Compro cosas que no necesito por un impulso de 3 segundos

Abres Amazon sin plan, compras algo que no necesitas y al día siguiente no sabes ni por qué. No es capricho. Hay algo más detrás.

El otro día me llegó un paquete a casa. Lo abrí. Dentro había un soporte para auriculares con luces LED que cambian de color. No recuerdo haberlo comprado. O sea, claramente lo compré yo porque estaba a mi nombre y con mi tarjeta. Pero si me preguntas en qué momento exacto decidí que necesitaba un soporte de auriculares con luces que cambian de color, no tengo respuesta.

Y no es la primera vez.

Tengo un cajón en casa que debería llamarse "el museo de los impulsos de 3 segundos". Hay un cubo de Rubik que nunca resolví. Un libro de cocina japonesa que no abrí. Un stylus para una tablet que no tengo. Y un organizador de cables que sigue en su caja. Literal.

¿Por qué compro cosas que no necesito?

A ver, lo fácil sería decirte que es consumismo, que vivimos en una sociedad de usar y tirar, que las marcas nos manipulan. Y sí, vale, parte de eso es verdad. Pero hay una diferencia entre la persona que ve un anuncio, piensa "mola", lo añade al carrito y al día siguiente ya se le ha olvidado, y la persona que ve el anuncio, lo compra en 3 segundos sin pensar, y solo se da cuenta de lo que ha hecho cuando el paquete llega a su puerta.

Si eres del segundo grupo, bienvenido. Aquí estamos.

El problema no es que te gusten las cosas. A todo el mundo le gustan las cosas. El problema es que entre "qué interesante" y "comprado" no hay nada. No hay pausa. No hay filtro. No hay un momento en el que tu cerebro diga "espera, ¿esto lo necesitas de verdad?". Es como si la parte racional de tu cabeza llegase siempre 10 minutos tarde a la fiesta. Cuando aparece, tú ya estás con el recibo de compra en la mano.

La dopamina del clic

Pues mira, te cuento lo que pasa en tu cabeza.

Cuando ves algo que te llama la atención, tu cerebro genera dopamina. No cuando lo usas. No cuando lo recibes. Cuando lo ves y piensas "lo quiero". Ese es el momento del pico. La anticipación. El "voy a tenerlo". El clic de comprar es como rascarte un picor. Es alivio instantáneo.

El problema es que el picor vuelve. Y vuelve rápido. Porque la dopamina del objeto dura lo que dura el envío. Cuando abres la caja, ya no hay emoción. Ya no hay novedad. Es solo una cosa más que tienes y que probablemente no necesitabas.

Imagínate una máquina tragaperras. El momento en que tiras de la palanca es el momento de la emoción. No cuando ganas. Cuando tiras. Tu cerebro funciona igual con las compras. El clic es la palanca. El paquete es lo de menos.

Y cuando tus emociones van más rápido que tu capacidad de pensar, el resultado es una tarjeta de crédito que trabaja más que tú.

No es que no tengas autocontrol

Para. Antes de que te digas "es que soy un descontrolado" o "no tengo fuerza de voluntad".

Lo que pasa es que tu cerebro tiene un sistema de freno que no funciona bien. La mayoría de la gente tiene un proceso entre el impulso y la acción. Un filtro que dice "¿lo necesito? ¿puedo permitírmelo? ¿lo voy a usar?". Tú tienes el mismo proceso. Pero llega tarde. O no llega. Y no es porque seas irresponsable. Es porque la parte del cerebro que gestiona los impulsos no tiene la misma velocidad que la parte que los genera.

Es como tener un coche con un motor de 300 caballos y unos frenos de bicicleta. No es que quieras ir rápido. Es que no puedes parar.

Y fíjate en el patrón: no solo pasa con compras. Si eres de los que también dice que sí a todo sin pensar y luego no puede cumplir, es el mismo mecanismo. Impulso primero, reflexión después. En las compras se ve claro porque hay un número en la cuenta del banco. Pero pasa con todo.

¿Y qué hago con el cajón lleno de cosas inútiles?

No te voy a decir "ponte un presupuesto y síguelo". Si pudieras hacer eso, ya lo habrías hecho. El problema no es que no sepas lo que deberías hacer. Es que saberlo no es suficiente cuando tu cerebro no frena a tiempo.

Lo que sí funciona es poner fricción entre el impulso y la acción. Quitar la tarjeta guardada de Amazon. Ponerte una regla de "72 horas": si dentro de 3 días lo sigues queriendo, cómpralo. La mayoría de las veces ni te acordarás. Porque el impulso ya pasó.

Parece una tontería, pero funciona. No porque te dé más disciplina, sino porque le da tiempo a la parte racional de tu cerebro para llegar a la fiesta antes de que la fiesta haya terminado.

Quizá no es solo un mal hábito

Mira, te voy a decir algo.

Esa impulsividad con las compras, esa incapacidad de poner pausa entre el "lo quiero" y el "lo compro", esa sensación de que no controlas tus propias decisiones en el momento en que las tomas...

Hay bastante gente a la que le pasa. Y no es falta de educación financiera. No es que tu madre no te enseñara a ahorrar. En muchos casos es algo que te hace sentir que todo te cuesta más que a los demás y tiene un nombre concreto.

Se llama TDAH. Y uno de sus rasgos menos conocidos es la impulsividad. No solo la física. La impulsividad en las decisiones. En las palabras. En las compras. En todo lo que requiere un freno entre el impulso y la acción.

No estoy diciendo que sea tu caso. Esto no sustituye una evaluación con un profesional. Pero si llevas años peleándote con un cajón lleno de cosas que no recuerdas haber comprado, quizá merece la pena mirar un poco más allá del "es que soy impulsivo".

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