Nunca sé dónde he aparcado y me pasa cada vez

Sales del centro comercial, sabes que viniste en coche, no sabes dónde lo dejaste. Es la tercera vez este mes. Por qué pasa.

Sales del centro comercial. Sabes que has venido en coche. No tienes ni idea de dónde lo has dejado. Es la tercera vez este mes.

Y ahí estás. Dando vueltas por el parking con la bolsa en la mano. Mirando a los lados como si el coche fuera a aparecer por arte de magia. Pulsando el botón de la llave para escuchar el pitido, rezando para que suene cerca y no al otro lado del planeta.

Lo gracioso es que aparcaste hace una hora. Una hora. No hace tres semanas. Una hora.

¿Por qué no recuerdas dónde aparcaste si lo hiciste hace una hora?

Porque cuando aparcaste, no estabas ahí.

O sea, físicamente sí. Tus manos giraron el volante. Tus piernas anduvieron desde el coche hasta la entrada. Pero tu cabeza estaba en otra parte. Pensando en lo que ibas a comprar, en una conversación que tuviste ayer, en un problema del trabajo, en absolutamente cualquier cosa excepto "estoy en la planta 3, fila B, al lado de la columna azul".

Y ese es el problema. Aparcar es una acción tan automática que tu cerebro no la registra. No le asigna espacio. No la guarda en ningún sitio accesible. Simplemente pasa y se evapora.

Es como esas personas que llegan al trabajo y no recuerdan el camino que han tomado. El piloto automático hizo el trabajo, pero no dejó registro.

Solo que tú necesitas ese registro. Porque en algún momento vas a volver y vas a necesitar saber dónde está el puñetero coche.

La memoria de trabajo es una mesa diminuta donde todo se cae

Imagínate que tu memoria de trabajo es una mesa. Una mesa pequeña. De esas de bar, que solo caben dos cañas y un plato de aceitunas.

En esa mesa tienes que poner todo lo que necesitas recordar a corto plazo. Dónde has aparcado. Qué ibas a comprar. Que tienes que llamar al dentista. Que mañana tienes una reunión a las nueve.

El problema es que cada vez que pones algo nuevo en la mesa, algo se cae. No eliges qué se cae. Se cae lo que se cae. Y muchas veces lo que se cae es "dónde he aparcado", porque en el momento de entrar al centro comercial, tu cerebro decide que "qué voy a comprar" es más importante y sustituye la información sin avisarte.

Esto es exactamente lo mismo que pasa cuando pierdes las llaves, el móvil o las gafas. No es que seas descuidado. Es que tu memoria de trabajo tiene un ancho de banda muy limitado y prioriza sin tu permiso.

No es solo el coche. Es todo lo que pasa en modo automático.

Pues mira, te cuento una cosa.

No solo se te olvida dónde has aparcado. Se te olvida si has cerrado la puerta. Se te olvida si has apagado el fuego. Se te olvida si has puesto la alarma.

Porque todas esas acciones suceden en piloto automático. Y el piloto automático de un cerebro que funciona así tiene un problema: no deja notas. Hace las cosas, pero no registra que las ha hecho.

Y entonces viene esa sensación. Esa sensación de "creo que he cerrado la puerta, pero no estoy seguro". Que te persigue durante todo el día. Que a veces te hace volver a casa para comprobarlo. Que a veces te hace comprobar tres veces seguidas porque no confías en tu propia memoria.

No es paranoia. Es que tu cerebro realmente no guarda esa información de forma fiable. Y tú lo sabes. Y por eso no te fías.

¿Por qué unas cosas las recuerdas perfectamente y otras no?

Esto es lo que confunde a todo el mundo.

Porque te acuerdas perfectamente de un dato random que leíste hace seis años en un artículo que no has vuelto a ver. Pero no te acuerdas de dónde aparcaste hace una hora.

Y la gente te mira raro. "Si eres capaz de recordar eso, ¿cómo no te acuerdas de dónde has aparcado?" Como si la memoria funcionara como un disco duro donde todo se guarda igual.

No funciona así. Al menos no tu memoria.

Tu cerebro guarda lo que tiene carga emocional, lo que tiene novedad, lo que le interesa. Un dato curioso tiene novedad. Una conversación intensa tiene carga emocional. Aparcar el coche no tiene ni novedad ni carga emocional. Es aburrido. Es rutinario. Es exactamente el tipo de cosa que tu cerebro descarta.

Y esto se conecta con algo más grande: con esa sensación de que te cuesta todo más que a los demás. Porque no es que te cueste más. Es que tu cerebro gasta recursos en cosas distintas. Y las cosas rutinarias son las que más sufren.

El truco cutre que funciona mejor que cualquier app

No te voy a engañar: he probado apps de parking, fotos del coche, anotaciones en el móvil. Nada funciona consistentemente. Porque el problema no es recordar dónde has aparcado. El problema es acordarte de anotar dónde has aparcado.

¿Lo ves? El problema siempre está un paso antes de donde crees.

Lo que a mí me funciona es algo estúpidamente simple: cuando aparco, saco una foto del coche con el móvil. Así, sin pensarlo. Abro cámara, foto, listo. No anoto nada. No abro ninguna app. Solo una foto.

Parece una tontería, pero funciona por una razón concreta: no requiere ninguna decisión. No tengo que abrir una app específica. No tengo que escribir nada. Un gesto. Una foto. Tres segundos.

Y cuando salgo y no sé dónde he aparcado, abro la galería y miro la última foto. Ahí está el coche. Con el contexto suficiente para saber dónde es.

¿Funciona siempre? No. Porque a veces me olvido de hacer la foto. Ya te digo. Pero funciona muchas más veces que intentar recordarlo, que funciona aproximadamente cero veces.

Quizá no seas despistado. Quizá tu memoria funcione con otras reglas.

Si esto te pasa con el coche, y también con los compromisos y citas que se te olvidan, y también con las llaves, y también con si has cerrado la puerta, y también con dónde has dejado las cosas que tenías en la mano hace literalmente 30 segundos, entonces no estamos hablando de despistes puntuales.

Estamos hablando de un patrón. Un patrón de memoria de trabajo que no retiene la información rutinaria.

Y en adultos con TDAH, este patrón es tan común que casi podría ser un síntoma por derecho propio. No es de manual de psicología. Es de vida real. De personas que llevan años pensando que son despistadas cuando en realidad su cerebro simplemente no graba las escenas aburridas.

Esto no lo digo como diagnóstico, que no soy médico y no me corresponde. Pero si esto te suena demasiado familiar, hablar con un profesional siempre es buena idea.

---

Si reconoces este patrón y quieres entender mejor cómo funciona tu atención, hice un test de 43 preguntas. Gratis. Sin diagnóstico, pero con suficiente información para saber si vale la pena hablar con un profesional. Hacer el test TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo