Tengo un armario lleno de equipamiento de hobbies que abandoné
Guitarra, acuarelas, running, cámara de fotos. Todo comprado con ilusión, todo abandonado en semanas. Hay una razón detrás de ese armario.
En mi armario hay una guitarra que costó 200 euros. Unas zapatillas de running usadas tres veces. Un kit de acuarelas con los tubos casi llenos. Un cuaderno de dibujo con cuatro páginas usadas. Material de escalada de cuando iba a ser escalador. Y una cámara de fotos de cuando iba a ser fotógrafo.
Todo comprado con ilusión. Con investigación previa. Con comparativas de productos. Con la certeza absoluta de que este hobby sí era el definitivo.
Ninguno duró más de dos meses.
¿Cuántos hobbies tiene una persona normal?
No lo sé. Pero sé que la mayoría de gente no tiene un cementerio de equipamiento en el armario. La mayoría prueba algo, le gusta o no le gusta, y sigue o para. Un proceso limpio.
Lo mío es distinto. Yo no pruebo las cosas. Me obsesiono con ellas. El primer día ya he visto 40 vídeos de YouTube sobre el tema. El segundo día estoy comprando material. El tercer día me imagino siendo buenísimo en eso. Y durante unas semanas, soy una máquina.
Pero las semanas pasan. Y la máquina se para. Y el material se queda en el armario. Y yo me quedo con la misma sensación de siempre: "Otra vez."
Lo peor no es el dinero. Que también. Lo peor es la confirmación. Cada hobby abandonado es una prueba más de que soy incapaz de mantener nada. Y esa prueba pesa. Se acumula. Hasta que un día miras el armario y piensas: "¿Para qué voy a empezar algo si sé cómo acaba?"
La fase de compra es la mejor parte
Te lo digo por experiencia. El momento de comprar el material es el más emocionante de todo el hobby. Más que practicar. Más que aprender. Más que mejorar.
¿Por qué? Porque comprar es novedad pura. Es anticipación. Es tu cerebro imaginando todas las posibilidades. Cuando compras la guitarra, no estás comprando un instrumento. Estás comprando la fantasía de ser guitarrista. Y esa fantasía es pura dopamina.
El problema es que la fantasía se estrella con la realidad. La realidad es que aprender guitarra es repetir acordes hasta que te duelen los dedos. Es sonar fatal durante meses. Es practicar escalas que no tienen nada de emocionante.
Y tu cerebro, que había firmado para la fantasía, no quiere la realidad. Así que te ofrece una alternativa: "Oye, ¿y si probamos con la escalada?"
Es como hacer swipe en Tinder. La siguiente opción siempre parece mejor que trabajar en la que tienes. Y el ciclo de obsesión y abandono se repite sin que puedas pararlo.
¿Es que no me apasiona nada?
No. Para. Esa conclusión es la más dañina de todas.
Si no te apasionara nada, no sentirías lo que sientes al principio. Esa emoción es real. Esas ganas son reales. No estás fingiendo. El problema no es que no te apasionen las cosas. Es que la pasión tiene un temporizador que no controlas.
Hay gente que mantiene la pasión porque su cerebro les deja hacerlo. El interés baja un poco, pero siguen. El aburrimiento aparece, pero empujan. Su sistema les permite cruzar la meseta sin apagarse.
El tuyo no. El tuyo necesita estímulo constante. Y cuando el estímulo desaparece, la pasión se va con él. No porque no te importara. Porque tu motor se quedó sin gasolina.
Si miras tu historial de cosas empezadas y no terminadas, verás que el patrón es siempre el mismo. No importa el hobby. No importa la actividad. Lo que importa es la fase. La fase nueva mola. La fase intermedia te mata.
El armario que cuenta tu historia
Cada objeto en ese armario es un intento real. Un momento en el que de verdad quisiste hacer algo. Y el hecho de que estén ahí no significa que seas un fracaso. Significa que tu cerebro tiene una forma de funcionar que nadie te explicó.
Esa forma de funcionar, en muchos adultos, tiene nombre: TDAH. No el de no quedarte quieto. El de tener un sistema de recompensa que prioriza la novedad sobre la continuidad. El de ser brillante empezando y un desastre manteniendo.
No soy tu médico. Esto no sustituye una evaluación con un profesional. Pero si tu armario se parece al mío y tus metas se enfrían antes de cumplirlas, quizá merece la pena investigar por qué.
Cuando yo entendí qué me pasaba, no vendí la guitarra. Pero dejé de comprar cosas con la expectativa de que esta vez sería diferente. Y empecé a buscar formas de mantener el estímulo cuando la novedad moría. Formas que funcionaran con mi cerebro, no contra él.
Entender por qué me cuesta todo más que a los demás fue lo que me permitió dejar de acumular equipamiento y empezar a acumular soluciones.
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