Pierdo cosas que acabo de tener en la mano hace 30 segundos
Tenías el boli en la mano hace medio minuto. Ya no está. No es despiste normal. Tu cerebro suelta cosas sin avisar.
El boli. Lo tenías escribiendo hace 30 segundos. Ahora no está. No se ha caído. No lo has guardado. Ha desaparecido del universo conocido.
Miras la mesa. Miras el suelo. Miras debajo de la libreta. Miras dentro de la libreta. Miras en tu mano izquierda (que tiene otro boli, pero no ese). Miras en tu bolsillo. Nada.
Ha pasado medio minuto. Medio. Minuto.
Y el boli no existe.
¿Cómo puedes perder algo que tenías en la mano hace medio minuto?
Pues mira, te lo explico con lo que sé de primera mano. Literalmente de primera mano, porque de ahí es de donde desaparecen las cosas.
Tu cerebro tiene una cosa que se llama memoria de trabajo. Es como una mesa muy pequeña donde solo caben dos o tres cosas a la vez. Cada vez que entra un pensamiento nuevo, algo se cae de la mesa. Y tu cerebro no te avisa de qué se ha caído. Simplemente ya no está.
Entonces pasa esto: estás escribiendo con el boli. Tu cerebro registra un pensamiento. "Tengo que mandar ese email." Y en el momento exacto en que ese pensamiento entra, la información de "tengo un boli en la mano" se cae de la mesa. Así, sin más. Y tu mano, que ya no tiene instrucciones sobre qué hacer con el boli, lo suelta. En algún sitio. En cualquier sitio. Encima de la nevera, dentro de un zapato, en el baño. Da igual. Tu mano lo soltó y tu cerebro no registró dónde.
Esto es un clásico de la dificultad extra que tiene hacer cosas cuando tu cerebro funciona diferente. No es que seas torpe. Es que tu sistema de almacenamiento temporal tiene la capacidad de un post-it mojado.
No es que pierdas cosas. Es que tu cerebro las suelta sin decirte nada.
A ver, quiero que entiendas la diferencia. Porque no es lo mismo perder algo que soltar algo.
Perder algo implica que hubo un momento en que tuviste control de la situación y lo dejaste ir. Soltar algo sin darte cuenta es otra historia. Es que tu cerebro decidió, sin consultarte, que esa información ya no era relevante.
Y eso pasa 47 veces al día.
Las llaves. El mando. El cargador. Las gafas. El móvil que estabas usando literalmente hace un minuto. Todo desaparece porque tu cerebro funciona como un navegador con 250 pestañas abiertas que se van cerrando aleatoriamente.
Es el mismo patrón que cuando pierdes las llaves, el móvil y las gafas en bucle infinito. No es un accidente. Es un sistema operativo que gestiona la memoria de una manera particular.
Lo que pasa cuando buscas algo que acabas de tener
Esto es lo bueno. Bueno, bueno entre comillas.
Cuando pierdes algo que acabas de tener en la mano, se activa un circuito de frustración brutal. Porque sabes que lo tenías. Sabes que hace 30 segundos estaba ahí. Y tu cerebro no puede procesar cómo algo que estaba en tu mano hace medio minuto ha dejado de existir.
Entonces empiezas a buscar. Y la búsqueda sigue un patrón muy específico que seguro reconoces:
Primero, la zona obvia. La mesa. El escritorio. Al lado del ordenador.
Después, la zona probable. Los cajones. Los bolsillos. La mochila.
Luego, la zona absurda. Dentro de la nevera. En el baño. Debajo del sofá. Dentro de una taza.
Y por último, la zona de rendición. Que es cuando te quedas de pie mirando al vacío preguntándote si alguna vez existió ese boli o si te lo has inventado.
El proceso entero dura entre 3 y 15 minutos. Que multiplicado por las veces al día que pasa, son un buen trozo de tu vida buscando cosas que acabas de tener.
¿Por qué la nevera, por qué el zapato, por qué el baño?
Porque tu mano suelta las cosas en el punto exacto en que tu cerebro cambia de tarea.
Si estabas escribiendo y te levantaste a por agua, tu mano soltó el boli en algún punto del camino entre la mesa y la cocina. Puede ser encima de la lavadora, al lado de la tostadora, o dentro de la nevera cuando abriste la puerta. Tu mano soltó lo que llevaba porque ya no estaba en la instrucción activa de tu cerebro.
Es como un robot al que le cambias el programa a mitad de operación. Lo que estaba haciendo antes se interrumpe donde sea. Sin guardar. Sin cerrar correctamente.
Y por eso encuentras las llaves en la nevera, el mando a distancia en el baño y el móvil dentro del armario. Porque tu cerebro cambió de tarea y tu mano hizo un "guardar en ubicación aleatoria" sin que nadie supervisara la operación.
El caos de tu mesa es la foto de tu cabeza
Mira, hay algo que conecta directamente esto con el caos de tu mesa versus el caos de tu cabeza. Tu mesa está desordenada porque tu cerebro suelta cosas sin criterio. Y las cosas se acumulan donde caen. No es que seas desordenado. Es que tu sistema de "guardar en ubicación lógica" no funciona cuando tu atención ya está en otra cosa.
Las personas que no tienen este problema sueltan el boli y lo ponen en su sitio. Automáticamente. Sin pensarlo. Es un micro-gesto que su cerebro hace en segundo plano.
Tu cerebro no hace ese micro-gesto. Porque ese segundo plano está ocupado con el pensamiento que acaba de entrar. Y no queda capacidad para gestionar dónde va el boli.
Qué hago yo para perder menos cosas (no cero, menos)
No te voy a engañar: no he resuelto esto. Sigo perdiendo cosas. Pero pierdo menos.
Lo que me funciona es reducir las opciones de dónde pueden ir las cosas. Suena obvio, pero escucha.
Si el boli solo puede estar en un sitio (un vaso en la mesa, siempre el mismo), la mano lo suelta ahí por inercia. No porque tu cerebro lo gestione bien, sino porque le has quitado opciones. No puede dejarlo en cualquier sitio si solo hay un sitio lógico.
Llaves: siempre en el mismo cuenco al lado de la puerta. Móvil: siempre en el mismo punto de la mesa. Cartera: siempre en el mismo bolsillo.
No es un sistema de organización. Es un sistema de supervivencia. Limitas las variables para que cuando tu cerebro se desconecte, el daño sea mínimo.
Parece una tontería, pero es la diferencia entre buscar 10 minutos y buscar 30 segundos. Y cuando esos 10 minutos pasan 5 veces al día, estamos hablando de casi una hora diaria buscando cosas que tenías en la mano hace un momento.
Una hora. Buscando. Cosas. Que. Acabas. De. Tener.
No eres un desastre. Tu cerebro gestiona la memoria diferente.
Te lo digo porque sé lo que se siente. Esa frustración de "pero cómo es posible que haya perdido esto otra vez". Esa sensación de que algo tan simple como no perder un boli debería ser automático. Y la pregunta silenciosa de por qué a ti te cuesta lo que a los demás no les cuesta nada.
No eres un desastre. Tu memoria de trabajo funciona con otras reglas. Y cuando lo entiendes, puedes dejar de culparte y empezar a montar sistemas que compensen.
No lo digo como diagnóstico, que no soy médico. Pero si esto te suena a tu día a día con una frecuencia que no es normal, quizá valga la pena hablar con un profesional. Solo para saber.
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