No sé qué día de la semana es nunca: todos se mezclan

Miércoles, jueves, viernes, da igual. Los días se mezclan y nunca sabes en qué día vives. No es despiste. Es tu cerebro.

Esta mañana le he dicho a mi novia "buen finde" pensando que era viernes.

Era martes.

Y lo peor no es que me equivocara de día. Es que no me sorprendí. Porque esto me pasa constantemente. Vivo en una especie de nebulosa temporal donde los días se mezclan, se solapan, se pierden, y el único motivo por el que sé qué día es cuando lo sé es porque miro el móvil.

Si me quitan el móvil, no sé qué día de la semana es. De verdad. Podría ser lunes o podría ser sábado. Sin referencias externas, mi cerebro no tiene ni idea. Los días no tienen forma. No tienen color. No tienen textura. Son todos iguales. Un flujo continuo de horas donde la diferencia entre martes y jueves es puramente teórica.

¿Por qué se mezclan los días?

Porque tu cerebro necesita marcadores para diferenciar los días. Y si tu rutina no tiene marcadores claros, todos los días se funden en uno.

Las personas con rutinas fijas tienen marcadores naturales. Lunes es reunión de equipo. Martes es día de gimnasio. Miércoles es pasta para cenar. Cada día tiene algo que lo hace diferente del anterior y del siguiente. Y esos marcadores le dicen al cerebro "estás en miércoles porque hoy cenaste pasta".

Pero si tu rutina no tiene esos marcadores - si cada día haces más o menos lo mismo, o peor, si cada día es impredecible - tu cerebro no tiene forma de distinguirlos. Es como ver una carretera larga, recta, sin señales. ¿Llevas diez kilómetros o llevas treinta? Sin señales, es imposible saberlo.

Y cuando trabajas desde casa, esto se multiplica por diez. Porque al menos en una oficina tenías el lunes de reunión y el viernes de cerveza. En casa, todos los días son el mismo escritorio, la misma silla, la misma pantalla. Los marcadores desaparecen y los días se funden.

¿Es normal no saber qué día es?

A ver, a todo el mundo se le olvida el día alguna vez. Un domingo que confundes con sábado. Un festivo que descoloca la semana. Eso es normal.

Lo que no es tan normal es que sea constante. Que cada día tengas que mirar el móvil para confirmar qué día es. Que vayas a hacer algo y pienses "espera, ¿esto no era mañana?" y resulta que era ayer. Que pierdas la noción de si algo pasó hace dos días o hace una semana porque para tu cerebro da exactamente igual.

Si esto te pasa con frecuencia, probablemente también te pasa que no puedes calcular cuánto tarda algo y que el tiempo se te escurre sin que entiendas cómo. Porque todo está conectado. Tu percepción del tiempo no funciona bien en ninguna escala. Ni minutos, ni horas, ni días.

Mi truco más feo (pero funciona)

Tengo un post-it pegado en la pantalla del portátil donde cada mañana escribo el día y la fecha. Con rotulador. Grande. Imposible de ignorar.

Parece una tontería. Parece algo que haría tu abuela. Pero funciona. Cada vez que miro la pantalla, veo "MARTES 14". Y mi cerebro registra "martes". No porque lo sepa. Porque lo lee. Es un marcador externo que sustituye al marcador interno que no tengo.

También empecé a hacer cosas distintas cada día a propósito. Los martes como fuera de casa. Los jueves hago la compra. Los sábados cambio las sábanas. No porque me apetezca hacer estas cosas esos días concretos. Porque necesito que cada día tenga algo diferente para que mi cerebro los distinga.

Es como ponerle etiquetas a las cosas. Si todo es igual, todo se mezcla. Si cada cosa tiene una etiqueta, puedes distinguirlas. Los días necesitan etiquetas.

¿Y si los días no son lo único que se te mezcla?

Si se te mezclan los días, probablemente también se te mezclan las semanas. Y los meses. Y tienes una sensación general de que el tiempo pasa de forma rara. De que agosto fue ayer y abril fue hace tres años. De que no puedes situar los recuerdos en una línea temporal coherente.

Eso no es despiste. Es una forma diferente de procesar el tiempo. Y tiene explicación. Tu cerebro no percibe el paso del tiempo de forma lineal como otros cerebros. Y entender eso, saber que no eres tonto ni estás loco, es lo que te permite dejar de frustrarte y empezar a buscar soluciones que funcionen para ti.

Cuando entiendes por qué todo te cuesta más

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Si vives en un martes perpetuo y no sabes cómo has llegado a viernes, tengo un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu cabeza y tu relación con el tiempo. Sin diagnóstico, pero iluminador. Hacer el test TDAH.

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