Me olvido de responder emails del trabajo y parece que paso de todo

Leo el email, pienso la respuesta, me distraigo con otra cosa y cuando me acuerdo han pasado tres días. No es falta de interés. Es que mi cerebro pierde.

El email llegó el martes. Lo leí. Pensé "ah, esto es importante, lo contesto ahora". Abrí el email para responder. Vi otra notificación. La abrí "un segundo". Y cuando me quise dar cuenta era viernes y mi compañera me estaba preguntando por el pasillo si había visto su correo.

Sí. Lo vi. Lo leí. Lo procesé. Incluso formulé la respuesta mentalmente. Lo único que no hice fue escribirla y darle a enviar.

Esto me pasa una vez a la semana como mínimo. A veces más. Y cada vez, la cara de la persona que espera la respuesta me dice lo mismo: "Este tío pasa de mí."

¿Por qué se me olvidan los emails si los he leído?

A ver, esto es importante. No es que no me importe. No es que no quiera responder. Es que en mi cerebro, leer un email y procesar la respuesta mentalmente se registra como "hecho". Como si ya lo hubiera contestado. Y sigue adelante hacia lo siguiente.

Es como si tu cerebro tuviera una lista de tareas invisible y en vez de marcar "email leído, pendiente de responder", marcara "email resuelto" en el momento en que piensas la respuesta. Aunque no la hayas enviado. Y luego se sorprende cuando alguien viene a reclamar.

Imagina que tienes un asistente que cada vez que le das una tarea dice "entendido" y luego la pierde. No por mala fe. Simplemente porque su sistema de archivo es un desastre. Pues ese es mi cerebro con los emails pendientes. Los archiva en la carpeta de "ya está" cuando todavía están en "por hacer".

Y el problema se multiplica porque un email sin contestar genera otro email de seguimiento. Que también leo. Y que también se me olvida contestar. Y de repente tienes una cadena de tres correos de la misma persona con un tono cada vez más tenso y tú pensando: "Pero si ya le contesté... ah, no. No le contesté."

Lo que la gente piensa vs lo que realmente pasa

La gente piensa: "Le da igual. No le importa. Es un desorganizado."

Lo que realmente pasa: leí tu email. Lo entendí. Pensé una respuesta buena. Me distraje 0,3 segundos. Mi cerebro archivó el email como completado. Volví a lo que estaba haciendo. Y tu email se fue al limbo donde viven todas las cosas que mi cerebro da por hechas sin haberlas terminado.

Es un limbo bastante poblado, por cierto. Viven ahí también las llamadas que iba a devolver, los formularios que iba a rellenar, y esas 47 tareas que apunté en post-its y luego perdí.

El resultado es que mi reputación profesional no refleja mi intención. Porque por dentro soy una persona que se preocupa, que quiere hacer las cosas bien, que lee cada email con atención. Pero por fuera soy el tío que nunca contesta.

¿Cuántos emails se han perdido en el agujero negro?

Mira, no quiero hacer un drama de esto, pero es que las consecuencias son reales.

He perdido oportunidades de trabajo por no contestar a tiempo. He tenido conflictos con compañeros que pensaban que les ignoraba. He recibido feedback de jefes diciendo "tu comunicación tiene que mejorar" mientras yo pensaba "pero si yo comunico bien... cuando me acuerdo de hacerlo".

Y lo más frustrante es que no puedo explicar por qué pasa. Porque "se me olvidó" suena a excusa de niño de seis años. Nadie se cree que un adulto profesional se olvide de contestar un email. Se olvidan las llaves, el paraguas, a lo mejor una cita del dentista. Pero un email del trabajo, no. Eso es irresponsabilidad.

Excepto que no lo es. Es que algunos cerebros gestionan la información de forma diferente. Y cometemos errores tontos que no deberíamos cometer no porque seamos tontos, sino porque nuestro sistema de gestión de tareas interno tiene bugs.

Lo que aprendí a hacer (que funciona a medias)

Desarrollé un par de trucos que me ayudan. No son perfectos, pero reducen los emails perdidos:

Responder inmediatamente o no leerlo. Si abro un email y no puedo contestar en ese momento, lo marco como no leído. Porque si lo dejo en "leído pero sin responder", se va al limbo. Es contraintuitivo, pero funciona.

Un bloque diario de emails. Me fuerzo a tener un hueco fijo al día para responder correos pendientes. No siempre lo cumplo, pero cuando lo hago, el limbo se vacía un poco.

Respuestas cortas sin pensarlo demasiado. Antes quería escribir la respuesta perfecta y eso me bloqueaba. Ahora contesto "sí", "vale", "lo miro mañana" en plan telegrama. Mejor un email de tres palabras que un email perfecto que nunca se envía.

Pero aun así se me escapan cosas. Porque el problema de fondo no es organizativo. Es neurológico.

¿Y si hay algo más detrás de tu bandeja de entrada caótica?

Esto que te cuento tiene un nombre. Se llama TDAH. Y una de sus características más comunes en adultos es la dificultad con la memoria de trabajo: esa capacidad de mantener información activa mientras haces algo con ella.

Tu cerebro necesita mantener el email en la memoria activa mientras formulas la respuesta, cambias de pestaña, escribes y envías. Si en algún punto de ese proceso se cuela otra cosa, la memoria de trabajo suelta el email y agarra lo nuevo. Y lo viejo desaparece.

No es falta de interés. No es irresponsabilidad. Es un cerebro que tiene una mesa de trabajo muy pequeña donde solo caben dos cosas a la vez, y cada vez que pones una se cae otra. Como explican en el DSM-5, las dificultades con la atención sostenida y la memoria de trabajo son rasgos centrales del TDAH.

Esto no es un diagnóstico. Si te sientes identificado, habla con un profesional. Pero saber que hay una razón neurológica detrás de estos errores puede cambiar cómo te ves a ti mismo. A mí me cambió.

Hice un test de 43 preguntas para empezar a entender cómo funciona tu cerebro. Gratis, diez minutos, sin compromiso. Solo para dejar de culparte y empezar a entenderte. Hazlo aquí.

Relacionado

Sigue leyendo