Los 21 días para crear un hábito no funcionan conmigo

Te dijeron que 21 días bastan para crear un hábito. Llevas años intentándolo y nunca has llegado ni al día 15.

21 días. Eso es lo que dicen que necesitas para crear un hábito. Solo 21 días. Tres semanas. Nada. Pan comido.

Llevo 15 años intentando crear hábitos y el máximo que he conseguido mantener uno de forma consistente ha sido 11 días. Once. Ni siquiera he llegado a la mitad del dichoso plazo. Y mira que lo he intentado.

Lo de los 21 días se lo inventó un cirujano plástico en los años 60 que observó que sus pacientes tardaban unas tres semanas en acostumbrarse a su nueva nariz. De ahí saltó a los libros de autoayuda y se convirtió en la verdad universal sobre hábitos. Que nadie se molestó en comprobar durante décadas, pero eso es otra historia.

Estudios más recientes (University College London, 2009) dicen que la media real es 66 días. Sesenta y seis. Y que hay personas que necesitan hasta 254 días para automatizar un hábito. Doscientos cincuenta y cuatro. Que eso son más de ocho meses.

Si no puedes mantener un hábito 21 días, imagina 254.

¿Por qué los 21 días son una mentira para ciertos cerebros?

Porque la premisa es incorrecta. Los 21 días asumen que si repites algo lo suficiente, se automatiza. Y eso es verdad para la mayoría de la gente. Pero hay cerebros donde la automatización no funciona así.

En algunos cerebros, la repetición no genera automatización. Genera tedio. Y el tedio no es un inconveniente menor. El tedio es un muro de hormigón que bloquea la ejecución. Puedes saber perfectamente lo que tienes que hacer, puedes querer hacerlo con toda tu alma, pero si tu cerebro lo percibe como tedioso, no te va a dejar.

Es como intentar abrir una puerta empujando cuando hay que tirar. Puedes empujar con toda tu fuerza. No va a abrirse. No es un problema de fuerza. Es un problema de mecanismo.

La culpa de no llegar a 21

Esto es lo que más daño hace. Porque cada vez que te dicen "solo son 21 días" y tú fallas el día 7, sacas la conclusión lógica: "si solo son 21 días y yo no puedo ni hacer 7, soy un desastre total".

Pero esa conclusión es falsa. No eres un desastre. Estás jugando con reglas que no aplican a tu cerebro. Es como si te dijeran "solo tienes que correr 10 km" y tú tuvieras una piedra en el zapato que nadie ve. Claro que no puedes. Pero no porque seas débil, sino porque tienes una piedra en el zapato que los demás no tienen.

Y la piedra no es pereza. No es falta de disciplina. No es que no quieras. Es que te cuesta más que a los demás. Y nadie te ha explicado por qué.

¿Y entonces cuántos días necesito yo?

Pues no sé. Y esa es la respuesta honesta.

Lo que sí sé es que el enfoque de "cuenta los días" no funciona para cerebros que necesitan novedad. Porque contar los días convierte el hábito en una carrera de resistencia. Y la resistencia es exactamente lo que a tu cerebro se le da peor.

Lo que a mí me funciona es no contar. No llevar la racha. No marcar los días en un calendario. Porque el día que rompo la racha, mi cerebro dice "ya se ha roto, para qué seguir" y abandono todo. Es el efecto de "todo o nada" que me hace empezar y no terminar nada.

En vez de eso, trato cada día como independiente. ¿Hoy puedo hacerlo? Lo hago. ¿Hoy no puedo? No lo hago. Y mañana vuelvo a evaluar. Sin racha. Sin presión. Sin la culpa de haber roto los 21 días sagrados.

No es perfecto. A veces hay más días que no que días que sí. Pero la media va subiendo con el tiempo. Y subir sin presión es más sostenible que forzar una racha que se rompe a los 11 días y te hace sentir que has fracasado otra vez.

Esto no sustituye la evaluación de un profesional. Si este patrón se repite en todas las áreas de tu vida, merece la pena hablarlo con alguien.

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Si quieres entender por qué los 21 días no funcionan para ti, tengo un test de 43 preguntas que te puede dar claridad sobre cómo funciona tu atención. Hacer el test TDAH.

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