Olvido la ropa en la lavadora y la descubro tres días después

Pusiste la lavadora. Te olvidaste. Tres días después huele a humedad. No es dejadez. Tu cerebro tiene un problema con lo que no ves.

Pones la lavadora. Te sientes productivo. "Mira, hoy sí que hago cosas." Te vas al salón, abres el portátil, te metes en algo, y el mundo de la lavadora deja de existir.

No es que decidas ignorarla. Es que literalmente desaparece de tu cabeza. Como si nunca hubiera pasado. Como si la persona que puso la lavadora fuera otra persona distinta a la que ahora está viendo vídeos en el sofá.

Tres días después abres la lavadora porque necesitas meter otra carga. Y ahí está. La ropa. Hecha una bola. Con ese olor a humedad que ya no se quita ni con dos lavados más. Y te preguntas: ¿cómo es posible que se me olvidara?

¿Por qué desaparece de mi cabeza algo que acabo de hacer?

Porque tu cerebro funciona con una regla muy sencilla: lo que no está delante no existe.

No es una exageración. Para algunos cerebros, la permanencia en la memoria depende de la permanencia en el campo visual o en el contexto activo. Si sales de la cocina donde está la lavadora y te vas al salón, el contexto cambia. Y con el contexto, cambia lo que tu cerebro mantiene activo.

Es como cambiar de canal en la tele. Estabas en el canal de la lavadora. Cambiaste al canal del portátil. Y el canal de la lavadora ya no emite. No se ha borrado del todo, está ahí en algún sitio, pero tu cerebro no va a volver a sintonizarlo por su cuenta. Necesita que algo se lo recuerde.

Y eso es exactamente lo que falla. El recordatorio interno, la alarma mental que debería sonar a los 45 minutos diciendo "oye, la ropa", no salta. Tu cerebro no tiene esa función de temporizador fiable. Pones cosas en marcha y confías en que tu cabeza te avisará cuando terminen. Pero tu cabeza está ocupada con lo que sea que estés haciendo ahora y no mira hacia atrás.

El patrón de "fuera de la vista, fuera de la mente"

Esto no es solo la lavadora. Es todo.

La comida que dejaste en el horno. El agua que pusiste a hervir. El paquete que tenías que devolver antes del viernes. Las pastillas que dejaste en la mesilla para acordarte de tomarlas y que siguen ahí sin tomar tres días después.

Todo lo que depende de que recuerdes algo que no está en tu campo de atención inmediato es candidato a desaparecer. Porque tu memoria de trabajo funciona como una mesa muy pequeña: lo que no cabe, se cae. Y la lavadora no cabe cuando estás metido en otra cosa.

A mí me pasa una cosa muy concreta con esto. Pongo la lavadora, y en mi cabeza hay un período de gracia de unos cinco minutos donde todavía recuerdo que la he puesto. Pero si en esos cinco minutos algo captura mi atención, una notificación, una idea, una conversación, la lavadora se va. Y no vuelve hasta que algo me la recuerda.

Es como esos personajes de película que les borran la memoria con un destello. Solo que el destello es mi móvil vibrando.

¿Y no puedes simplemente poner una alarma?

Sí. Puedo. Y es lo que hago ahora. Pero déjame que te cuente lo que pasa antes de llegar a esa solución.

Primero pasas años sin poner alarma porque piensas "venga, esto es fácil, me voy a acordar". No te acuerdas. Ropa con humedad. Segundo lavado. Frustración.

Luego empiezas a poner alarmas. Pero a veces te olvidas de poner la alarma. Porque para poner la alarma necesitas recordar que tienes que ponerla. Y si tu cerebro ya olvidó la lavadora, también olvidó la alarma de la lavadora.

Y cuando sí pones la alarma y suena, a veces la silencias pensando "voy ahora" y nunca vas. Porque "voy ahora" es otra promesa que tu cerebro hace y no cumple.

La solución que a mí me funciona es no darme opciones. Alarma con sonido insoportable que no se puede silenciar sin levantarte. O mejor: poner la lavadora solo cuando sé que voy a estar cerca para escuchar cuando termine. Limitar las variables. No confiar en la buena voluntad de mi cerebro.

Y sobre todo: externalizar todo lo que pueda en sistemas que no dependan de mi memoria. Si algo tiene que pasar en el futuro, no puede vivir en mi cabeza. Tiene que vivir en mi teléfono, en un post-it, en una alarma. Donde sea menos en mi cabeza.

Quizá no es que seas un desastre

Si te identificas con esto, con el patrón de poner cosas en marcha y olvidarte de que existen, de vivir en un presente absoluto donde lo que no ves no existe, de descubrir comida olvidada en la nevera, ropa olvidada en la lavadora, mensajes olvidados en el móvil...

Hay una posibilidad de que esto no sea un defecto de carácter. En muchos casos es un síntoma de TDAH en adultos. La memoria prospectiva, la que se encarga de recordar hacer cosas en el futuro, funciona diferente. Y no es algo que se arregle con disciplina o con "poner más atención".

No es diagnóstico. No sustituye a un profesional. Pero cuando entiendes por qué te pasa, dejas de culparte por la ropa con humedad y empiezas a montar el sistema que necesitas. Porque a muchos nos cuesta más que a los demás y no es por vagos. Es por cómo funciona nuestro cerebro.

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