Llego a casa y no sé qué he hecho en todo el día

Son las 9 de la noche. Has estado ocupado todo el día. Te preguntan qué hiciste y no puedes decir nada concreto.

Son las 9 de la noche. Has estado "ocupado" todo el día. Te preguntan qué has hecho y no puedes decir nada concreto. El día se ha evaporado.

No es que no hayas hecho cosas. Has hecho muchas. El problema es que no recuerdas cuáles. Ni en qué orden. Ni cuánto tiempo te llevaron. Es como si las últimas 12 horas fueran un borrón donde pasaron cosas pero ninguna dejó huella.

Y te quedas ahí, en el sofá, con la sensación de haber corrido una maratón sin haber movido nada de sitio.

¿Por qué no recuerdas qué has hecho en todo el día?

Porque tu cerebro no graba secuencialmente. No funciona como una cámara que registra todo en orden. Funciona como una cámara que se enciende y se apaga sola, sin patrón, y al final del día tienes 200 fragmentos de 3 segundos sin conexión entre ellos.

Y cuando intentas reconstruir el día, es como montar un puzzle con la mitad de las piezas perdidas. Sabes que hiciste algo por la mañana. Algo con el ordenador, probablemente. Contestaste algún mensaje. Fuiste a algún sitio. O quizá no fuiste a ningún sitio. No estás seguro.

No es un problema de memoria a largo plazo. Es un problema de codificación. Tu cerebro no codifica los momentos ordinarios. Solo graba lo novedoso, lo emocional, lo que genera impacto. Y la mayoría de un día normal no tiene nada de eso. Así que no se graba. Y al final del día, el disco duro está casi vacío.

Esto conecta directamente con esa sensación de que el tiempo se te escapa sin hacer nada. El tiempo pasa, las horas se acumulan, pero al final no hay nada que mostrar. No porque no hayas hecho nada, sino porque tu cerebro no registró lo que hiciste.

La ocupación fantasma

Esto es lo que me fascina de este patrón. Porque no has estado tirado en el sofá todo el día. Has estado ocupado. Genuinamente ocupado. Has hecho cosas. Has movido cosas. Has respondido a cosas. Pero todo fue tan fragmentado, tan disperso, tan sin hilo conductor, que al final no queda una narrativa coherente.

Imagina que tu día es una conversación con 15 personas distintas pero con ninguna más de 4 minutos. Al final del día, has hablado mucho pero no puedes resumir ninguna conversación porque ninguna tuvo suficiente profundidad como para grabarse.

Eso es lo que pasa con las tareas. Empiezas algo, cambias a otra cosa, vuelves a lo primero, te interrumpe algo, haces un recado, contestas un mensaje, abres el ordenador, cierras el ordenador. Muchas cosas. Ninguna completa. Ninguna con suficiente peso como para que tu cerebro diga "esto fue significativo, lo guardo".

Y al final del día, la pregunta "¿qué has hecho?" se convierte en una pregunta imposible. Porque la respuesta honesta es "muchas cosas" pero no puedes nombrar ninguna. Y eso suena a excusa, pero no lo es.

Cuando alguien te pregunta y no sabes qué decir

Esta es la parte social que duele.

Tu pareja, tu amigo, tu madre, tu compañero de trabajo. Te preguntan "¿qué tal el día?" o "¿qué has hecho hoy?" Y te quedas en blanco. Literalmente en blanco. Porque la pregunta requiere que recuperes información que tu cerebro no guardó.

Y tienes dos opciones. Decir "nada" (que es mentira y suena a vago). O intentar reconstruir algo (que suena a improvisación porque lo es). Y ninguna de las dos te deja bien.

Porque la persona que pregunta no entiende cómo puedes haber estado ocupado todo el día y no saber qué has hecho. Para ella es como decir "he estado en algún sitio pero no sé dónde". No computa.

Y tú no puedes explicarlo porque ni siquiera tú lo entiendes del todo. Solo sabes que estás cansado, que el día se ha ido, y que no tienes nada que mostrar.

El fantasma de la productividad

Lo complicado de esto es la sensación que deja.

Porque si no recuerdas qué has hecho, tu cerebro asume que no has hecho nada. Y si no has hecho nada, eres improductivo. Y si eres improductivo, eres vago. Y si eres vago, algo está mal contigo.

Pero esa cadena lógica es falsa. Hiciste cosas. Tu cerebro simplemente no las registró. No eres improductivo. Eres alguien cuyo sistema de registro falla con las tareas rutinarias.

Y esto alimenta algo que mucha gente siente pero no sabe explicar: la sensación de que te esfuerzas más que los demás para obtener menos resultados visibles. No porque trabajes menos. Sino porque el trabajo fragmentado no deja huella. Ni en la realidad, ni en tu memoria.

Por qué algunos días sí recuerdas y otros no

Hay días que sí. Días que hiciste algo concreto, con principio y final, que te interesó o te emocionó. Esos los recuerdas. Perfectamente. Con detalles.

Y eso es lo desconcertante. Porque demuestra que tu memoria funciona. Pero solo cuando el contenido tiene suficiente carga emocional o novedad para activar la grabación.

Los días normales, los días de rutina, los días de hacer cosas que "hay que hacer" pero que no generan ningún estímulo especial, esos se evaporan. Es como si tu cerebro tuviera un filtro que dice "esto no es lo suficientemente interesante para guardarlo" y descarta el 80% del día.

Y por eso puedes recordar perfectamente esa conversación aleatoria de hace tres meses pero no qué cenaste ayer. Porque la conversación activó algo y la cena no.

Lo que me ayuda a no perder el día entero

Voy a compartir algo que hago y que me ayuda bastante. Es simple y me da un poco de vergüenza porque parece de persona que no sabe funcionar. Pero ya te digo que funciona.

Al final de cada bloque de trabajo, apunto qué hice. En una nota. En la app de notas del móvil. En un papel. Da igual dónde. Pero lo apunto. Tres líneas. "Mañana: contesté emails, escribí dos párrafos del artículo, llamé al banco." Eso es todo.

No es un diario. No es un sistema de productividad. Es un registro externo de lo que mi cerebro no va a guardar por sí solo.

Y cuando llega la noche y me pregunto "¿qué he hecho hoy?", miro la nota. Y ahí está. Todo lo que hice. En orden. Con los huecos rellenados.

Parece una tontería. Pero la diferencia entre terminar el día pensando "no he hecho nada" y terminar el día viendo que sí hiciste cosas es brutal para tu salud mental.

Porque resulta que sí haces cosas. Muchas. Tu cerebro simplemente no te lo cuenta.

Y la otra cosa: si esto te pasa no de vez en cuando sino todos los días, si esa sensación de "no sé qué he hecho" es tu estado habitual y no una excepción, eso puede tener que ver con cómo gestionas tu tiempo y tu atención a un nivel más profundo de lo que piensas.

No soy médico, no diagnostico. Pero si esto es tu día a día, puede que valga la pena hablarlo con un profesional que sí lo sea.

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