Me olvido de contestar mensajes importantes durante días

Lees el mensaje. Piensas la respuesta. Y tres días después sigues sin contestar. No es que pases de la gente. Es algo que no controlas.

Lees el mensaje. Lo lees entero. Piensas la respuesta perfecta en tu cabeza. Y entonces pasa algo. No sabes qué. Pero no contestas. No ahora. Ahora no. Luego.

Y "luego" se convierte en esta noche. Y esta noche se convierte en mañana. Y mañana se convierte en tres días. Y cuando te das cuenta, llevas una semana sin responder un mensaje que leíste, entendiste y hasta respondiste mentalmente.

Y la persona al otro lado piensa que pasas de ella. Que no te importa. Que eres borde. Y tú sabes que no es verdad. Pero no puedes explicarlo sin sonar a excusa.

¿Por qué no puedo simplemente contestar?

Esa es la pregunta del millón. Porque no es que no quieras. No es que no tengas tiempo. Y no es que el mensaje sea difícil de responder. A veces es un "sí" o un "vale" o un "perfecto". Dos segundos. Y aun así no lo haces.

Lo que pasa es que tu cerebro trata los mensajes de una forma particular. Cuando lees un mensaje, se activa. Lo procesas. Elaboras una respuesta. Y en ese momento, tu cerebro marca la tarea como "hecha". Porque para él, pensar la respuesta es lo mismo que enviarla.

Es como cuando te propones algo y sientes la satisfacción de haberlo decidido sin haberlo ejecutado. Tu sistema de recompensa se activa con la intención, no con la acción. Y una vez que tienes la recompensa, la motivación para ejecutar desaparece.

El mensaje queda en un limbo. No está pendiente, porque ya lo has procesado. Pero tampoco está contestado. Y como tu cerebro lo ha clasificado como "hecho", no te vuelve a recordar que tienes que hacerlo.

El cajón de los mensajes fantasma

Todos tenemos ese cajón. Mensajes leídos, no contestados. Algunos de hace días. Algunos de hace semanas. Algunos que ya ni puedes contestar porque ha pasado tanto tiempo que sería raro.

Y cada vez que abres WhatsApp y ves ese nombre ahí, sientes una mezcla de culpa y parálisis. Culpa porque sabes que deberías haber contestado hace tiempo. Parálisis porque ahora, encima, tienes que justificar el retraso. Y eso lo convierte en una tarea más grande de lo que era al principio.

Un mensaje de dos palabras se convierte en un mensaje de dos párrafos porque ahora tienes que pedir perdón, explicar por qué has tardado, y encima contestar lo que te preguntaban. Y tu cerebro mira eso y dice: "mejor mañana".

Es exactamente lo que pasa cuando los emails se te acumulan. El mismo mecanismo, diferente plataforma. La deuda crece con cada día que pasa.

Las relaciones que sufren sin que nadie entienda por qué

Esto no es solo un tema de productividad. Es un tema de relaciones.

Porque cuando no contestas mensajes, la gente no piensa "tiene un problema con la memoria de trabajo". La gente piensa que no te importa. Y con el tiempo, dejan de escribirte. O te escriben menos. O asumen que eres de los que "pasa de la gente".

Y lo peor es que tú lo ves pasar. Ves cómo las relaciones se enfrían. Ves cómo la gente se distancia. Y sabes que es por tu culpa. Pero no sabes cómo arreglarlo. Porque no puedes prometer que la próxima vez contestarás a tiempo. Porque llevas años prometiéndotelo y nunca funciona.

Si esto también afecta a tu capacidad de mantener conversaciones largas, tiene todo el sentido del mundo. No es que no te importen las personas. Es que tu cerebro tiene un límite de procesamiento social que la mayoría no tiene.

Hay una razón que no es "eres mala persona"

A ver. Déjame que te diga algo.

No contestar mensajes de forma sistemática. Leer y no responder. Tener la respuesta en la cabeza y no ejecutarla. Sentir que cada mensaje pendiente es una piedra que te aplasta. Eso no es ser borde. No es ser vago. No es pasar de la gente.

Es un problema de iniciación de tarea. Tu cerebro necesita un empujón para pasar de "lo he pensado" a "lo he hecho". Y ese empujón, en cerebros neurotípicos, viene solo. En otros cerebros, no.

Esto es algo que ocurre con mucha frecuencia en personas con TDAH. La memoria de trabajo falla, la iniciación de tarea se bloquea, y lo que debería ser un gesto de dos segundos se convierte en una montaña emocional. Si quieres entender mejor cómo funciona la memoria selectiva con TDAH, verás que tu cerebro no olvida todo. Solo lo que no genera suficiente estímulo para mantenerse activo.

No soy tu médico. Esto no sustituye una evaluación profesional. Pero si llevas toda la vida sintiéndote culpable por no contestar mensajes, y encima sintiéndote peor porque no puedes explicar por qué, quizá no necesitas más disciplina. Quizá necesitas entender por qué te cuesta todo más que a los demás.

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