrancar.
Pollock hizo exactamente eso. Solo que en vez de dar vueltas por una oficina, daba vueltas alrededor de un lienzo de cuatro metros y lo llenaba de pintura. El action painting de Pollock no nació de una teoría artística que se inventó un martes por la tarde. Nació de un cerebro que solo funcionaba en movimiento.
El tío que convirtió un "defecto" en una técnica
Durante siglos, pintar era una actividad estática. Te sentabas delante de un caballete, cogías un pincel, y con mucho cuidado aplicabas pintura en el lienzo. Control. Precisión. Quietud.
Pollock no podía hacer eso. No porque no supiera. Estudió técnica clásica. Sabía pintar "bien", según los estándares de la época. Pero sentarse a pintar en un caballete no era suficiente para su cerebro. Necesitaba más. Más espacio. Más movimiento. Más cuerpo.
Así que puso el lienzo en el suelo. Se quitó los pinceles de la mano (o los usó como extensiones del brazo, a distancia). Y empezó a pintar con todo el cuerpo. Caminando alrededor del cuadro. Agachándose. Levantándose. Girando. Lanzando pintura como si cada gesto fuera una frase que solo podía decir moviéndose.
Y el resultado no fue un desastre. Fue una de las revoluciones más grandes del arte del siglo XX.
Lo que el mundo del arte vio como innovación radical, para Pollock probablemente era la única forma posible de trabajar. El cuerpo no estorbaba a la mente. El cuerpo era parte del pensamiento.
El movimiento no es el enemigo del foco
Esto es lo que más cuesta entender a quien no tiene TDAH. Que moverse y concentrarse no son opuestos. Que para algunos cerebros, moverse es la condición necesaria para concentrarse.
Piénsalo como una radio vieja. Una de esas que tienes que ir girando la rueda hasta que encuentras la frecuencia. La mayoría de cerebros arrancan con la frecuencia más o menos sintonizada. El cerebro con TDAH arranca con estática. Y el movimiento es la mano que gira la rueda hasta que la señal se aclara.
Pollock giraba la rueda pintando. Bruce Lee la giraba entrenando. El chaval de tu clase que no paraba de mover la pierna la giraba sin saber que la estaba girando.
El problema no es el movimiento. El problema es que llevamos décadas diciéndole a la gente que se quede quieta para pensar. Y eso funciona para unos cerebros, pero para otros es como pedirle a alguien que corra con las piernas atadas.
Lo que no se cuenta de Pollock
No voy a romantizar esto. Pollock lo pasó mal. Alcoholismo. Depresión. Una vida que terminó a los cuarenta y cuatro años en un accidente de coche. Convirtió su forma diferente de procesar el mundo en arte, sí. Pero el precio fue brutal.
Porque el TDAH sin gestión no es solo "energía creativa". Es también frustración. Impulsividad sin freno. Dificultad para mantener relaciones. Momentos en los que toda esa intensidad que te hace brillar en un lienzo te destruye fuera de él.
Pollock no tuvo las herramientas que existen hoy. No tuvo diagnóstico. No tuvo estrategias. Tuvo talento, intuición y un cuerpo que le pedía moverse. Y eso fue suficiente para cambiar la historia del arte, pero no fue suficiente para cuidar de sí mismo.
Lo que Pollock nos enseña sin querer
Que si necesitas moverte para pensar, no estás roto. Estás usando tu cuerpo como lo que es: parte de tu sistema de procesamiento. No es un fallo. Es una feature que nadie te explicó.
Que forzar la quietud en un cerebro que necesita movimiento no produce concentración. Produce ansiedad. Y culpa. Y la sensación de que algo en ti no funciona. Cuando lo que no funciona es la instrucción de "siéntate y concéntrate".
Que a veces, la forma "incorrecta" de hacer las cosas es la única que funciona para tu cerebro. Pollock pintó de la forma incorrecta. Y resulta que era exactamente la correcta.
Si alguna vez te han pedido que te quedes quieto y has sentido que tu cabeza se apagaba en vez de encenderse, quizá no es un problema de disciplina. Quizá es un cerebro que funciona de forma diferente.
Sigue leyendo
Dalí vs Picasso: dos artistas españoles, dos cerebros imposibles
Dalí pintaba lo que veía al dormirse. Picasso reinventaba su estilo cada década. Dos españoles, dos genios, dos cerebros que no funcionaban como se esperaba.
La rebeldía de Mark Twain: humor, fracasos e impulsividad
Mark Twain tenía un humor ácido, invirtió en inventos desastrosos y fracasó en casi todo menos en escribir. Su impulsividad tiene un patrón reconocible.
La rebeldía de Steve Jobs: expulsado de Apple por su propia impulsividad
Steve Jobs fue tan impulsivo que le echaron de su propia empresa. Esa misma impulsividad creó el iPhone. Eso tiene nombre.
F. Scott Fitzgerald: el escritor que solo podía crear en el caos
Fitzgerald escribía entre fiestas, deudas y drama. Sus patrones creativos encajan con rasgos compatibles con TDAH. La calma no era lo suyo.