Llevo meses queriendo empezar algo y sigo sin empezar
Llevas meses con esa idea en la cabeza y sigues sin dar ni un paso. No es que no quieras. Es que algo en tu cerebro no arranca. Y tiene explicación.
Llevas meses con eso en la cabeza.
No es algo nuevo. No es una idea de ayer. Es algo que llevas semanas, quizá meses, quizá un año entero diciéndote que vas a empezar. Y sigues exactamente donde estabas cuando lo pensaste por primera vez.
No más cerca. No más lejos. Congelado.
¿Qué está pasando realmente?
Porque si alguien te pregunta si quieres hacerlo, dices que sí. Sin dudarlo. Lo quieres. De hecho, es lo primero que piensas algunas mañanas. "Hoy empiezo." Y hay días que incluso abres el ordenador con toda la intención del mundo. Y luego pasa algo. O no pasa nada. Y llegas al final del día sin haber dado ni un paso.
Y llegas al final del mes en el mismo sitio.
Y llegas al final del año pensando que eres un caso perdido.
No eres un caso perdido. Pero lo que te está pasando tampoco es normal, o sea, no en el sentido de "todo el mundo lo pasa". Hay algo específico que está haciendo que esto no arranque, y no tiene nada que ver con las ganas.
La trampa de "cuando tenga tiempo"
A ver, vamos por partes.
Lo primero que la gente se dice cuando no empieza algo es: "Es que no tengo tiempo." Y hay veces que es verdad. Pero la mayoría de veces no es eso. Porque si tuvieras tiempo y siguieras sin hacerlo, cosa que me apostaría lo que fuera que ya ha pasado, entonces el problema no es el tiempo.
El problema es otra cosa.
Mira, yo llevo años con un documento en mi ordenador que se llama "ideas de proyectos". Un documento absolutamente ridículo con 47 ideas anotadas en distintos momentos de entusiasmo. Ideas con las que me puse eufórico cuando las tuve. Ideas que parecían la hostia. Y que llevan ahí, en ese documento, esperando a que yo haga algo con ellas.
¿Qué pasó con cada una? Pues lo mismo de siempre. El primer día hay chispa. El segundo día todavía. El tercero me distraigo. El cuarto ya no recuerdo por qué me parecía tan buena idea. Y a la semana siguiente estoy anotando una idea nueva en el mismo documento.
El documento sigue creciendo. Los proyectos siguen sin empezar.
Por qué el primer paso se vuelve imposible
Hay una cosa que nadie te dice sobre el primer paso.
El primer paso no es difícil porque sea técnicamente complicado. Es difícil porque tu cerebro no encuentra el gancho. No hay urgencia. No hay fecha límite. No hay nadie que te esté esperando. No hay consecuencias inmediatas si no lo haces.
Y un cerebro sin urgencia es un cerebro apagado.
Te lo explico con una metáfora que uso mucho. Imagínate que tienes un coche que funciona perfectamente cuando hay cuesta abajo. Sale solo. No necesita ni que le des al arranque. Pero en llano, no arranca. Necesitas empujarlo. Y en cuesta arriba, ni empujando.
El problema no es que el coche esté roto. El problema es que el motor de ese coche no funciona con la gasolina normal. Necesita otro tipo de combustible. Y tú llevas meses intentando arrancar con gasolina que a ese coche no le sirve.
¿Qué gasolina necesita? Urgencia. Interés real. Novedad. Presión externa. Sin alguna de esas cosas, no arranca. Y el proyecto sigue en el documento de ideas.
¿Y qué pasa con las cosas que sí empiezas?
Aquí viene la parte interesante.
Porque si piensas un momento, hay cosas que sí empiezas. Sin esfuerzo. Sin necesitar motivarse. Sin listas de tareas. Hay proyectos que arrancan solos, de hecho tan solos que a veces ni te das cuenta de cómo empezaron, y de repente llevas horas dentro.
¿Cuál es la diferencia entre esas cosas y las que llevan meses sin empezar?
El interés. La novedad. La urgencia. O las tres.
Y ojo, esto no significa que seas vago con unas cosas y aplicado con otras. Significa que tu sistema de atención funciona con combustible específico, y cuando ese combustible no está presente, da igual cuánto quieras hacerlo. No arranca.
La gente que no tiene este problema puede forzarse a empezar cosas aburridas. Pueden elegir conscientemente ponerse con algo aunque no tengan ganas. A nosotros ese mecanismo nos falla. Y el motivo por el que te cuesta todo más que a los demás no es fuerza de voluntad, es que tu sistema de regulación de la atención funciona con otras reglas.
El bucle mental que te tiene atascado
Hay otra cosa que se suma a todo esto.
Llevas meses sin empezar, lo que significa que llevas meses diciéndote que deberías empezar. Y ese "debería" se va acumulando. Se convierte en una losa. Y cuanto más pesa la losa, más difícil es moverla.
Es decir: cuanto más tiempo llevas sin empezar algo, más grande se vuelve en tu cabeza, más urgente parece, más te agobia, y paradójicamente más imposible se vuelve dar el primer paso. Porque ya no es solo el proyecto. Es el proyecto más el peso de todos los meses que has estado sin hacerlo.
Es la parálisis que te entra antes de empezar cualquier cosa: lo que en tu cabeza debería ser un primer paso pequeño se convierte en una avalancha enorme que tienes que esquivar.
Y claro. Esquivar es más fácil que enfrentarte a ella.
Así que sigues esquivando. Día tras día. Mes tras mes. Y el proyecto sigue ahí, exactamente donde estaba.
Lo más confuso: procrastinas cosas que quieres hacer
Esto es lo que más me costó entender.
Entiendo que procrastines cosas que no te apetecen. Las declaraciones de la renta. Los emails difíciles. Las conversaciones incómodas. Eso tiene sentido. Pero ¿cómo se explica que procrastines cosas que quieres hacer? ¿Cosas que te ilusionan? ¿Proyectos con los que te emocionas cuando los piensas?
Eso no tiene sentido en la lógica normal. Y sin embargo lo haces.
Procrastinar cosas que quieres hacer y que no tienen ningún sentido procrastinar
Y eso, en muchos casos, tiene nombre.
Puede que tu cerebro funcione con otras reglas
Voy a decirte algo que a lo mejor ya sospechas.
Esa incapacidad de empezar que llevas meses viviendo. Esa sensación de que quieres pero no puedes. Ese bucle de entusiasmo inicial y bloqueo total después. Esa diferencia enorme entre lo que piensas que vas a hacer y lo que acabas haciendo.
Hay bastante gente a la que le pasa exactamente lo mismo. Y en muchos casos, eso tiene nombre. Se llama TDAH. No el de los niños que no paran quietos en clase, que es la imagen que todo el mundo tiene. El de los adultos que sacan las cosas adelante, que compensan, que funcionan bien en contextos con presión externa pero se bloquean completamente en cuanto tienen que ponerse solos con algo que depende únicamente de ellos.
Puede que sea tu caso. Puede que no. No soy médico y esto no sustituye un diagnóstico profesional. Si sospechas que puede estar pasando algo así, lo que necesitas es hablar con un psicólogo o psiquiatra que sepa de esto, no quedarte dándole vueltas solo.
Pero lo que sí puedo decirte es lo que me cambió a mí. Cuando entendí que mi problema no era motivación ni disciplina sino regulación, dejé de intentar arreglarlo con más esfuerzo. Y empecé a arreglarlo con estructura. No es lo mismo.
No necesitas más ganas. Necesitas entender qué tipo de gasolina necesita tu motor.
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Si te reconoces en esto, puede que valga la pena empezar por entender cómo funciona tu cerebro. Tengo un test de TDAH con 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No es un diagnóstico, es un punto de partida para dejar de culparte y empezar a hacerte las preguntas correctas.
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