Se me olvida recoger la ropa tendida y la descubro 3 días después

Tendiste la ropa el lunes. Es jueves. La ropa sigue ahí. Se ha secado, se ha mojado y se ha vuelto a secar. Dos veces.

Tendí la ropa el lunes. Estamos a jueves. La ropa sigue en el tendedero. Se ha secado. Ha llovido. Se ha vuelto a secar. Ha vuelto a llover. Se ha secado otra vez. Ha vivido más experiencias meteorológicas que yo esta semana.

Y no es que la haya visto y haya dicho "bah, ya la recojo luego". Es que no la he visto. No existe en mi universo mental. La tendí, cerré la puerta del balcón, y desapareció de mi cabeza como si nunca hubiera pasado.

Hasta que abro el balcón para otra cosa y ahí está. Mirándome. Juzgándome. Con esa arruga que ya no se quita ni planchando.

¿Por qué se olvida algo que está literalmente a 3 metros de ti?

Porque "fuera de la vista, fuera de la mente" no es una frase hecha. Es una descripción literal de cómo funciona la memoria de ciertas personas. Si no lo ves, no existe. Si no está en tu campo de visión directa, tu cerebro lo borra del inventario.

La ropa tendida está detrás de una puerta. Al otro lado de un cristal. En un espacio que no es tu espacio de actividad. Y tu cerebro tiene una regla simple: si no es lo que estoy haciendo ahora mismo, no me interesa.

Es como esos archivos del ordenador que guardas en una carpeta y nunca más vuelves a abrir. Están ahí. Técnicamente existen. Pero para todos los efectos prácticos, han desaparecido.

El problema de las tareas con retraso

Lo que hace especial a "recoger la ropa" es que tiene un delay. No es una tarea de hacer ahora. Es una tarea de hacer después. Y las tareas de "hacer después" son el talón de Aquiles de un cerebro que vive en el presente absoluto.

Porque tu cerebro entiende "ahora" y "no ahora". Y todo lo que es "no ahora" va al mismo cajón. Da igual si es dentro de 2 horas o dentro de 2 semanas. Para tu cerebro, "no ahora" es "no".

Y por eso la ropa se queda 3 días. Porque cada vez que piensas en ella (si piensas), tu cerebro dice "ahora no". Y "ahora no" se repite hasta que descubres las sábanas convertidas en un experimento arqueológico.

Esto es lo mismo que le pasa a la gente que entra a una habitación y olvida para qué. Tu cerebro vive en el instante, y todo lo que requiere una conexión temporal entre dos momentos distintos se pierde por el camino.

Lo que me funciona (y lo que no)

No me funcionan las alarmas. Ya lo he contado. Mi cerebro las silencia como si fueran publicidad.

Lo que sí me funciona es lo visual agresivo. Pongo el cesto de la ropa vacío delante de la puerta del balcón, en el suelo del salón. Es molesto. Estorba. Cada vez que paso, lo veo y pienso "ah, la ropa". No siempre la recojo en ese momento. Pero al menos no se me olvida que existe.

También funciona la regla del bucle. Si meto la lavadora, la siguiente tarea empieza por tender. Si tiendo, la siguiente tarea empieza por poner la alarma para recoger. Si pongo la alarma... bueno, ahí ya es otra historia.

El punto es que cada tarea tiene que empujar a la siguiente. Porque si dejas un hueco, un espacio donde tu cerebro tiene que recordar algo por su cuenta, ese hueco se convierte en un agujero negro.

Y mira, si te olvidas de todo sin saber por qué, si las tareas domésticas simples se convierten en un desafío no porque no puedas hacerlas sino porque no recuerdas que existen, eso tiene más significado del que parece.

No soy médico. Pero si tu ropa tendida tiene más horas de sol que tú esta semana, quizá valga la pena preguntarte por qué.

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