Olvido cumpleaños de gente que quiero y me siento horrible

No es que no te importen. Es que tu cerebro no guarda las fechas. Y cuando te acuerdas al día siguiente, la culpa ya ha hecho su trabajo.

Mi madre cumple años. Lo sé. Sé que es en octubre. ¿El día exacto? Lo tengo en la punta de la lengua. ¿El 15? ¿El 17? Espera, creo que es el 16. No. No estoy seguro.

Y hablo de mi madre. De la persona que me trajo al mundo. Si no me acuerdo de su cumpleaños exacto sin mirar el móvil, imagínate el de los demás.

He olvidado cumpleaños de amigos que me importan. De primos que quiero. De personas que se acordaron del mío y me mandaron un mensaje a las doce de la noche. Y yo, nada. Ni un mensaje. Ni al día siguiente. Porque cuando me acuerdo ya ha pasado una semana y mandar un "felicidades con retraso" se siente tan patético que mejor no mando nada.

Y eso es peor. Porque el silencio duele más que el retraso.

¿Por qué se me olvidan las fechas de gente que quiero?

Porque las fechas son información abstracta. Y tu cerebro no guarda información abstracta.

Piénsalo. Un cumpleaños es un número. Un día del calendario. No tiene olor, no tiene sonido, no tiene emoción asociada hasta que llega el momento. Y tu cerebro almacena las cosas por emoción y contexto, no por números.

Puedes recordar perfectamente la cara de tu amigo cuando sopló las velas el año pasado. Recuerdas la tarta, el sitio, la conversación. Pero la fecha, el puñetero 23 de marzo o lo que sea, no se queda.

Es como intentar recordar un número de teléfono. Antes los memorizábamos porque los usábamos todo el rato. Ahora no memorizamos ni el nuestro. Porque la información que no se usa se pierde. Y las fechas de cumpleaños las necesitas una vez al año. Tu cerebro no prioriza algo que solo es relevante 24 horas de cada 365.

Pero claro, prueba a explicarle eso a alguien que está esperando tu mensaje y no le llega. Para esa persona, olvidar su cumpleaños significa que no le importas. Y tú sabes que no es verdad. Pero el resultado es el mismo.

¿Es solo con los cumpleaños o con todo?

Pues mira, normalmente no es solo con los cumpleaños.

Si se te olvidan los cumpleaños, probablemente también se te olvidan aniversarios, citas con el médico, devolver cosas que te prestaron, llamar a alguien cuando dijiste que ibas a llamar. Es un patrón de "olvido las cosas que no están delante de mis narices".

Y eso afecta a las relaciones. Porque las relaciones se mantienen con esos pequeños gestos. Un mensaje. Una felicitación. Un "oye, ¿qué tal estás?". Y si tu cerebro no te recuerda que tienes que hacerlos, poco a poco desapareces de la vida de la gente sin querer.

No porque no te importen. Sino porque tu cerebro no tiene alarma para "mantener relaciones". No hay una notificación interna que diga "llevas tres semanas sin hablar con tu amigo Carlos". O sí la hay, pero suena a las tres de la mañana cuando no puedes hacer nada.

Lo que hago para no olvidar (tanto)

No te voy a decir que he solucionado esto porque mentiría. Pero he mejorado. Y la mejora ha sido aceptar que mi cerebro no va a recordar las fechas y dejar de confiar en él.

Lo primero que hice: meter todos los cumpleaños en el calendario del móvil con alarma el día antes. No el mismo día. El día antes. Porque si me avisa a las nueve de la mañana del cumpleaños, probablemente lo veo, me digo "luego le mando un mensaje" y luego no se lo mando. Pero si me avisa el día antes, tengo margen para preparar el mensaje.

Lo segundo: el mensaje no tiene que ser elaborado. "Felicidades, tío. Pásalo bien." Ya está. No necesitas un poema. Necesitas que la otra persona sepa que te acuerdas de ella. Y eso se consigue con diez palabras.

Lo tercero: si se te ha pasado, manda el mensaje igualmente. "Perdona el retraso, que se me fue la olla." La gente lo entiende. Lo que no entienden es el silencio.

Y si a pesar de los recordatorios y las alarmas sigues olvidando cosas, si sientes que mantener conversaciones y relaciones te cuesta un esfuerzo que otros no parecen necesitar, quizá merece la pena explorar por qué.

Porque olvidar un cumpleaños una vez es normal. Olvidar cumpleaños, citas, compromisos y fechas importantes de forma sistemática es un patrón. Y los patrones tienen explicaciones que van más allá de "soy un desastre".

Un profesional puede ayudarte a entender si tu cerebro tiene alguna forma particular de gestionar la atención y la memoria que explica por qué las fechas se te escapan. No para etiquetarte. Para que puedas montar un sistema que funcione con tu cerebro, no contra él.

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