Perdí 40 kilos y mi negocio mejoró sin que cambiara nada en el negocio
Tu negocio no necesita otra estrategia. Necesita que tú funciones. Cuando tu cuerpo va al 40%, tu negocio va al 40%.
Tu cuerpo pesa 30 kilos de más. Tu negocio factura la mitad de lo que debería. Y tú sigues buscando el problema en el funnel.
No es el funnel.
Es la máquina que ejecuta el funnel. Tú. Que duermes cinco horas, cenas porquería a las once de la noche y tu relación más estable con el ejercicio es levantar el brazo para pedir otro kebab. Pero oye, a lo mejor el problema es que no has probado ese framework de productividad nuevo. Seguro que ese sí funciona.
Spoiler: no va a funcionar. Porque ninguna estrategia funciona cuando la persona que la ejecuta está funcionando al 40%.
¿Tu cuerpo está saboteando tu negocio sin que lo sepas?
Imagina que tienes un portátil con 47 pestañas abiertas, la batería al 12%, el ventilador sonando como un avión despegando y un disco duro tan lleno que tarda tres minutos en abrir un PDF. Ahora instálale el mejor software de gestión del mundo.
¿Va a ir más rápido?
No. Va a petarse igual. Porque el problema no es el software. Es el hardware.
Tu cuerpo es el hardware. Y si el hardware está destrozado, da igual que tengas la mejor estrategia, el mejor pricing o el lanzamiento más brillante del siglo. Todo va a ir lento, pesado, con lag. Como intentar jugar al Call of Duty en un ordenador de 2003.
Cuando duermes cuatro horas, tus decisiones son peores. No un poco peores. Mucho peores. Esas decisiones que normalmente tomas en diez minutos ahora te cuestan una hora y media de darle vueltas. Ese email que escribirías en cinco minutos te lleva toda la tarde porque no consigues hilar dos frases seguidas. Y la niebla mental, esa sensación de tener la cabeza llena de algodón, se convierte en tu estado natural.
Si encima tienes TDAH, multiplica todo por tres. Porque un médico te dice que tienes la edad metabólica de un anciano y tú le dices que sí, que ya te cuidarás, que ahora tienes un lanzamiento. Siempre hay un lanzamiento.
¿Cómo mejora un negocio sin que cambies nada en el negocio?
Cambiando a la persona que lo ejecuta.
No hablo de mindset. No hablo de levantarte a las cinco de la mañana para meditar y escribir tus afirmaciones en un diario de cuero artesanal. Hablo de cosas tan aburridas que nadie las pone en un post de LinkedIn porque no dan likes.
Dormir. Comer algo que no venga en una caja de cartón. Salir a andar. La santísima trinidad del emprendedor que funciona y que nadie menciona porque "duerme ocho horas" no queda bien en un carrusel.
Pero es lo que pasa. Cuando tu cuerpo empieza a funcionar, tu cerebro empieza a funcionar. Los emails salen mejor. Las decisiones son más rápidas. Los lanzamientos generan menos ansiedad. Las noches de trabajo son productivas en vez de ser un tío mirando la pantalla sin hacer nada durante tres horas mientras se autoconvence de que "está pensando".
Hasta los días malos, esos en los que el cuerpo te pasa factura y tú le dices que luego, son menos malos. No desaparecen. Pero bajan de "catástrofe existencial" a "día regular de mierda". Que oye, es una mejora significativa.
¿Por qué nadie te dice que tu salud es tu mejor estrategia de negocio?
Porque no es sexy.
"Sal a andar" no te da seguidores. "Come verdura" no es un hack de productividad que puedas vender en un webinar. "Duerme ocho horas" no es un framework con acrónimo que quede bonito en una slide. Nadie va a pagar 2.000 euros por un mastermind donde la conclusión sea "bebe agua y camina".
Pero es la verdad.
Todo el contenido de emprendimiento que consumimos habla de funnels, de pricing, de automatizaciones, de inteligencia artificial. Y todo eso importa. Pero nada de eso importa si la persona que lo ejecuta tiene la energía de un móvil al 3% en modo ahorro de batería.
Emprender con TDAH ya es un deporte de riesgo
La pierna no la arregla ningún funnel. La arregla andar. Comer. Dormir.
Las cosas más básicas y aburridas del mundo.
¿Y por dónde se empieza?
No por donde crees.
No hace falta que mañana te apuntes al gym a las cinco de la mañana como los del club de madrugadores que publican fotos sudando antes del amanecer. No hace falta que hagas una transformación épica en 30 días. No hace falta nada que suene a portada de Men's Health.
Hace falta algo tan cutre que da vergüenza decirlo: caminar. Eso. Caminar. Poner un pie delante de otro durante veinte minutos. Sin música motivacional, sin app de fitness, sin selfie post-workout. Solo andar como un señor mayor a las ocho de la mañana. Pero andar.
Y mañana, comer algo que tenga un color que no sea beige.
Y la semana que viene, intentar dormir una hora más.
Es un proceso tan aburrido que si lo grabas en vídeo nadie le daría al play. Pero mientras tu cuerpo se va arreglando, tu negocio se arregla solo. Sin que cambies una sola línea de tu estrategia. Sin un pivot. Sin un rebranding. Sin un retiro espiritual en Bali.
Solo tú, funcionando mejor. Y por tanto, todo lo que sale de ti, funcionando mejor.
No hay framework. No hay acrónimo. No hay plantilla descargable.
Solo un cuerpo que funciona y un negocio que lo nota.
Y sí, probablemente estés leyendo esto desde el sofá a las once de la noche después de cenar una pizza. No pasa nada. Mañana sal a andar veinte minutos.
O luego. Pero de los "luego" de verdad, no de los de seis meses.
Esto me lo enseñó mi psicóloga y me cambió el día a día. Te lo regalo: El método de 2 minutos que salvó mi TDAH.
Sigue leyendo
"Tienes la edad metabólica de un anciano" (y tenías menos de 30)
Tu cuerpo lleva años cobrándose las noches sin dormir, la comida basura y el "ya descanso cuando pueda". Hasta que un médico te sienta y te lo dice sin filtro.
Tu cuerpo avisa antes de romperse y tú le dices que luego
Tu cuerpo te manda señales antes de romperse. Tú las ignoras. Y cuando te pasa factura, viene con intereses. Así funciona el sistema de alarmas que no escuchas.
No podía levantarme de la cama y tenía un negocio que gestionar
El burnout no avisa. Un día no puedes ni moverte y los emails siguen llegando. Así funciona el colapso.
Facturas 5.000 al mes y tienes 200 en la cuenta: nadie te contó esta parte
Facturar 5.000 € y tener 200 en la cuenta es más normal de lo que crees. Nadie te enseñó la diferencia entre facturar y ganar.