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No puedo concentrarme para leer ni media página y antes me encantaba

Abres un libro, lees tres líneas y tu cerebro se va. No eres vago. Tu atención funciona diferente y tiene explicación.

tdah

Abres el libro. Lees tres líneas. Tu cerebro ya está pensando en otra cosa. Vuelves al principio. Lees dos líneas. Tu cerebro se ha ido otra vez. Cierras el libro. Te sientes estúpido.

Y lo peor no es eso.

Lo peor es que tú sabes que antes leías. Te acuerdas. Te acuerdas de devorarte libros enteros en una tarde, de quedarte leyendo hasta las tantas con la linterna del móvil, de perderte dentro de una historia y no querer salir.

Eso existió. No te lo estás inventando.

Pero ahora abres un libro y es como si tu cerebro tuviera una puerta giratoria. Entra la información por un lado y sale por el otro antes de que puedas hacer nada con ella. Lees la misma página cuatro veces y sigues sin saber de qué va. Y al final acabas dejando el libro en la mesilla, con el marcapáginas en la página 12, donde lleva tres meses.

¿Por qué ya no puedo concentrarme para leer si antes me encantaba?

Porque leer es una de las actividades que más regulación atencional necesita. Y tu cerebro no tiene el mismo regulador que tenía antes. O mejor dicho: nunca lo tuvo, pero antes compensaba mejor.

Cuando eras más joven, leer era novedad. Cada libro te volaba la cabeza. Tu cerebro producía dopamina con cada giro de la trama, con cada mundo nuevo, con cada personaje que descubrías. Y la dopamina es el combustible de la atención. Sin dopamina, tu cerebro no se queda. Se va.

Lo que pasa con el tiempo es que tu cerebro ha encontrado fuentes de dopamina más rápidas. Redes sociales. Vídeos de 30 segundos. Notificaciones. Tu teléfono te da un chute de dopamina cada pocos segundos sin que tengas que esforzarte. Y leer un libro requiere esfuerzo sostenido. Requiere que tu cerebro se quede quieto en un sitio donde no hay recompensa inmediata.

Para un cerebro con TDAH, eso es como pedirle a un perro que se siente quieto en mitad de una fiesta de salchichas.

No es que hayas perdido la capacidad de leer. Es que tu cerebro ha recalibrado lo que considera "suficiente estímulo". Y un libro, por muy bueno que sea, no puede competir con el bombardeo constante al que le has acostumbrado.

¿Es pereza o es algo más?

Ni de lejos es pereza.

La pereza es no querer hacer algo. Tú quieres leer. Compras libros. Los miras con cariño. Los pones en la estantería esperando el momento perfecto. Empiezas doce y no terminas ninguno. El momento perfecto no llega nunca porque el problema no es el momento, es tu atención.

Un cerebro con TDAH no regula la atención por voluntad. No puedes decidir "ahora me concentro" y que funcione. Tu concentración depende de la dopamina, no de la disciplina. Y la dopamina no se activa con fuerza de voluntad. Se activa con interés, novedad, urgencia o desafío.

Por eso puedes pasarte cuatro horas leyendo un hilo de Reddit sobre conspiraciones de los años 80 pero no aguantas media página del libro que compraste con toda la ilusión del mundo.

No es que el libro sea malo. Es que tu cerebro no encuentra suficiente combustible para quedarse.

¿Se puede volver a leer como antes?

Se puede volver a leer. Pero probablemente no exactamente como antes. Y eso no es malo.

Lo primero que tienes que aceptar es que tu forma de leer tiene que adaptarse a tu cerebro, no al revés. Dejar de intentar leer como "debería" y empezar a leer como puedes.

Cosas que funcionan para un cerebro que no para:

Lee en trozos pequeños. 10 páginas. 5 páginas. Una página. Lo que sea. Leer poco es infinitamente mejor que no leer nada. Tu cerebro necesita victorias pequeñas para engancharse.

Cambia de libro sin culpa. Si un libro no te engancha en las primeras 30 páginas, déjalo. No pasa nada. No tienes que terminar cada libro que empiezas. Eso es una regla que se inventó alguien que no tiene un cerebro que funciona como el tuyo.

Lee con el cuerpo. Suena raro, pero camina mientras lees (audiolibro), lee haciendo bicicleta estática, lee en la bañera. Tu cerebro se concentra mejor cuando tu cuerpo está haciendo algo. Darle un canal de salida al exceso de energía libera atención para la lectura.

Mezcla formatos. Audiolibros, ebooks con el texto grande, libros físicos. Tu concentración funciona por fragmentos, así que dale variedad para que no se aburra del formato antes de aburrirse del contenido.

Lee lo que te dé la gana. Cómics, manga, novelas gráficas, libros de cocina, manuales de juegos de mesa. Todo cuenta. Si alguien te dice que eso "no es leer de verdad", mándalo a freír espárragos.

No es que no puedas leer. Es que nadie te explicó cómo funciona tu cerebro

El problema nunca fue la lectura. El problema es que llevas toda la vida usando un cerebro que funciona con sus propias reglas y nadie te dio el manual.

Te dijeron que leer era sentarse, abrir un libro y concentrarse. Y para la mayoría de cerebros, eso funciona. Pero el tuyo necesita más. Necesita movimiento, novedad, trozos pequeños, permiso para dejarlo y volver. Necesita que dejes de castigarte cada vez que pierdes el hilo en la página tres.

Porque perder el hilo no es fracasar. Es tu cerebro siendo tu cerebro. Y cuando dejas de pelearte con él y empiezas a trabajar a su favor, resulta que sí puedes leer. A tu manera. A tu ritmo. Pero leer.

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