La rebeldía de Steve Jobs: expulsado de Apple por su propia impulsividad
Steve Jobs fue tan impulsivo que le echaron de su propia empresa. Esa misma impulsividad creó el iPhone. Eso tiene nombre.
Steve Jobs fue tan impulsivo que su propia empresa le echó.
No una empresa cualquiera. Apple. La empresa que él fundó en el garaje de sus padres. La que llevaba su sudor, sus noches sin dormir, su obsesión enfermiza por cada detalle. Su consejo de administración le miró a la cara y le dijo que se fuera. En 1985, con treinta años, Steve Jobs se quedó fuera de Apple como quien se queda fuera de su propia casa porque ha perdido las llaves.
Solo que él no perdió las llaves. Las tiró por la ventana mientras gritaba que la puerta debería ser de otro color.
¿Por qué la impulsividad de Jobs era diferente a la de cualquier otro CEO?
La mayoría de CEOs son impulsivos de vez en cuando. Toman una decisión rápida en una reunión, cambian de proveedor sin consultarlo, o sueltan un comentario desafortunado en una cena de empresa. Impulsividad puntual. Humana. Normal.
La de Jobs era otra cosa.
Jobs lloraba en reuniones. Gritaba a sus ingenieros hasta que se iban a casa destrozados. Cambiaba de opinión radicalmente sobre un producto a tres semanas del lanzamiento. Cancelaba proyectos enteros porque "no se sentían bien". No porque los números dijeran que no funcionaban. Porque algo en su cabeza le decía que no.
Sus empleados lo llamaban el "Reality Distortion Field". Un campo de distorsión de la realidad. Cuando Jobs entraba en una sala, podía convencerte de que lo imposible era posible y de que lo posible era una basura. En la misma frase. Con la misma intensidad. Y tú salías de la reunión sin saber si acababan de ascenderte o de despedirte.
Eso no es liderazgo carismático normal.
Eso es un cerebro que funciona a una velocidad diferente. Que procesa las cosas sin filtro. Que siente primero y racionaliza después. O que no racionaliza en absoluto.
El tipo que creó Apple, se la quitaron, y la volvió a crear
Cuando echaron a Jobs en 1985, cualquier persona con un cerebro estándar habría hecho una de dos cosas. Retirarse a contar su dinero. O buscar otro trabajo en el sector.
Jobs fundó dos empresas.
NeXT y Pixar. Las dos a la vez. Porque un cerebro así no sabe estar parado. No tiene modo reposo. No existe un estado de "bueno, descansaré un par de años y ya veré". El mismo motor que le hacía gritar a un ingeniero porque un tornillo interior que nadie vería jamás no era lo bastante bonito, es el motor que le empujaba a crear algo nuevo antes de que el polvo del fracaso anterior se hubiera asentado.
Pixar acabó revolucionando el cine de animación. NeXT acabó siendo la base tecnológica sobre la que Apple renació. Y en 1997, doce años después de que le echaran, Jobs volvió a Apple.
Volvió y la convirtió en la empresa más valiosa del mundo.
La misma impulsividad que le había costado su puesto fue exactamente lo que salvó a la empresa. Porque cuando volvió, hizo lo que ningún CEO "normal" haría. Canceló el 70% de los productos. Simplificó todo hasta lo absurdo. Tomó decisiones que su junta directiva no entendía, que los analistas criticaron, y que el mercado no había pedido.
El iMac. El iPod. El iPhone.
Ninguno de esos productos existía en la cabeza de nadie antes de que Jobs los pusiera ahí. No salieron de estudios de mercado ni de focus groups. Salieron de un cerebro impulsivo que veía cosas que otros no veían y que no podía esperar a que el mundo estuviera listo para entenderlas.
El doble filo que nadie quiere ver
Aquí es donde la historia se pone incómoda.
Porque es muy fácil romantizar la impulsividad de Jobs cuando miras los resultados. El iPhone cambió el mundo. Pixar hizo llorar a millones de adultos con una película sobre juguetes. Apple se convirtió en sinónimo de diseño.
Pero la misma impulsividad destruyó relaciones. Jobs negó durante años que su hija Lisa fuera suya. Trató a personas cercanas con una crueldad que él mismo no entendía del todo. Perdió amistades. Quemó puentes. Creó un entorno de trabajo donde la gente brillante producía cosas increíbles, pero a un coste emocional que muy pocos aguantaban.
Ese es el doble filo del que nadie habla cuando dice "ojalá ser como Steve Jobs". No puedes quedarte solo con el iPhone y el cuello alto negro. El paquete viene completo. La genialidad y el caos. La visión y la destrucción. La capacidad de ver el futuro y la incapacidad de gestionar el presente sin dejar víctimas por el camino.
¿Tenía Steve Jobs TDAH?
No hay un diagnóstico público confirmado. Hay que decirlo claro.
Pero los rasgos encajan de forma llamativa.
La impulsividad extrema. La incapacidad de filtrar lo que pensaba antes de decirlo. La obsesión absoluta con lo que le interesaba y el desinterés total por lo que no. Los cambios de humor. La energía inagotable. La necesidad constante de estímulos nuevos. La dificultad para mantener relaciones estables.
Si miras la lista de rasgos asociados al TDAH y la pones al lado de la biografía de Jobs, es como poner una plantilla encima de un dibujo y ver que las líneas coinciden casi en cada punto.
Lo que Jobs te enseña sin darte cuenta
Que la impulsividad no es un defecto que hay que eliminar. Es una fuerza que hay que aprender a dirigir.
Jobs no triunfó a pesar de su impulsividad. Triunfó porque aprendió dónde soltarla y dónde (a veces, no siempre) contenerla. La soltaba en el diseño de productos. La contenía (más o menos) en las presentaciones públicas. Y en todo lo demás, bueno, iba improvisando como todos los que tenemos un cerebro que va más rápido que nuestra capacidad de controlarlo.
No necesitas crear Apple para que tu impulsividad tenga sentido. Solo necesitas entender que no eres impulsivo porque seas débil, inmaduro o poco profesional. Eres impulsivo porque tu cerebro funciona diferente. Y cuando entiendes cómo funciona, dejas de luchar contra él y empiezas a usarlo.
Que es exactamente lo que hizo el tipo que le gritaba a sus ingenieros por un tornillo invisible.
Y luego les enseñó el futuro.
Si alguna vez has tomado decisiones que nadie entiende, has dicho cosas que no habías pensado, o has sentido que tu cabeza va tres pasos por delante del mundo, puede que no sea un problema de carácter. Puede que sea tu cerebro pidiendo que le entiendas.
Sigue leyendo
Aarón Piper: el actor español que habla de TDAH sin filtros
Aarón Piper, Ander en Élite, tiene TDAH diagnosticado y habla de ello abiertamente en español. Por fin un referente que no necesita traducción.
Rasputin: el monje que hipnotizaba zares con un cerebro incontrolable
Rasputin dominó la corte rusa con carisma extremo e impulsividad sin freno. Analizamos los posibles rasgos TDAH del monje más polémico de la historia.
Lo que Tim Howard nos enseña sobre convivir con TDAH y Tourette
Tim Howard paró 16 tiros en el Mundial 2014 con tics visibles y TDAH. No a pesar de su cerebro. Con él.
¿Tenía Michael Jordan TDAH? La competitividad que no se apaga nunca
Michael Jordan no podía dejar de competir. Ni en la cancha ni apostando. ¿Podía ser TDAH? Lo que sabemos sobre su cerebro imparable.