Abandono mis proyectos justo antes de terminarlos
Empiezas con energía, llegas al 90% y lo dejas. No es falta de ganas. Tu cerebro tiene una explicación para esto que nadie te ha dado.
El proyecto está al 90%.
Lleva semanas ahí. Al 90%. Lo abrí esta mañana, lo miré cinco minutos, y lo cerré. Otra vez.
No es que lo haya olvidado. No es que no me importe. Es que hay algo en ese último tramo que se siente imposible de cruzar. Como si el cerebro dijera "hasta aquí hemos llegado" y bajara la persiana sin dar explicaciones.
Y lo más frustrante no es abandonar el proyecto. Lo más frustrante es que ya has pasado por esto 12 veces.
¿Por qué es siempre justo antes del final?
Esto es lo que no tiene sentido a simple vista.
Si fuera falta de ganas, lo dejarías al principio. Pero no. Lo empiezas con una energía brutal. Las primeras semanas te motiva. Le dedicas horas. Avanzas rápido. Y luego, en algún punto entre el 70 y el 95%, desaparece la chispa. Y ahí se queda.
El proyecto.
Esperando.
Mientras tú ya estás pensando en el siguiente.
A mí me pasaba con todo. Cursos online que llegaba al módulo 7 de 8 y cerraba. Negocios que montaba, funcionaban, y de repente los dejaba morir. Un libro que tengo con 23 capítulos escritos y el 24 a medias. Y siempre la misma sensación: tenía la energía para empezar pero nunca para terminar.
Durante mucho tiempo pensé que era un defecto de carácter. Que era "de los que no terminan las cosas". Como una característica fija, como tener los ojos marrones o ser malo en geografía.
No lo es.
Lo que pasa en ese último tramo
A ver, déjame que te diga lo que creo que ocurre de verdad.
Al principio de un proyecto, todo es nuevo. La idea es fresca. Hay incertidumbre. Hay dopamina. Tu cerebro, que es un adicto a la novedad, se engancha como si le hubieran dado su droga favorita. Avanzas rápido porque cada paso es una novedad pequeña.
Pero al 80%, ya no hay novedad.
Ya sabes lo que queda. Es ejecución pura. Aburridísima, predecible, mecánica. Tu cerebro dice "esto ya lo he procesado" y corta el suministro de dopamina como si le hubieran cerrado el grifo. Y tú te quedas en seco. Con el proyecto a un paso de estar terminado y con cero motivación para dar ese paso.
No es pereza. Es que tu cerebro ha dejado de encontrar interesante lo que tienes delante.
Y claro, justo cuando necesitas más energía para cerrar, es cuando menos tienes.
Pues mira. Es una trampa perfecta, o sea.
Lo que te frena en ese último tramo no suele ser el trabajo en sí. Suele ser el perfeccionismo que aparece justo ahí. "Ahora que está casi listo, me doy cuenta de que podría ser mejor." O el miedo: "Si lo termino y lo lanzo, la gente lo va a ver y a juzgar." O el simple agotamiento de haber estado con algo demasiado tiempo y ya no sentirlo emocionante.
Cualquiera de las tres es suficiente para que tu cerebro diga "siguiente".
Eres coleccionista de comienzos
Hay un patrón que he visto en mucha gente que funciona como yo.
Se llama ser coleccionista de comienzos.
Tienes un archivo, una carpeta, un cajón mental lleno de proyectos al 80%. El podcast que grabaste tres episodios. El negocio que monté hasta tener los primeros clientes y luego lo dejé enfriar. El curso que escribí entero pero nunca grabé. La app con el prototipo funcionando que no llegué a publicar.
No los abandonaste porque fueran malos. De hecho, a veces eran bastante buenos.
Los abandonaste porque terminar no se siente igual que empezar. Empezar da chute. Terminar da vértigo. Y tu cerebro prefiere el chute.
Y si te pasa esto, si reconoces el patrón de empezar cosas y no terminar ninguna, hay algo que vale la pena preguntarte.
¿Y si tu cerebro necesita otro tipo de gasolina?
La gasolina que te mueve al principio es la novedad. La emoción del "¿y si esto funciona?". El diseño de la idea, la imaginación del resultado.
Pero para terminar necesitas otro tipo de gasolina. Necesitas consistencia sin recompensa inmediata. Necesitas poder hacer algo aburrido y repetitivo sin que tu cerebro se rebele. Necesitas, básicamente, tolerar el tramo final que no tiene chispa.
Y hay personas para las que eso es mucho más difícil que para otras.
No porque sean más vagas. No porque se esfuercen menos. Sino porque su cerebro les cuesta más que al de los demás regularse cuando la tarea no genera estimulación suficiente.
Y ese es un patrón muy concreto. Con nombre. Con explicación. Con formas de manejarlo una vez que sabes qué está pasando.
Lo que no funciona es decirte "ponte las pilas" o "necesitas más disciplina". Ya lo has intentado. Ya has hecho las listas. Ya te has puesto recordatorios. Ya has intentado forzarlo.
El problema no es la fuerza de voluntad. El problema es que tu cerebro necesita estrategias distintas para ese tramo final. Límites de tiempo artificiales. Un espectador externo. Fechas públicas. Cualquier cosa que le meta urgencia a algo que ya no le parece urgente.
A mí me funciona decirle a alguien que en X fecha voy a tener algo. Porque entonces mi cerebro, que se había relajado, de repente tiene un deadline real y arranca. No porque quiera. Porque le he creado las condiciones para que no tenga opción.
No es ideal. No te voy a engañar. Pero funciona.
Esto no es un defecto. Es información.
Si llevas años con proyectos al 90%, no eres de los que no terminan las cosas. Eres alguien cuyo cerebro tiene un patrón específico con la novedad y la dopamina.
Eso no se arregla con motivación. Se entiende y se trabaja con las herramientas adecuadas.
Y si sospechas que hay algo más detrás de este patrón, algo que va más allá de "soy así", puede que valga la pena saberlo con más certeza.
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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que hay algo detrás de estos patrones, habla con un psicólogo o psiquiatra.
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