Whoopi Goldberg: dislexia, TDAH y el club EGOT
De que la llamaran 'tonta' en el colegio a ganar el Emmy, el Grammy, el Oscar y el Tony. Whoopi Goldberg tiene TDAH y dislexia. Y un cerebro que no encajaba en ningún sitio.
Hay una frase que Whoopi Goldberg ha repetido en entrevistas durante años, con esa calma que tiene ella para decir cosas que deberían removerte por dentro:
"No soy tonta. Nunca fui tonta. Simplemente mi cerebro funciona diferente."
La dijo después de décadas. Después de que sus profesores la llamaran "retrasada". Después de que sus compañeros se rieran de ella. Después de que el sistema educativo la tratara como un problema que había que aparcar en un rincón y olvidar.
Y lo dijo después de ganar el Emmy, el Grammy, el Oscar y el Tony. Los cuatro. A la vez. En una lista que tiene exactamente dieciséis personas en toda la historia del entretenimiento.
¿Qué es un EGOT y por qué Whoopi lo tiene?
EGOT son las siglas de Emmy, Grammy, Oscar y Tony. Los cuatro grandes premios del entretenimiento en Estados Unidos. Ganar uno es el sueño de cualquier artista. Ganar los cuatro es tan raro que la gente que lo ha conseguido tiene su propio club.
Whoopi Goldberg es miembro de ese club.
El Oscar lo ganó por "Ghost" en 1991. El Tony por producir "Thoroughly Modern Millie" en 2002. El Emmy y el Grammy vinieron después, en categorías distintas. Comedia. Drama. Teatro. Música. Presentación. Producción.
No hay un cajón donde meterla porque lleva décadas reventando todos los cajones.
Y todo eso con una dislexia sin diagnosticar durante años, y un TDAH que nadie supo ver hasta que ella fue adulta.
La niña a la que llamaban "tonta" en el colegio
Whoopi Goldberg creció en un barrio complicado de Nueva York. Sin dinero, sin red, sin el tipo de infancia que aparece en los catálogos de éxito.
Y con un cerebro que no funcionaba como el sistema esperaba.
En el colegio le costaba leer. Las letras se movían, se mezclaban, no se quedaban quietas. Los profesores no sabían qué era la dislexia. O no les importaba. El caso es que la solución fue mucho más sencilla y mucho más dañina: decidieron que era tonta.
No que aprendía diferente. No que necesitaba otro enfoque. Tonta.
Esa etiqueta, una vez que se pega, no se despega fácil. Hay personas que se la llevan puesta toda la vida. Que interiorizan el mensaje, dejan de intentarlo, aceptan el diagnóstico informal que les puso un profesor con demasiados alumnos y poco tiempo.
Whoopi no. Whoopi decidió que la etiqueta era el problema, no ella.
Pero tardó años en entenderlo. Y eso tiene un coste. Un coste que no desaparece aunque luego ganes cuatro premios.
¿Cuánto tiempo puede aguantar alguien creyendo que es tonto?
Aquí es donde la historia se pone interesante. Y un poco incómoda.
Porque Whoopi Goldberg no supo que tenía dislexia hasta adulta. Pasó su infancia, su adolescencia y parte de su vida adulta sin ningún marco para entender por qué su cerebro hacía lo que hacía. Sin ninguna explicación que no fuera "eres diferente" o "eres rara" o, directamente, el insulto que usaban en el colegio.
Eso es lo que hace el diagnóstico tardío. No solo es que no sabes lo que tienes. Es que durante años construyes una imagen de ti mismo basada en información equivocada. Crees que eres vago cuando en realidad tienes TDAH. Crees que eres tonto cuando en realidad tienes dislexia. Crees que el problema eres tú cuando en realidad el problema es que nadie sabía mirarte bien.
Es como intentar arreglar un coche pensando que el motor está roto, cuando lo que pasa es que le falta gasolina. Años de diagnóstico equivocado. Años de esfuerzo en la dirección incorrecta.
El TDAH en adultos sin diagnosticar
La versatilidad como síntoma (disfrazado de superpoder)
Una de las cosas que más me llama la atención de Whoopi es su capacidad para hacer cosas completamente distintas al mismo tiempo.
Comediante. Actriz dramática. Presentadora de televisión. Productora teatral. En distintos géneros. En distintos formatos. Sin quedarse quieta en ninguno.
Eso, visto desde fuera, parece genialidad pura. Y en parte lo es.
Pero también es, si lo conoces, un patrón bastante reconocible en personas con TDAH. La hiperfocalización en cosas nuevas. La necesidad de cambiar de escenario cuando uno ya no tiene la energía suficiente para mantener el interés. La capacidad de meterse de lleno en algo y dominarlo rápido, porque cuando el cerebro se engancha de verdad, se engancha de verdad.
Jim Carrey tiene el mismo patrón. Lo puedes ver en cómo salta entre géneros como si no hubiera nada raro en ello. Jim Carrey y su TDAH es otro ejemplo de cómo lo que parece versatilidad artística tiene, debajo, un cerebro que se aburre rápido y necesita nuevos estímulos para seguir encendido.
Whoopi no se quedó en la comedia porque la comedia le funcionaba. Se metió en el drama, en el teatro, en la televisión, en la producción, porque su cerebro necesitaba más. Siempre más.
El problema no es que no puedas centrarte. El problema es que te centras tanto y con tanta intensidad que cuando el reto desaparece, necesitas uno nuevo.
"No soy tonta. Simplemente mi cerebro funciona diferente."
Esa frase me parece una de las más honestas que he escuchado de alguien hablando de neurodivergencia. Sin melodrama. Sin el discurso de "lo superé y tú también puedes". Sin el postureo de "convertí mi debilidad en fortaleza".
Solo: el sistema se equivocó conmigo. Yo no.
Hay algo muy poderoso en eso. Especialmente cuando lo dice alguien que podría haberse quedado callada, que ya tiene los cuatro premios encima de la chimenea, que no necesita demostrarle nada a nadie.
Lo dice porque sabe que hay alguien en algún colegio ahora mismo al que acaban de llamar "tonto". Y quiere que ese alguien sepa que eso no es un diagnóstico. Es la ignorancia de un adulto con demasiado trabajo y poca formación.
En el mundo de los actores famosos con TDAH, Whoopi ocupa un lugar particular. No porque su historia sea la más dramática. Sino porque es la más clara en un punto concreto: el daño no lo hizo el TDAH. Lo hizo el entorno que no supo verlo.
El club que nadie quiere en el colegio pero todos admiran después
Hay algo casi irónico en todo esto.
Las mismas personas que en el colegio le dijeron que era tonta, que no iba a llegar a ningún sitio, que mejor que se acostumbrara a vivir con expectativas bajas... esas personas ahora ven sus premios en la tele y probablemente ni recuerdan que existió una niña a la que machacaron durante años.
Whoopi sí lo recuerda.
Y no lo recuerda con rabia, que también sería comprensible. Lo recuerda como contexto. Como el punto de partida que hace que el resto de la historia tenga sentido.
El EGOT no es el final feliz de una historia triste. Es lo que pasa cuando alguien se niega a aceptar que la etiqueta que le pusieron con diez años define lo que puede conseguir con cuarenta.
No es magia chamánica. No es que el talento siempre triunfe. Es que a veces el cerebro que no encajaba en ningún sitio encuentra su sitio. Y cuando lo encuentra, no hay quien lo pare.
Si llevas tiempo con la sospecha de que tu cerebro funciona diferente, y nadie te ha dado todavía una explicación que tenga sentido, empieza por aquí.
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