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El paquete de Amazon que llevas 2 semanas sin abrir con TDAH

La dopamina estaba en comprar, no en recibir. Tu cerebro con TDAH ya pasó página antes de que llegara el paquete.

tdah

El paquete lleva dos semanas en la entrada. Ya forma parte del mobiliario.

Está entre el paragüero y las zapatillas que nunca guardas. A veces lo pisas al salir. A veces lo miras de reojo y piensas "luego lo abro". Pero luego nunca llega. Porque tu cerebro ya lo abrió. Lo abrió cuando le diste a "Comprar ahora". Lo abrió cuando viste la barra de progreso del envío. Lo abrió cuando recibiste el email de "Tu pedido ha sido entregado".

La dopamina estaba en comprar, no en recibir.

Y ahora el paquete está ahí. Físico. Real. Esperando. Pero tu cerebro ya se fue a otra cosa. Porque para él, esa historia ya terminó.

¿Por qué la emoción desaparece cuando llega el paquete?

Porque tu cerebro con TDAH no funciona con recompensas. Funciona con anticipación de recompensas.

La diferencia es brutal. Un cerebro neurotípico siente placer al conseguir algo. Un cerebro con TDAH siente placer al perseguir algo. La caza es mejor que la presa. El scroll por Amazon a las 3 de la mañana comparando reseñas, viendo vídeos de unboxing, leyendo especificaciones que no entiendes pero que te hacen sentir que estás tomando La Mejor Decisión De Tu Vida. Eso es dopamina pura. Eso es tu cerebro encendido como un árbol de Navidad.

Y luego le das a comprar. Y hay un pico. Breve. Intenso. Como un chute.

Y después, nada. El cerebro cierra la pestaña. Literalmente. Pasa al siguiente estímulo. Y cuando el paquete llega dos días después, tú ya estás en otra película. Ya estás investigando otra cosa. Ya estás metido en otro rabbit hole de YouTube sobre un hobby que descubriste ayer y que abandonarás la semana que viene.

Si alguna vez te has preguntado por qué acabas con el carrito lleno a las 3 de la mañana, ahí tienes la respuesta. No es que necesites lo que compras. Es que necesitas el proceso de comprar.

El ciclo que no te han explicado

Funciona así. Siempre igual. Como un reloj roto que da la hora correcta dos veces al día.

Fase 1: El descubrimiento. Ves algo. En Instagram, en un vídeo, en una conversación. Tu cerebro dice "necesito eso". No lo necesitas. Pero tu cerebro ya lo ha decidido y tú solo eres el conductor de un coche que va solo.

Fase 2: La investigación obsesiva. Abres 14 pestañas. Comparas modelos. Lees opiniones de gente que se compró el modelo del año pasado y está arrepentida. Miras alternativas. Vuelves al original. Tu cerebro está en estado de flujo total. Podrías estar así tres horas sin levantarte a beber agua.

Fase 3: La compra. Chute de dopamina. "Lo he hecho. Es mío." Cierras el portátil con la satisfacción de quien acaba de escalar el Everest. En realidad has comprado un organizador de cables de 12 euros.

Fase 4: La espera. Miras el tracking una vez. Dos. Tres. Cada vez con menos interés. Para el segundo día ya ni lo miras.

Fase 5: La llegada. El paquete está en la puerta. Lo miras. Lo mueves con el pie. Lo dejas "para luego". Luego son dos semanas.

Este ciclo es la búsqueda de novedad con TDAH en su versión más cara. Tu cerebro necesita cosas nuevas constantemente. Y comprar es la forma más fácil, más rápida y más accesible de conseguir esa novedad. Un click y tu cerebro tiene algo nuevo que perseguir.

No es un problema de dinero. Bueno, también.

Mira. Lo del paquete sin abrir es gracioso. Es un meme. Es el chiste fácil. Pero lo que hay debajo no tiene tanta gracia.

Porque no es un paquete. Son muchos paquetes. Muchos meses. Y de repente miras la cuenta del banco y no entiendes cómo has gastado 300 euros en cosas que no has usado. O que has usado una vez. O que siguen en su caja en algún rincón del armario.

Y la culpa. La culpa es lo peor. Porque sabes que no deberías haberlo comprado. Lo sabías cuando lo compraste. Pero algo dentro de ti necesitaba hacerlo. Y ahora estás en ese limbo de "soy un adulto que no puede controlar sus impulsos" que es básicamente el resumen de la relación entre TDAH y dinero.

No eres un desastre con el dinero. Tienes un cerebro que prioriza la recompensa inmediata sobre la planificación a largo plazo. Que es exactamente lo que hace un cerebro con TDAH. Cada. Vez.

Lo que sí puedes hacer (sin flagelarte)

No voy a decirte que dejes de comprar por internet. Eso es como decirle a alguien con miopía que deje de necesitar gafas.

Pero hay una cosa que funciona. Y es ridículamente simple.

La regla de las 48 horas. Cuando quieras comprar algo, mételo en el carrito. Cierra la pestaña. Si dentro de 48 horas sigues pensando en ello, cómpralo. Si no, bórralo. Lo que descubrirás es que el 80% de las veces ni te acuerdas de lo que ibas a comprar. Porque la urgencia no era real. La urgencia era dopamina disfrazada de necesidad.

Y el paquete que ya está en la entrada, ábrelo. Ahora. No tiene que ser un evento. No necesitas ganas. Solo ábrelo. Porque cuanto más tiempo pase, más se convierte en otro recordatorio de algo que no terminaste. Y no necesitas más de esos.

Tu cerebro no es defectuoso. Es impaciente.

El paquete sin abrir no es una prueba de que eres un desastre. Es una prueba de que tu cerebro va más rápido que el servicio de mensajería. Que tu emoción se mueve a una velocidad que el mundo físico no puede seguir.

Eso no es un defecto. Es un cerebro que funciona con sus propias reglas. Reglas que nadie te explicó. Reglas que a veces te cuestan dinero, espacio en la entrada, y una sensación constante de "¿por qué soy así?".

Eres así porque tu cerebro busca novedad como otros buscan oxígeno. Y está bien. Solo necesitas saberlo para dejar de pelearte contigo mismo cada vez que ves un paquete sin abrir mirándote desde la entrada como un perro abandonado.

Ábrelo. O no lo abras. Pero deja de castigarte por ello.

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Si te has sentido identificado con cada párrafo y llevas años pensando que simplemente eres "desorganizado con el dinero", quizá no es eso. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro compra lo que no necesita y abandona lo que sí.

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