Pierdo el hilo de las conversaciones aunque quiero escuchar

Tu amigo lleva 5 minutos hablando y tú llevas 4 pensando en otra cosa. No es falta de interés. Es que tu cerebro funciona con otras reglas.

Tu amigo lleva 5 minutos hablando. Tú llevas 4 pensando en otra cosa. Y no sabes cómo volver.

No es que no te importe lo que dice. Es que en algún punto entre "el otro día en el trabajo" y "y entonces va mi jefe y me suelta", tu cerebro decidió que era buen momento para pensar en si cerraste la puerta de casa. O en lo que vas a cenar. O en por qué los semáforos son rojos y no morados.

Y ahora estás ahí, asintiendo con la cabeza como un muñeco de esos que ponen en los salpicaderos, rezando para que no te haga una pregunta directa. Porque si te pregunta "¿y tú qué opinas?", estás muerto.

Muerto.

Esa cosa de "escuchar pero no escuchar"

Lo peor no es perder el hilo. Lo peor es que estás ahí. Físicamente presente. Con los ojos en la persona. Con la cara de "te estoy escuchando atentamente". Y por dentro, nada.

Es como tener la tele encendida en un bar. La ves, pero no la estás viendo. Está ahí de fondo. Y la conversación de tu amigo se convierte exactamente en eso: ruido de fondo con imagen.

Imagínate que tu atención es una radio vieja. De esas con rueda. Tú quieres sintonizar la frecuencia de tu amigo hablando, pero la rueda resbala sola. Se va a otra emisora cada 30 segundos. Y no hay forma de fijarla. No es que cambies de canal a propósito. Es que la rueda hace lo que le da la gana.

Y lo intentas. Claro que lo intentas. Te dices "venga, ahora sí, me concentro". Y funciona. Tres segundos. A veces hasta diez. Pero entonces tu cerebro pilla una palabra suelta, la conecta con otra cosa completamente distinta, y te vas.

Tu amigo dice "vacaciones" y tú ya estás pensando en aquella vez que perdiste el pasaporte en el aeropuerto. Y de ahí pasas a aeropuertos. Y de ahí a por qué la comida de los aviones es tan mala. Y cuando vuelves, tu amigo ya está hablando de su perro y tú no tienes ni idea de cómo ha llegado ahí.

Las estrategias que desarrollas sin darte cuenta

Esto es lo gracioso. Bueno, gracioso entre comillas.

Cuando llevas años perdiendo el hilo de las conversaciones, desarrollas trucos. No porque alguien te los enseñe, sino porque la alternativa es que todo el mundo piense que eres un borde que pasa de escuchar.

El truco número uno: las frases comodín. "Ya ves", "qué fuerte", "no me digas". Frases que valen para el 80% de las situaciones y que te compran tiempo mientras intentas reconstruir de qué iba la conversación.

El truco número dos: repetir la última palabra que has pillado y convertirla en pregunta. "¿Tu jefe?" Y dejar que la otra persona siga hablando mientras tú intentas rellenar los huecos.

El truco número tres: reírte cuando se ríe la otra persona. Aunque no hayas escuchado el chiste. Funciona el 90% de las veces. El otro 10% es cuando resulta que no era un chiste y tú te estás riendo de que le han echado del trabajo.

Eso es lo que hay.

Y lo haces sin pensar. Es puro modo supervivencia social. Pero por dentro sabes que estás haciendo trampas. Que no estás escuchando de verdad. Y eso te come.

¿Por qué me pasa esto si de verdad me importa?

Esa es la pregunta del millón. Porque no es que no quieras escuchar. No es que la persona te dé igual. De hecho, a veces te pasa más con la gente que más te importa. Con tu pareja. Con tu mejor amigo. Con tu madre.

Y eso es lo que más jode. Porque puedes explicar que te distraigas en una reunión aburrida del trabajo. Pero, ¿cómo le explicas a alguien que te importa que su historia se te ha ido de la cabeza en mitad de una frase?

No puedes decir "perdona, es que mi cerebro ha decidido que tu historia sobre el fontanero es menos interesante que pensar en si los pingüinos tienen rodillas". Bueno, puedes decirlo, pero no te lo recomiendo.

La realidad es que esto no va de interés ni de esfuerzo. Va de cómo funciona tu cerebro. Hay cerebros que mantienen el foco en una conversación sin problema. Y hay cerebros que procesan la información como un navegador con 47 pestañas abiertas. Todas cargando a la vez. Todas pidiendo atención a la vez. Y la pestaña de "tu amigo hablando" es solo una más.

No la has cerrado. No la has minimizado a propósito. Es que las otras 46 hacen mucho ruido.

No solo en conversaciones

Pues mira, si solo fuera en conversaciones, sería manejable. El problema es que esto se extiende a todo.

Te distraes con cualquier cosa

Es el mismo patrón. La misma radio con la rueda suelta. Solo que en las conversaciones duele más porque hay otra persona delante que se da cuenta.

Y esa persona no ve tu cerebro saltando de pestaña en pestaña. Ve a alguien que no escucha. Que no se interesa. Que pasa de ella. Y tú no sabes cómo explicar que no es eso. Que es justo lo contrario.

Cuando empiezas a pensar que a lo mejor no eres "así"

Yo pasé años pensando que era un problema de carácter. Que era despistado. Que necesitaba "poner más de mi parte". Ya sabes, la clásica.

Hasta que empecé a ver que le pasaba a más gente. Y que esa gente tenía algo en común.

Resulta que perder el hilo de las conversaciones no es un defecto de personalidad. Es uno de los síntomas más comunes de algo que tiene nombre y apellidos. Algo que afecta a cómo tu cerebro gestiona la atención, la memoria de trabajo y la capacidad de filtrar estímulos.

Se llama TDAH. Y no, no es solo lo de los niños que no paran quietos.

Es también el adulto que asiente en las reuniones sin enterarse de nada. El que pide que le repitan las cosas tres veces. El que se pierde en mitad de una peli y tiene que rebobinar. El que lee un mensaje, piensa "ahora contesto", y se acuerda tres días después.

No digo que si pierdes el hilo en conversaciones tengas TDAH. No soy médico. No voy por ahí diagnosticando a la gente. Pero sí digo que si esto te pasa constantemente, si sientes que tu atención no responde a lo que tú quieres, si llevas toda la vida compensando con trucos para que nadie se dé cuenta, a lo mejor merece la pena mirarlo.

Porque a lo mejor no eres "así". A lo mejor tu cerebro funciona diferente y nadie te lo ha dicho.

No es falta de interés. Es falta de información.

La diferencia entre "soy un desastre que no sabe escuchar" y "mi cerebro filtra la información de otra manera" es enorme. No cambia el problema. Sigues perdiendo el hilo. Pero cambia cómo te relacionas con el problema. Y eso lo cambia todo.

No te voy a engañar: no hay un truco mágico que haga que de repente escuches cada palabra de cada conversación. Pero sí hay maneras de entender por qué pasa, de explicárselo a la gente que te importa, y de dejar de pensar que eres una mala persona por algo que no has elegido.

El primer paso es información. Saber qué te pasa y por qué.

No soy médico. Pero sí alguien que pasó 30 años sin saber qué le pasaba. Si quieres empezar a entenderlo:

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