No vendes porque no quieres molestar y eso te está arruinando

No mandas la propuesta. No publicas la oferta. No pides la venta. Todo por no molestar. Y mientras, la cuenta baja.

Tengo una propuesta lista desde hace tres días. Está en un Google Doc. Revisada. Bien hecha. Lista para enviar.

Y no la he mandado.

No porque el cliente no la esté esperando. No porque falte algo. No porque no sea el momento. Sino porque mi cerebro me dice que mandar una propuesta es molestar. Que publicar mi oferta es ser pesado. Que pedir dinero a cambio de mi trabajo es, de alguna forma, algo que tengo que justificar.

Llevo años emprendiendo y todavía siento que vender es molestar. Y eso me ha costado más dinero que cualquier error de negocio.

Por qué confundes vender con molestar

Hay un guion que muchos llevamos grabado desde pequeños. "No seas pesado." "No molestes." "Espera tu turno." Lo aprendiste en el colegio, en casa, en la calle. Y se te quedó dentro como un software que no puedes desinstalar.

Ese guion funciona bien en la vida social. Pero en los negocios te destruye. Porque vender requiere hacer exactamente lo que ese guion te prohíbe: tomar la iniciativa, ocupar espacio, decir "esto es lo que hago y cuesta esto".

Con TDAH, además, tenemos un extra. El rechazo duele más. Mucho más. La disforia por rechazo hace que cada "no gracias" se sienta como un "no me gustas". Y para evitar ese dolor, evitas la situación entera.

No mandas la propuesta. No publicas la oferta. No haces la llamada. Y te dices que es porque no es el momento, o porque quieres mejorar el servicio primero, o porque el mercado está difícil.

Pero la verdad es que no vendes porque no quieres que te digan que no.

El coste de no vender

Vamos a poner números. Si mandas una propuesta al día y tu tasa de conversión es del 10%, consigues 3 clientes nuevos al mes. Si cada cliente vale 1.000 euros de media, son 3.000 euros mensuales.

Si no mandas propuestas porque no quieres molestar, consigues cero clientes nuevos. Cero euros. La diferencia entre 3.000 y cero no es tu habilidad. No es tu producto. No es el mercado. Es un email que no mandaste.

He calculado cuánto dinero he dejado de ganar por no enviar propuestas que tenía listas. La cifra me da vergüenza. Varios miles de euros al año que se quedaron en Google Docs que nadie vio.

Vender no es molestar, es ofrecer

Esto me costó años entenderlo. Vender no es imponer. Es ofrecer. Si tu producto o servicio resuelve un problema real, no mandarlo es privar a alguien de una solución.

No mandar la propuesta no es ser educado. Es ser cobarde. Y lo digo con todo el cariño del mundo porque me incluyo en esa categoría.

Piensa en el último servicio bueno que contrataste. Un diseñador, un gestor, un profesional que te resolvió algo. Si esa persona no te hubiera hecho llegar su oferta, seguirías con el problema. No te molestó que te vendiera. Te alegró que apareciera.

Tú eres esa persona para alguien. Pero si no te ven, no existes.

Lo que hago para obligarme a vender

Tengo una regla: una acción comercial al día. Un email, un post, una propuesta, un mensaje. Algo que ponga mi trabajo delante de alguien que podría necesitarlo.

No tiene que ser largo. No tiene que ser perfecto. Tiene que existir.

Los días que no quiero hacerlo - que son muchos - me digo: "No es por ti, es por el que tiene el problema que tú resuelves." Suena cursi. Pero funciona porque saca el foco de mi miedo y lo pone en la utilidad de lo que hago.

También ayuda tener un sistema que venda por ti. Una lista de correo, un embudo, contenido que trabaje mientras tú no puedes. Porque habrá días en los que tu cerebro TDAH no te deje mandar ni un WhatsApp, y ese día tu sistema sigue funcionando.

No eres pesado, eres invisible

El 90% de la gente que podría contratarte no sabe que existes. No porque seas malo en lo que haces, sino porque no lo has dicho lo suficientemente alto ni lo suficientemente seguido.

700.000 personas vieron mi vídeo y no vendí nada

Pero tener un sistema sin visibilidad es peor. Porque ni siquiera llegan a la puerta.

No necesitas ser un vendedor agresivo. Necesitas ser visible. Y ser visible requiere superar el miedo a molestar. Que no es molestar. Es existir.

Tu trabajo merece ser visto. Tu propuesta merece ser enviada. Tu oferta merece ser publicada. Y la persona que la necesita merece recibirla.

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