Oscurece a las 6 y tu energía baja con la luz: TDAH y otoño
Con TDAH, que oscurezca pronto no es solo molesto. Tu cerebro interpreta la oscuridad como señal de apagado y tu energía desaparece sin aviso.
Son las 6 de la tarde y ya es de noche. Tu cuerpo dice que son las 10. Tu energía dice que el día se ha terminado. Con TDAH, la oscuridad temprana no es solo molesta. Te apaga.
Literalmente.
No es una forma de hablar. Es que tu cerebro recibe la señal de "oscuridad" y decide, por su cuenta, que la jornada ha acabado. Da igual que tengas cosas pendientes. Da igual que a las 4 estabas en racha. Da igual que tu agenda dice que aún te quedan tres horas productivas. La luz se ha ido, y contigo se ha ido todo lo que quedaba de impulso.
Yo llevo años odiando el cambio de hora. Y pensaba que era una manía. Que simplemente me gustaba más el verano (como a todo el mundo) y que estaba siendo dramático.
Hasta que entendí que no era drama. Era dopamina.
¿Por qué me afecta tanto que oscurezca pronto si tengo TDAH?
Porque tu cerebro con TDAH ya tiene un problema de base con la dopamina. No la produce ni la gestiona como el cerebro de la gente que se levanta a las 6, va al gimnasio, trabaja ocho horas y todavía tiene energía para cocinar algo decente. Funciona a impulsos. A rachas. A momentos de "ahora sí" y largos ratos de "no puedo ni con el mando de la tele".
Y la luz solar es uno de los reguladores más potentes de esa dopamina.
Cuando hay luz, tu cerebro recibe la señal de que es momento de estar activo. Produce serotonina, que luego se convierte en melatonina cuando toca dormir. Todo el ciclo funciona. Más o menos.
Pero cuando la luz desaparece a las 6 de la tarde, ese ciclo se rompe antes de tiempo. Tu cerebro empieza a prepararse para dormir cuando tú todavía necesitas funcionar. Y como tu sistema dopaminérgico ya iba justito, esa caída de luz es como quitarle la mitad de la gasolina a un coche que ya iba en reserva.
No es que seas vago. No es que exageres. Es que tu cerebro ha recibido una señal química que dice "apágate" y tú no tienes el interruptor manual para contradecirla.
¿Es lo mismo que la tristeza de otoño?
No exactamente. Aunque van de la mano.
La melancolía de otoño con TDAH tiene un componente emocional fuerte. Es esa sensación de que todo se apaga, de nostalgia sin motivo, de querer meterte en la cama y no salir hasta abril.
Lo que pasa con la energía es diferente. No es tristeza. Es como si alguien bajara tu voltaje. Puedes no estar triste y aún así no poder hacer nada. Estás ahí, mirando la pantalla, con la lista de tareas delante, y simplemente no arrancas. No hay emoción negativa. Hay vacío. Un "no me sale" que no sabes explicar.
Y eso desespera más que la tristeza, si te soy sincero. Porque al menos la tristeza tiene nombre. Esto es como estar atascado sin motivo aparente, y encima sentirte culpable por ello.
¿Qué puedo hacer cuando oscurece y me apago?
No te voy a soltar el discurso de "compra una lámpara de luz blanca y solucionado". Que sí, las lámparas de luz diurna ayudan. Pero si fuera tan fácil, no estarías leyendo esto.
Lo que a mí me funciona es entender la mecánica y trabajar con ella, no contra ella.
Primero: acepta que tu ventana productiva se acorta. En verano puedes rendir hasta las 9. En otoño, a partir de las 6 estás medio muerto. No luches contra eso. Reorganiza. Mete lo importante antes de que caiga el sol. Suena ridículo, pero funciona.
Segundo: mueve el cuerpo antes de que oscurezca. No después. Antes. Media hora de caminar, de lo que sea. El deporte con TDAH funciona como medicación. Le da a tu cerebro un chute de dopamina que puede mantenerte activo una o dos horas más después de que se vaya la luz.
Tercero: no te quedes a oscuras. Parece obvio, pero muchos con TDAH nos quedamos en el sofá con la pantalla del móvil como única fuente de luz mientras el salón parece una cueva. Enciende luces. Todas las que haga falta. Tu cerebro necesita la señal de que aún no es hora de apagarse.
Cuarto: ten un ritual de "segunda arrancada". A las 6, cuando notes que te caes, haz algo que te active aunque sea 5 minutos. Una ducha. Un café. Cambiar de sitio. Ponerte música alta. Lo que sea que le diga a tu cerebro "eh, que todavía no hemos terminado". No siempre funciona. Pero cuando funciona, te rescata la tarde.
¿Y si no funciona nada?
Entonces no funciona nada, y ya está.
No todos los días vas a poder ganarle al otoño. Cuando anochece a las 7 y tu cerebro ya se ha rendido, a veces la mejor estrategia es no forzar. Descansar de verdad. No el "descanso" de scrollear el móvil tres horas sintiéndote culpable, sino descansar aceptando que hoy tu cerebro no da más.
Mañana sale el sol otra vez. Aunque sea solo hasta las 6.
Lo importante es que dejes de pensar que el problema eres tú. Que dejes de compararte con gente que en noviembre rinde igual que en julio. Tu cerebro no funciona así. Y cuanto antes lo integres, antes dejas de machacarte por algo que no controlas.
No estás roto. Estás funcionando con menos luz. Y eso tiene solución. No perfecta, no mágica, pero solución al fin y al cabo.
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