Paso de la euforia al hundimiento en una hora

Una hora estás arriba del todo, la siguiente no quieres hablar con nadie. No es bipolaridad. Pero algo pasa.

A las once de la mañana estoy planificando un proyecto nuevo. Estoy eufórico. Tengo 14 ideas, un nombre para cada una, un esquema en la cabeza y la sensación de que esta vez sí, esta vez va a salir todo bien. Estoy a tope. Hablando rápido. Pensando más rápido. Mi novia me mira desde el sofá como quien mira a alguien subirse a una montaña rusa sin cinturón.

A las doce y media, alguien me dice algo que me sienta regular en un mensaje. No es nada grave. Es una tontería. Pero de repente el proyecto ya no me parece tan buena idea. Las 14 ideas son una basura. El esquema es ridículo. Y yo soy un imbécil por haberme emocionado tanto.

Una hora y media. Eso he tardado en pasar de "voy a conquistar el mundo" a "no sirvo para nada".

¿Es normal que mis emociones cambien tan rápido?

Pues depende de lo que entiendas por normal.

Normal en plan "le pasa a todo el mundo de vez en cuando", sí. Todo el mundo tiene días buenos y malos. Todo el mundo tiene momentos de subidón y bajón. Eso es ser humano.

Pero si estamos hablando de cambios brutales de estado emocional en cuestión de minutos u horas, varias veces a la semana, sin que pase nada especialmente grave, y con una intensidad que te deja hecho polvo... eso ya no es "tener días buenos y malos". Eso es otra cosa.

Es como si tu termostato emocional estuviera roto. La mayoría de la gente tiene un rango. Sube un poco, baja un poco, pero se mantiene en zona habitable. Tú no tienes rango. Tienes picos y valles. Everest y Mariana. Y puedes pasar de uno a otro en lo que tardas en leer un mensaje de WhatsApp.

La montaña rusa que nadie ve

Lo más jodido de esto es que desde fuera no se nota tanto.

O sea, la gente ve que estás contento y luego estás callado. Pero no ven lo que pasa dentro. No ven el salto de "soy la hostia" a "soy un fraude" en 45 minutos. No ven que un comentario inocente te ha destruido el día. No ven que llevas toda la tarde intentando entender por qué te sientes así si no ha pasado nada.

Y cuando intentas explicarlo, la respuesta es siempre alguna variante de "no será para tanto" o "tranqui, se te pasará". Y se te pasa, sí. Pero se te pasa para ir al otro extremo. No se te pasa para ir a un punto medio tranquilo. Se te pasa para volver a subir a la montaña rusa.

Si alguna vez has sentido que tus emociones están desreguladas y no sabes por qué, no eres el único. Es más común de lo que parece. Y no, no es ser "intenso". Es algo concreto.

No es bipolaridad (pero te lo has preguntado)

Voy a decir lo que probablemente estás pensando. Porque yo también lo pensé.

"¿Seré bipolar?"

Es la pregunta lógica. Cambios de humor extremos. Euforia seguida de hundimiento. Suena a bipolaridad, ¿no?

Pues no necesariamente. La bipolaridad tiene ciclos largos. Días, semanas, meses en un estado. Lo que te pasa a ti son cambios rápidos. Horas. A veces minutos. El gatillo suele ser algo externo: un comentario, una noticia, un pensamiento que te cruzó la cabeza mientras fregabas los platos.

Y hay otra cosa que lo diferencia: la reactividad. Tus cambios de humor no vienen de la nada. Vienen de algo. Un estímulo. Una emoción. Una interacción. Son reactivos. Tu cerebro recibe algo y responde con una intensidad desproporcionada. Como si alguien le hubiera puesto un amplificador a tus emociones y hubiera perdido el mando del volumen.

Lo que he aprendido (a las malas)

No te voy a engañar: no he encontrado un botón mágico que arregle esto.

Lo que sí he aprendido es que en los momentos de euforia no tomo decisiones grandes. No mando emails importantes. No lanzo proyectos. No prometo cosas. Porque sé que la euforia miente. Me dice que todo es posible y que soy indestructible. Y tres horas después, cuando estoy hundido, esas decisiones me parecen una locura.

Y en los momentos de hundimiento, no elimino nada. No borro proyectos. No cancelo planes. No mando mensajes diciendo que todo es una mierda. Porque el hundimiento también miente. Me dice que nada vale la pena y que todo lo que hago es basura.

La verdad siempre está en el medio. Pero mi cerebro no vive en el medio. Vive en los extremos. Y la única forma de funcionar es no fiarme de ninguno de los dos.

Si notas que esto también te pasa con las cosas que más te importan y te frustran, el patrón empieza a tener forma.

Quizá no es ser "intenso"

Mira, lo que te he descrito, ese patrón de emociones que suben y bajan como una montaña rusa varias veces al día, que son reactivas a estímulos pequeños, que te dejan agotado y que desde fuera parecen exageradas...

Eso le pasa a mucha gente. Y en muchos casos tiene un nombre que no es "persona intensa" ni "demasiado sensible".

Se llama TDAH. Y la desregulación emocional es uno de sus síntomas menos conocidos. No sale en la mayoría de artículos. No es lo primero que te dice Google. Pero para quien lo vive, es probablemente lo que más afecta al día a día.

No te estoy diagnosticando. Esto no sustituye hablar con un psicólogo o psiquiatra. Pero si llevas años en esta montaña rusa sin saber por qué, quizá merece la pena dejar de buscar explicaciones en tu carácter y empezar a buscarlas en cómo funciona tu cerebro.

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