Olvidar el nombre de alguien que te acaban de presentar: TDAH en estado puro
Te presentan a alguien, sonríes, asientes... y 3 segundos después no tienes ni idea de cómo se llama. No es mala educación. Es TDAH.
"Mira, te presento a..." Y ya está. Han pasado 3 segundos. No tienes ni idea de cómo se llama. Pero estás asintiendo y sonriendo como si lo supieras.
Lo peor no es olvidarlo. Lo peor es el teatro que viene después.
Te pasas el resto de la conversación esquivando el nombre como si fuera un charco. "Oye, tú", "perdona", "eh, una cosa". O el clásico: dirigirte a otra persona del grupo para que diga su nombre y tú poder pillarlo al vuelo. Como un espía. Pero en plan cutre.
Yo he llegado a mantener conversaciones de 40 minutos con alguien sin usar su nombre ni una sola vez. Y no por frialdad. Sino porque en el momento exacto en que me lo dijeron, mi cerebro estaba procesando si esa persona me caía bien, si me gustaban sus zapatillas, si el bar en el que estábamos tenía buena pinta, si me había dejado el coche abierto y si mañana tenía que entregar algo.
Todo eso. A la vez. En los mismos 3 segundos que duraba "Hola, soy Laura".
Laura no tuvo ni una oportunidad.
¿Por qué olvido los nombres de las personas nada más conocerlas?
Porque tu cerebro no estaba grabando.
Es así de simple y así de frustrante. La memoria funciona en dos fases: primero capturas la información, y luego la almacenas. Con TDAH, la primera fase está rota. No siempre. No con todo. Pero sí con lo que tu cerebro decide que no es lo suficientemente estimulante en ese instante.
Y un nombre propio, fuera de contexto, sin historia, sin emoción, sin nada que lo enganche a algo que ya conoces... es lo menos estimulante del mundo.
Tu cerebro no lo descarta por descuido. Lo descarta porque no tiene donde engancharlo. Es como intentar colgar un cuadro en una pared de cristal. No hay clavo, no hay superficie, no hay nada que lo sujete. El nombre entra, rebota y desaparece.
Mientras tanto, tu cerebro sí ha captado que esa persona gesticula mucho con las manos, que tiene un tono de voz que te recuerda a tu primo, y que huele a café. Eso lo tiene grabado con todo detalle. El nombre, no.
Porque el TDAH no es falta de atención. Es atención desregulada. Tu cerebro atiende a lo que le da la gana, cuando le da la gana. Y en el momento de una presentación, "cómo se llama esta persona" rara vez gana la partida contra todo lo demás que está pasando.
No es que no te importe la gente
Esto es lo que más duele. Porque desde fuera, olvidar el nombre de alguien parece desinterés. Parece que no te importa. Parece que no estabas prestando atención.
Y tú sabes que no es así.
Tú estabas ahí. Estabas presente. Estabas escuchando. Solo que tu cerebro decidió grabar otra cosa. Como esa cámara de seguridad que está enfocando la pared en vez de la puerta.
Es el mismo mecanismo que te hace entrar en una habitación y olvidar a qué has venido. Tu cerebro cambia de canal sin avisarte. Y cuando quieres volver al canal anterior, la información ya no está.
Lo mismo pasa con los cumpleaños. Quieres a alguien con locura, pero se te olvida su día porque tu cerebro no archiva fechas automáticamente. Querer a alguien no evita que se te olvide su cumpleaños. Y no te convierte en peor persona. Te convierte en alguien con un cerebro que gestiona la memoria de forma distinta.
El truco que no es truco
No voy a venderte la técnica de "repite el nombre tres veces" como si fuera la solución mágica. Porque con TDAH, si tu cerebro no está en modo grabación, da igual que lo repitas treinta veces. No se va a quedar.
Lo que sí funciona es aceptar que esto pasa y dejar de castigarte por ello.
¿Se te ha olvidado? Pregúntalo. "Perdona, se me ha ido tu nombre, ¿me lo repites?" Listo. El 99% de la gente no se ofende. Y el 1% que se ofende probablemente no merece tu energía de todas formas.
La vergüenza que sientes al preguntarlo es infinitamente peor que la reacción real de la otra persona. Nos montamos películas en la cabeza. "Va a pensar que paso de ella". "Va a creer que no me importa". Pero la realidad es que a la mayoría de gente le da igual repetirte su nombre. Lo hacen y siguen con la conversación.
El problema no es olvidar nombres. Es la culpa que te genera olvidarlos. Esa vocecita interna que dice "¿ves? Otra vez. No puedes ni con lo más básico". Esa voz miente. Porque recordar un nombre no es "lo más básico". Para un cerebro con TDAH, es una de las cosas más difíciles del mundo.
El GPS mental que pierde cosas
Si lo piensas, es el mismo patrón con todo. Los nombres, las llaves, el móvil, la cartera. Perder cosas es el ritual diario del TDAH. No porque seas descuidado, sino porque tu cerebro no registra dónde deja las cosas con la misma fiabilidad que otros cerebros.
Es como tener un GPS que funciona bien el 60% del tiempo. Cuando funciona, llegas perfecto. Cuando no, acabas en un polígono industrial de Albacete a las 3 de la mañana preguntándote cómo has llegado ahí.
Con los nombres pasa igual. A veces te acuerdas perfectamente. Sobre todo si la persona te dijo algo que te enganchó emocionalmente, o si su nombre te recuerda a alguien. Pero en un "hola, soy Marcos" estándar, en mitad de un bar ruidoso, con tres conversaciones cruzadas... Marcos no tiene ninguna posibilidad.
Lo que nadie te dice
Que esto mejora cuando dejas de fingir que no pasa.
Cuando aceptas que tu cerebro funciona así, dejas de intentar compensar con teatro. Dejas de esquivar nombres. Dejas de crear estrategias absurdas para que alguien lo repita sin que se note. Simplemente lo preguntas, sonríes, y sigues.
Y curiosamente, cuando le quitas la presión, el cerebro a veces colabora más. Porque parte del problema es que la ansiedad de "no se me puede olvidar" ocupa el espacio que debería estar usando para memorizar el nombre.
Es la paradoja del TDAH: cuanto más intentas forzar algo, peor funciona. Cuanto más aceptas que tu cerebro va a hacer lo que le dé la gana, más espacio le das para que, de vez en cuando, haga lo que le pides.
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