Me olvido de devolver las cosas que me prestan
Te prestan un libro y tres meses después sigue en tu estantería. No es mala educación. Tu cerebro borra las deudas pendientes que no son urgentes.
Un amigo te presta un libro. Le dices "te lo devuelvo la semana que viene". Y lo dices en serio. De verdad que lo dices en serio.
Tres meses después, el libro sigue en tu estantería. Y tú ni te acuerdas de que no es tuyo. Hasta que tu amigo te lo menciona. Y ahí te quieres morir.
"Ah, sí, perdona. Se me ha olvidado completamente."
Y es verdad. No es una excusa. Se te ha olvidado completamente. No es que lo hayas pensado y hayas decidido no devolverlo. Es que tu cerebro borró esa tarea pendiente como si nunca hubiera existido. El libro pasó de "cosa prestada que tengo que devolver" a "objeto que forma parte de mi estantería" sin que tú participaras en la decisión.
¿Por qué te olvidas de las cosas que debes?
Tu cerebro tiene un sistema de tareas pendientes. Como una lista invisible que lleva el registro de lo que tienes que hacer. La mayoría de cerebros mantienen esa lista activa en segundo plano. "Tengo que devolver el libro. Tengo que devolver el tupperware. Tengo que devolver esos veinte euros."
Tu cerebro no mantiene esa lista. O la mantiene un día, dos, y luego la archiva. Y archivar, para tu cerebro, es lo mismo que borrar.
El problema es que no hay urgencia. Tu amigo no te va a llamar al día siguiente para pedirte el libro. No hay fecha límite. No hay consecuencia inmediata. Y para un cerebro que funciona con estímulos y urgencia, una tarea sin consecuencia inmediata es una tarea invisible.
Es el mismo patrón que hace que no contestes mensajes hasta que es socialmente raro no contestar. Tu cerebro necesita que la cosa arda un poco para activarse. Y devolver un libro no arde.
Lo que piensan los demás (y lo que duele)
Esto tiene un coste social que nadie habla.
Cuando no devuelves cosas, la gente piensa que eres un fresco. Que no te importa. Que te aprovechas. Y no pueden evitar pensarlo, porque desde fuera es lo que parece. Si te importara, lo devolverías. Si te importara, te acordarías.
Pero tú sabes que te importa. Te importa tanto que cuando te das cuenta de que llevas tres meses con el libro de tu amigo, te entra un subidón de vergüenza que te dura todo el día. Porque no es un problema de valores. Es un problema de ejecución.
Y lo peor es que la vergüenza a veces lo empeora. Ahora que llevas tres meses sin devolverlo, devolvérselo implica admitir que lo olvidaste durante tres meses. Y eso genera incomodidad. Y la incomodidad genera evitación. Y la evitación genera más tiempo sin devolver. Y así el libro se queda en tu estantería hasta que os mudáis o se acaba la amistad.
Es un ciclo de los que te hacen sentir que todo te cuesta más que a los demás. Porque algo tan simple como devolver un libro se convierte en un drama emocional de tres actos.
¿Hay forma de no ser "esa persona"?
Sí, pero no con fuerza de voluntad. Con sistemas.
Lo que a mí me funciona: en el momento en que alguien me presta algo, pongo una nota en el móvil. No mañana. No "luego me lo apunto". En ese instante. Porque si espero treinta segundos, ya no me voy a acordar de apuntarlo.
Otra cosa: poner el objeto prestado en un sitio que no sea su sitio natural. Si el libro va a la estantería, ya es tuyo a efectos de tu cerebro. Pero si lo dejas encima de las llaves del coche, o delante de la puerta, hay una posibilidad de que lo veas y tu cerebro diga "ah, esto no es mío".
Y la tercera, que requiere tragarse el orgullo: decirle a la persona que te lo presta que te mande un mensaje recordándote. "Mándame un WhatsApp la semana que viene porque se me va a olvidar." La gente se ríe, pero agradece la honestidad. Y tú te ahorras tres meses de vergüenza acumulada.
El truco es externalizar la memoria para que el entorno te recuerde lo que tu cerebro no va a recordar solo. No es debilidad. Es inteligencia aplicada a tus limitaciones.
Cuando el olvido es parte de un patrón más grande
Si te pasa solo con objetos prestados, probablemente es un despiste dentro de lo normal.
Pero si olvidas devolver cosas, contestar mensajes, pagar deudas, hacer llamadas que dijiste que ibas a hacer, llegar a citas que confirmaste. Si tu vida tiene un patrón constante de "se me ha olvidado" que te genera problemas con la gente que te importa, entonces no es un despiste. Es un patrón de memoria de trabajo que tiene explicación.
El TDAH en adultos no solo afecta al trabajo y los estudios. Afecta a las relaciones. A la imagen que proyectas. A la confianza que la gente tiene en ti. Y lo más duro es que tú eres la persona que más se frustra con ello, porque sabes que no es mala fe. Pero no puedes demostrarlo.
Esto no sustituye la evaluación de un profesional. Pero si te has leído este artículo y has pensado "esto me pasa a mí con todo", quizá merece la pena investigar por qué.
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