Paso del 'puedo con todo' a 'no puedo con nada' sin transición

Un día eres imparable y al siguiente no puedes ni con el desayuno. Esos altibajos extremos no son bipolaridad necesariamente. Pueden ser otra cosa.

Lunes: soy un dios. Hago más en tres horas que en toda la semana anterior. Ideas, energía, claridad. Estoy convencido de que he encontrado el secreto de la productividad y de que a partir de ahora todo será así.

Martes: no puedo abrir el portátil. Me peso las manos. Las ideas de ayer me parecen ridículas. La persona de ayer era un extraño y la de hoy soy yo. O al revés. Ya no sé.

Sin transición. Sin aviso. Sin sentido.

¿Por qué tengo días tan buenos y días tan malos?

Porque esa es la pregunta, ¿no? Si los días malos fueran siempre, sería más fácil. Si fueras siempre una persona de 3 sobre 10, pues vale, te adaptas. Pero no. Tienes días de 10. Días donde todo fluye, donde eres brillante, donde te sientes invencible.

Y eso es lo peor. Porque esos días te demuestran que puedes. Que el potencial está ahí. Y cuando al día siguiente no puedes ni ducharte, la pregunta inevitable es "¿qué está mal conmigo?"

Porque si puedes un día, deberías poder siempre. Eso es lo que piensas. Eso es lo que piensa la gente a tu alrededor. "Si ayer pudiste, hoy también puedes. Esfuérzate."

Y no. No es así. Y cada vez que alguien te lo dice, mueres un poco por dentro.

¿Es bipolaridad o es otra cosa?

Mucha gente se lo pregunta. Y tiene sentido, porque los altibajos son brutales. Pero hay una diferencia clave.

En la bipolaridad, los ciclos suelen durar semanas o meses. Semanas de fase maniaca, semanas de fase depresiva. Hay un patrón temporal largo.

Lo que yo te estoy describiendo es distinto. Son cambios que pasan de un día para otro. A veces dentro del mismo día. Puedes estar a tope por la mañana y hundido por la tarde. O al revés. Sin razón aparente. Sin que haya pasado nada.

Y esto tiene una explicación que va más allá de la bipolaridad.

Hay cerebros cuyo sistema de regulación emocional y energética no funciona con estabilidad. La dopamina, que es lo que te activa y te motiva, fluctúa de forma impredecible. Un día tienes suficiente y eres esa versión de ti que todo el mundo admira. Al día siguiente no tienes y eres esa versión de ti que tú mismo odias.

Y no lo controlas. Eso es lo más frustrante. No puedes decidir cuándo vas a ser la versión buena y cuándo la mala. Te toca lo que te toca.

Vivir en los extremos

Es que eso es lo que pasa. No tienes término medio. Nunca estás al 5. Estás al 10 o al 0. Y la gente que vive al 5 de forma estable, con su ritmo, con su constancia, te parece de otro planeta.

Porque tú no sabes lo que es el 5. No sabes lo que es estar "regular". Estás genial o estás fatal. Motivadísimo o apagado. Productivo a niveles insanos o tirado en el sofá sin poder moverte.

Y cuando estás arriba, cometes el error de planificar como si fueras a estar siempre arriba. Aceptas compromisos. Te metes en proyectos. Le dices que sí a todo. Porque en ese momento puedes.

Y cuando bajas, tienes que cumplir todo eso con un cerebro que apenas enciende. Y la culpa se come todo lo que queda.

Lo que nadie te dice sobre estos altibajos

Mira, te lo cuento porque me pasó. Y porque ojalá alguien me lo hubiera contado antes.

Los altibajos extremos de energía y motivación sin causa aparente son uno de los síntomas menos conocidos del TDAH en adultos. No el TDAH clásico de "no para quieto". El TDAH de adultos que viven en una montaña rusa interna que nadie ve.

La desregulación emocional y energética asociada al TDAH está cada vez más documentada. No es que estés loco. No es que seas bipolar necesariamente. Es que tu cerebro no regula bien cuánta energía y motivación te da, y el resultado son estos ciclos salvajes que no puedes predecir ni controlar.

Esto no es un diagnóstico. Si te identificas con esto, por favor, habla con un profesional. Un psicólogo o psiquiatra que pueda evaluarte bien. Lo que te cuento es mi experiencia, no un manual clínico.

¿Se puede vivir con esto?

Sí. Pero necesitas cambiar la estrategia.

Lo primero: deja de planificar como si fueras a estar siempre al 10. Planifica para el tú del 5 o del 3. Si estás al 10, genial, harás más. Pero el plan tiene que funcionar incluso en tus peores días.

Lo segundo: aprovecha los días buenos para preparar los malos. Cuando estés arriba, no te metas en 47 cosas nuevas. Usa esa energía para crear sistemas, adelantar trabajo, preparar comida, dejar las cosas listas. Tu yo del futuro en un día malo te lo agradecerá como no te imaginas.

Y lo tercero: deja de juzgarte por los días malos. Porque si solo te valoras cuando estás arriba, te vas a odiar la mitad de tu vida. Y ya te cuesta bastante más que a los demás como para encima echarte más mierda encima.

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