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Thomas Edison: el niño que expulsaron de la escuela e iluminó el mundo

Edison fue expulsado de la escuela a los 12 años. Su cerebro no encajaba en el sistema. Todo apunta a que funcionaba con TDAH.

tdahfamosos

Imagínate que eres un crío de 12 años y tu profesora le dice a tu madre que tu cerebro está "addled". Confuso. Lento. Que no merece la pena seguir intentándolo contigo.

Ahora imagínate que ese crío acaba inventando la bombilla, el fonógrafo, la cámara de cine y construyendo la primera central eléctrica del mundo. Con 1.093 patentes a sus espaldas.

Suena a película de domingo por la tarde. Pero es la historia real de Thomas Edison.

Y cuando rascas un poco en su biografía, lo que encuentras debajo no es el genio sereno que pintan en los libros de texto. Es un tío que no podía quedarse quieto, que dormía 4 horas por noche, que trabajaba 18 horas al día y que probó más de 3.000 materiales diferentes para encontrar el filamento correcto de la bombilla.

Eso no es disciplina de manual.

Eso es un cerebro que funciona con otras reglas.

¿Por qué lo expulsaron de la escuela?

Porque no encajaba. Así de simple.

Edison no podía estarse quieto. No seguía instrucciones. No se concentraba en lo que le decían que se concentrase. Su profesora, después de solo tres meses, decidió que era un caso perdido. Le puso la etiqueta de "addled" y básicamente le dijo a su madre que no había nada que hacer con él.

Su madre, Nancy Edison, hizo algo que en 1859 era bastante radical: le sacó del colegio y le educó en casa.

Y pasó algo curioso. Sin las restricciones de un aula que le pedía sentarse quieto y memorizar cosas que no le interesaban, Edison empezó a devorar libros. A experimentar. A preguntar "por qué" hasta que los adultos a su alrededor se quedaban sin respuestas. A los 10 años ya tenía un laboratorio de química casero en el sótano.

Si eso no te suena a crecer con un cerebro que funciona diferente sin que nadie te lo explique, no sé qué te sonará.

¿Tenía Edison TDAH?

Vamos a ser claros: Edison nació en 1847. Nadie le hizo una evaluación neuropsicológica. Nadie le pasó un test. No hay diagnóstico oficial ni lo habrá nunca.

Pero cuando miras su vida con los ojos de alguien que sabe cómo funciona un cerebro con TDAH, la cantidad de señales es como para sentarse.

La hiperactividad constante. La incapacidad absoluta para funcionar en un sistema educativo rígido. Los patrones de sueño disparatados. La obsesión casi enfermiza con sus proyectos. La energía inagotable cuando algo le interesaba de verdad.

Y luego está su método de trabajo. Edison no era un inventor solitario encerrado en una torre de marfil. Tenía un laboratorio en Menlo Park con decenas de asistentes. Él se dedicaba a lo que le fascinaba y delegaba todo lo demás. Si algo le aburría, lo soltaba y pasaba al siguiente proyecto.

Eso tiene un nombre. Se llama hiperfoco cuando enganchas y evitación cuando no.

Todo apunta a que su cerebro funcionaba de forma muy consistente con lo que hoy llamamos TDAH. No es un diagnóstico retroactivo. Es una observación basada en décadas de biografías, cartas y testimonios de la gente que convivió con él.

3.000 materiales para un filamento

Esta es la historia que más me fascina de Edison.

Para encontrar el material correcto para el filamento de la bombilla, probó más de 3.000 opciones. Bambú, platino, algodón carbonizado, pelo de barba. De todo. Su equipo probaba materiales uno detrás de otro, descartaba, ajustaba, volvía a probar.

Un periodista le preguntó si no se sentía fracasado después de tantos intentos fallidos. Y Edison soltó una de esas frases que se quedaron para la historia: "No he fracasado. He encontrado 10.000 formas que no funcionan."

Eso es muy fácil de poner en una taza motivacional. Pero lo interesante no es la frase. Lo interesante es lo que hay detrás.

Un cerebro neurotípico, ante el intento número 500, probablemente diría "esto no funciona, vamos a cambiar de enfoque". Un cerebro con hiperfoco dice "una más, solo una más, una más". Es como un perro de presa emocional que ha mordido la zapatilla y no la suelta aunque le estés tirando del collar.

Edison no tenía más disciplina que los demás inventores de su época. Tenía un cerebro que, cuando se enganchaba a algo, no sabía soltarlo. Y tuvo la suerte de que nadie le obligó a hacerlo.

Lo que Edison hizo bien (sin saberlo)

Edison hizo, sin ningún manual, varias cosas que hoy recomendamos a personas con TDAH.

Primero: adaptó su entorno. No intentó encajar en un sistema que no le funcionaba. Se construyó uno propio. Su laboratorio en Menlo Park era su ecosistema perfecto. Estímulo constante, proyectos simultáneos, gente alrededor para cubrir lo que él no hacía bien.

Segundo: usó sus power naps. Edison dormía unas 4 horas por noche, pero se echaba siestas de 20 minutos durante el día. Se sentaba en una silla con una bola metálica en la mano y un plato en el suelo. Cuando se dormía, la bola caía, golpeaba el plato y le despertaba. Recargaba y seguía.

Eso no es un truco de productividad sacado de un podcast. Es un tío de 1880 que intuitivamente entendió que su productividad no funcionaba como la de los demás e inventó su propio sistema.

Tercero: delegó sin culpa. Edison no era bueno en todo y no pretendía serlo. Se rodeó de un equipo que cubría sus puntos débiles. Él ponía las ideas, la visión y esa energía demencial que le permitía trabajar 18 horas seguidas. Los detalles técnicos, la organización, la gestión del día a día: para eso estaban los demás.

¿Y si no le hubieran expulsado de la escuela?

Esta es la pregunta incómoda.

¿Qué habría pasado si Edison se hubiera quedado en ese colegio? Si se hubiera sentado quieto, hubiera memorizado las lecciones y hubiera sacado sus aprobados? Probablemente habría salido de allí con un título y sin ninguna de las 1.093 patentes.

No estoy diciendo que la escuela sea mala. Estoy diciendo que un sistema diseñado para cerebros que funcionan de una manera concreta va a dejar fuera a los que funcionan de otra. Y muchas veces, esos cerebros que no encajan en el sistema son los que acaban construyendo sistemas nuevos.

Edison no iluminó el mundo a pesar de su cerebro. Lo hizo gracias a él. La misma hiperactividad que le impedía quedarse sentado en clase es la que le hacía trabajar 20 horas seguidas en su laboratorio. El mismo "defecto" que le sacó del colegio es el que le metió en los libros de historia.

No fue a pesar de. Fue precisamente por.

La lección que me quedo

Me habría gustado tener la historia de Edison cuando yo era un crío que no podía concentrarse en clase. No para justificar nada. Sino para saber que esas mañanas en las que tu cerebro no arranca no significan que seas menos. Significan que tu cerebro necesita otro tipo de gasolina.

Edison tuvo la suerte de tener una madre que, en lugar de forzarle a encajar, le dejó explorar. No todo el mundo tiene esa suerte. Pero todos podemos, a cualquier edad, dejar de medir nuestro cerebro con una regla que no está hecha para nosotros.

Y si te has pasado la vida pensando que eres un desastre porque no funcionas como se supone que deberías funcionar, quizá el primer paso no es esforzarte más.

Quizá es entender cómo funciona tu cerebro de verdad.

He construido un test de TDAH basado en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero en 10 minutos te da más información sobre tu cerebro que 30 años de "si quisieras, podrías".

Hacer el test de TDAH

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