Cómo explicarle el TDAH a tu jefe sin que piense que buscas excusas
Quieres que tu jefe entienda tu TDAH, pero te da miedo sonar a excusa. Así preparas esa conversación sin hundirte.
Llevas meses pensándolo. Sabes que necesitas que tu jefe lo entienda. Pero cada vez que ensayas la conversación en tu cabeza, suena a excusa. Y tu mayor miedo es que él piense lo mismo.
"Oye, tengo que contarte algo sobre cómo funciona mi cerebro."
Lo ensayas en la ducha. En el coche. Antes de dormir. Y cada vez que lo dices en voz alta, te oyes a ti mismo y piensas: suena a cuento. Suena a "no quiero trabajar". Suena a querer trato especial.
Así que no dices nada. Otro mes más. Otra cagada más que no puedes explicar. Otro "se me pasó" que suena a dejadez. Y tu jefe, que no tiene ni idea de lo que pasa dentro de tu cabeza, va sumando.
Yo pasé por eso. No con un jefe, sino con un cliente que me pagaba cada mes y al que le entregaba todo tarde. Siempre con excusas diferentes. Siempre pidiendo perdón. Hasta que un día me senté con él y le solté algo parecido a lo que tú quieres soltar. Y lo que aprendí es que el problema nunca fue la conversación en sí. El problema fue cómo la tenía planteada en mi cabeza.
¿Por qué tu cerebro te sabotea antes de abrir la boca?
Porque llevas años compensando. Años escondiendo los fallos. Años inventando excusas pequeñas para no tener que dar la explicación grande.
Y tu cerebro, que es muy listo para lo que no toca, ha aprendido que hablar de tus limitaciones equivale a parecer débil. Porque en el colegio cuando decías "es que no me da tiempo" te decían "pues esfuérzate más". Y en la universidad cuando perdías apuntes te miraban raro. Y ahora, con 30 o 40 años, sigues con el mismo patrón: esconder el problema es más seguro que exponerlo.
Pero esconder el problema tiene un coste. Cada día que tu jefe no entiende cómo funciona tu cabeza es un día en el que interpreta tus fallos como pereza, desinterés o falta de compromiso. Y eso sí que te perjudica. Mucho más que una conversación incómoda de 15 minutos.
¿Cómo le digo a mi jefe que tengo TDAH sin que suene a excusa?
No empieces por el TDAH. En serio. Ese es el error que casi todo el mundo comete.
Si la primera frase es "tengo TDAH", tu jefe va a filtrar todo lo que digas después por lo que él crea que significa eso. Y probablemente crea que significa "soy hiperactivo" o "me distraigo con todo" o directamente "eso es cosa de niños".
Empieza por lo que él ya ve. Por lo concreto.
"He notado que hay cosas que me cuestan más de lo que deberían. Entregar a tiempo, mantener el foco en reuniones largas, no perder detalles. Llevo tiempo investigando por qué, y tengo un diagnóstico que lo explica."
Eso no suena a excusa. Suena a alguien que se ha tomado la molestia de entenderse. Que ha ido a un profesional. Que viene con información, no con quejas.
Luego puedes explicar qué es el TDAH en tres frases. Tres. No le sueltes una charla de media hora. No le mandes un artículo de Wikipedia. Tres frases:
"Es una condición neurológica. Mi cerebro no regula bien la atención ni la gestión del tiempo. No es falta de ganas, es que mi hardware funciona diferente."
Ya está. Ni más ni menos.
Y después, la parte importante: lo que necesitas. Porque si vas solo con el problema y no con la solución, entonces sí que suena a excusa. Si vas con propuestas concretas de adaptaciones, suena a profesionalidad.
"Trabajo mejor si puedo usar auriculares en la oficina." "Rindo más cuando las tareas tienen deadlines cortos en vez de un deadline grande al final." "Si me mandas las instrucciones por escrito, no pierdo la mitad en el aire."
Eso es lo que tu jefe necesita oír. No la teoría. La práctica.
¿Y si reacciona mal?
Puede pasar. No te voy a mentir.
Hay jefes que no van a entenderlo. Que van a pensar que es una moda. Que van a soltar un "todos nos distraemos" y cambiar de tema. Si tu jefe no entiende tu TDAH, eso dice más de él que de ti.
Pero la mayoría de las veces, la reacción es mejor de lo que esperas. Porque la mayoría de la gente, cuando alguien se abre con honestidad y viene con soluciones en la mano, responde con respeto. No siempre con comprensión total, pero sí con respeto.
Y hay algo que no se dice mucho: tu jefe probablemente ya ha notado cosas. Ya ha visto los retrasos, los olvidos, los arranques de productividad brutal seguidos de días donde pareces otro. Y no sabe por qué. Le estás dando la pieza del puzzle que le falta.
Lo que no deberías hacer
No lo sueltes un lunes a las 9 de la mañana en medio del pasillo. No lo metas en una discusión sobre un error que acabas de cometer. No lo uses como escudo cuando te pillan en un fallo.
Busca un momento tranquilo. Pide una reunión corta. "Oye, ¿podemos hablar 15 minutos esta semana? Quiero comentarte algo."
Eso ya cambia todo el encuadre. No estás reaccionando. Estás tomando la iniciativa. Y la iniciativa nunca suena a excusa.
Y por favor, no te disculpes por tener TDAH. No digas "siento mucho ser así". No empieces con "sé que es raro pero...". Tienes una condición neurológica. No has elegido tenerla. Explicar el TDAH a alguien que no lo tiene no es pedir perdón por existir. Es dar contexto para que la relación funcione mejor.
Después de la conversación
Si va bien, genial. Si va regular, no pasa nada. La primera conversación casi nunca es perfecta. Lo importante es que ya está fuera. Ya no estás cargando con el secreto. Ya no tienes que inventar excusas cada vez que algo sale mal.
Y si va mal, si tu jefe lo usa en tu contra o lo ignora por completo, entonces tienes información valiosa sobre dónde estás trabajando. Y eso también es útil, aunque duela.
Lo que no puedes seguir haciendo es callar. Porque cada día que callas, el peso crece. Y tu cerebro, que ya tiene bastante con lo suyo, no necesita cargar también con eso.
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