Reacciono primero y pienso después: siempre al revés
Saltas antes de mirar. Contestas antes de pensar. Y cuando te das cuenta, ya es tarde. No es falta de educación. Es un patrón que no controlas.
Tu compañero dice algo que te parece injusto. Y antes de que tu cerebro tenga tiempo de procesar la información, analizar el contexto y formular una respuesta proporcionada, tu boca ya está hablando. Y lo que sale no es precisamente diplomacia.
Y tres segundos después, mientras la otra persona te mira con cara de "pero qué acaba de pasar", tu cerebro llega por fin al partido. Y piensas: "No. Eso no era lo que quería decir. No así. No ahora. No con ese tono."
Pero ya está dicho. Y no puedes des-decirlo.
¿Por qué no puedo pensar antes de hablar?
Porque hay un desfase entre tu emoción y tu razón. Y no es un desfase pequeño. Es un desfase de un camión con remolque.
Imagínate que tu cerebro tiene dos departamentos. El departamento de "sentir" y el departamento de "pensar". En la mayoría de gente, el departamento de sentir envía un memo al departamento de pensar, el departamento de pensar lo revisa, lo aprueba o lo modifica, y entonces sale la respuesta. Un proceso civilizado. Ordenado. Aburrido.
En tu cerebro, el departamento de sentir no envía memos. El departamento de sentir tiene acceso directo al micrófono. Y cuando siente algo, lo dice. Sin pasar por revisión. Sin filtro. Sin esa pausa de medio segundo que la mayoría de gente tiene y que tú no sabes de dónde sacan.
Ese medio segundo. Ese puñetero medio segundo que te falta entre la emoción y la acción. Ese medio segundo que haría que en vez de decir "eso es una gilipollez" dijeras "no estoy de acuerdo con eso".
Las consecuencias que se acumulan
No es solo hablar. Es contestar un mensaje enfadado y arrepentirte al minuto. Es comprar algo impulsivamente y darte cuenta a la media hora. Es decir que sí a un compromiso que no quieres y no poder echarte atrás. Es cortar una conversación porque te ha picado algo y luego no saber cómo volver.
Y cada vez que pasa, te prometes que la próxima será diferente. "La próxima vez me callo. La próxima vez respiro. La próxima vez pienso antes de hablar."
Pero la próxima vez es exactamente igual. Porque no es una decisión. Es una reacción. Es tu cerebro saltándose el paso de "piénsalo" e yendo directamente a "actúa". Y tú no puedes hacer una pausa que tu cerebro no tiene programada.
Y lo que se acumula no son solo las situaciones. Es la culpa. Es la vergüenza. Es esa colección de momentos que repasas a las dos de la mañana pensando "¿por qué dije eso?". Momentos que los demás probablemente ya han olvidado pero que tú guardas como si fueran crímenes de guerra.
¿Es impulsividad o es falta de autocontrol?
A ver, diferencia importante. Falta de autocontrol implica que tienes el control y decides no usarlo. Impulsividad es que el tren ya ha salido de la estación antes de que tú puedas tocar el freno.
Y hay una diferencia enorme entre las dos cosas. La primera es una elección. La segunda es neurología.
Si te pasa que las emociones se mezclan y no sabes qué sientes, añádele que la reacción llega antes que la comprensión y tienes un cocktail explosivo. No sabes qué sientes, pero ya has reaccionado a lo que sea que sientes. Y luego toca recoger los pedazos.
Y la gente te dice: "Contrólate". "Piensa antes de hablar". "Cuenta hasta diez". Y tú quieres gritar: "¿Tú crees que no lo intento?" Porque lo intentas. Cada día. Y la mayoría de las veces funciona. Pero cuando la emoción es fuerte, cuando algo te pilla desprevenido, cuando estás cansado o estresado, el filtro desaparece. Y vuelves a ser el tío que "no piensa antes de hablar".
Quizá hay una explicación que nadie te ha dado
Mira, te voy a ser directo. Esa reactividad. Esa impulsividad verbal. Esa incapacidad de meter una pausa entre lo que sientes y lo que haces. No es mala educación. No es falta de inteligencia emocional. Es un cerebro que tiene el sistema de regulación emocional configurado de forma diferente.
Se llama TDAH. Y la impulsividad es uno de sus tres pilares. No solo la impulsividad de levantarte de la silla. La impulsividad emocional. La de reaccionar antes de pensar. La de decir cosas que no querías decir. La de sentir todo a velocidad de vértigo y no poder frenar.
No soy tu médico y esto no sustituye una evaluación profesional. Pero si esto te suena y además te sientes como que te cuesta todo más que a los demás, puede que haya algo que merece la pena explorar.
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