Presupuesto a ojo: la forma más rápida de trabajar gratis
Haces presupuestos de memoria sin calcular horas ni costes reales. Cuando acabas el proyecto descubres que has trabajado gratis.
"Pues mira, te hago esto por 500 euros."
Lo dije sin pensar. Sin calcular. Sin mirar nada. El cliente dijo que sí al momento. Yo me sentí un crack. Quinientos euros por un proyecto que parecía fácil.
Tres semanas después iba por la hora 47 de trabajo. A 10,63 euros la hora. Sin contar las llamadas. Sin contar los emails a las once de la noche. Sin contar las revisiones que "solo iban a ser un detallito".
Presupuesto a ojo. La forma más elegante de trabajar gratis.
Por qué los emprendedores con TDAH hacemos presupuestos a ojo
Porque calcular bien un presupuesto requiere exactamente lo que nuestro cerebro no quiere hacer: sentarse, pensar en cada fase del proyecto, estimar tiempos, sumar costes, y luego poner un margen.
Eso es trabajo administrativo puro. Y el cerebro TDAH ante el trabajo administrativo hace lo que hace siempre: huir. Así que en vez de dedicar 30 minutos a calcular bien, dedicamos 3 segundos a inventar un número que "suena bien".
Y ese número siempre - siempre - es más bajo de lo que debería.
Porque cuando calculas de cabeza, tu cerebro solo cuenta las partes divertidas. El diseño, la estrategia, la parte creativa. Se olvida del setup, las reuniones, las revisiones, la exportación, el envío, los ajustes posteriores. Todo eso que no es sexy pero te come el 60% del tiempo.
La trampa del "este proyecto parece fácil"
Ningún proyecto es fácil. Nunca. Llevo años emprendiendo y todavía no he visto un solo proyecto que fuera tan sencillo como parecía al principio.
Lo que parece una web de 5 páginas se convierte en 5 páginas más cambios de copy más adaptación a móvil más el logo que "no me convence" más una reunión extra más la prima del cliente que "sabe de diseño" y tiene opiniones.
Y tú presupuestaste para 5 páginas.
Me ha pasado con webs, con consultorías, con cursos, con todo. Facturar no es ganar, y presupuestar a ojo es la razón principal.
Lo que hago ahora que antes no hacía
Ahora tengo una hoja de cálculo. Una sola. Con cuatro columnas.
Fase del proyecto. Horas estimadas. Horas reales del último proyecto similar. Precio por hora mínimo.
Las horas reales siempre son el doble de las estimadas. Siempre. Así que cuando estimo 10 horas, pongo 20. Cuando estimo 5, pongo 10. Y sobre eso calculo el precio.
No es sofisticado. No es un sistema de los que vendes en un curso. Pero funciona porque me obliga a mirar los números antes de abrir la boca.
Y lo más importante: me obliga a incluir las partes que mi cerebro quiere olvidar. Las reuniones. Los emails. Las revisiones. El tiempo de gestión. Eso que no es trabajo "de verdad" pero te come las horas como un agujero negro.
El momento en que dejas de calcular a ojo
Para mí fue cuando terminé un proyecto de tres meses y calculé lo que había ganado por hora. Salieron 7 euros. Siete. Menos que el chaval que reparte pizzas en mi calle.
Y no era un proyecto pequeño. Era un proyecto serio, con un cliente serio, que me había parecido una gran oportunidad. Pero lo presupuesté a ojo, no incluí las revisiones, y el alcance creció como un monstruo que nadie controlaba.
Lo peor es que durante esos tres meses me sentía productivo. Tenía un proyecto grande, un cliente contento, horas de trabajo por delante. Todo parecía ir bien. Hasta que dividí los euros entre las horas y vi la realidad en una cifra que no podía discutir.
Ese día abrí un Excel y no lo he cerrado desde entonces.
Las revisiones son el agujero negro
Si hay algo que tu cerebro TDAH se olvida de incluir en el presupuesto son las revisiones. "Una o dos rondas de cambios, como mucho", te dices. Y luego vienen cinco. Y cada ronda tiene "un detallito más" que son dos horas de trabajo.
Las revisiones sin límite son trabajo gratis. Y tú no las limitas porque cuando haces el presupuesto a ojo ni piensas en ellas. Están en el futuro. Y el futuro, para un cerebro TDAH, es un concepto abstracto que no pesa en la decisión de hoy.
La regla que me salvó el negocio
Sea lo que sea que estimes, multiplícalo por 2,5.
No por 2. Por 2,5. Porque tu cerebro TDAH subestima todo. El tiempo, la complejidad, tu propia energía. Si crees que algo te va a llevar 10 horas, son 25. Si crees que puedes cobrarlo por 400, son 1.000.
Parece exagerado. Hasta que empiezas a hacerlo y descubres que por primera vez en tu vida tus proyectos son rentables.
Sé que da miedo poner precios más altos. Sé que piensas que el cliente se va a ir. Pero el cliente que se va por un precio justo te está haciendo un favor. Porque ese hueco lo va a ocupar alguien que sí paga lo que vale tu trabajo.
Presupuestas a ojo y luego no entiendes por qué no te salen las cuentas? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo el TDAH afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y un diagnóstico que tu Excel no te da.
Sigue leyendo
Tu plan perfecto no sobrevive al TDAH (y no pasa nada)
Planificas la ruta perfecta y tu cerebro decide que un pueblo bonito es más urgente que llegar. Con TDAH, el plan nunca sale. Pero el destino sí.
Estás en la cena pero tu cabeza está en el email de las 17:04
Estás presente pero no estás. Tu cerebro con TDAH no sabe apagar el ruido del trabajo. La productividad real no va de tareas, va de poder estar donde importas.
Emprender con TDAH: el deporte de riesgo sin seguro médico
Emprender con TDAH cambia todas las reglas. El interruptor, el miedo, las noches. Guía panorámica desde dentro.
Tu negocio depende de ti y eso no es un logro, es una trampa
Eres imprescindible en tu negocio y lo dices con orgullo. Pero si no puedes irte una semana sin que todo se hunda, no tienes un negocio. Tienes una jaula.