No sé si estoy triste, enfadado o cansado: todo se mezcla
Sientes algo fuerte pero no sabes qué es. Tristeza, rabia, agotamiento: todo se mezcla en una bola que no sabes deshacer. No eres raro.
Alguien te pregunta: "¿Qué te pasa?"
Y tú quieres contestar. De verdad que quieres. Pero no puedes. Porque no lo sabes. Sientes algo. Algo grande. Algo que te ocupa todo el pecho. Pero si te piden que le pongas nombre, no puedes. ¿Estoy triste? ¿Estoy enfadado? ¿Estoy cansado? ¿Estoy frustrado? ¿Estoy las cuatro cosas a la vez?
No lo sé.
Y esa es la respuesta más honesta que puedes dar. No lo sé. Siento algo y no sé qué es. Y eso, paradójicamente, genera más malestar. Porque si ni siquiera sabes qué sientes, ¿cómo vas a arreglarlo?
¿Por qué no puedo identificar lo que siento?
Hay un concepto que se llama alexitimia. Suena a enfermedad medieval, pero básicamente es la dificultad para identificar y nombrar tus propias emociones. Y no es que no sientas. Sientes. Vaya si sientes. Sientes a lo bestia. El problema es que lo que sientes te llega como una masa amorfa sin etiqueta. Como un paquete enorme que nadie ha marcado.
Imagínate que vas a un buffet libre pero todos los platos están tapados y no tienen cartel. Sabes que hay comida. Puedes olerla. Pero no sabes si es carne, pescado o postre. Y tienes que elegir. Así se siente intentar entender tus emociones cuando todo se mezcla.
Y esto tiene un efecto en cadena. Si no sabes qué sientes, no sabes qué necesitas. Si no sabes qué necesitas, no sabes qué pedir. Si no sabes qué pedir, te quedas callado. Y la gente interpreta tu silencio como que "no te pasa nada" o "estás de mal humor otra vez". Y tú quieres gritar: "Me pasa algo enorme pero no sé qué es y no sé cómo explicártelo."
El batido emocional
Lo que pasa es que tus emociones no vienen por separado. Vienen todas juntas. En un batido. Todo mezclado. Tristeza con rabia con agotamiento con frustración con esa cosa rara que sientes cuando algo no sale como esperabas pero tampoco sabes qué esperabas.
Y no puedes separar los ingredientes. No puedes decir "ah, esto es tristeza, la proceso y la suelto". Porque la tristeza viene pegada a la rabia. Y la rabia viene pegada al cansancio. Y el cansancio viene pegado a la culpa de no ser capaz de funcionar como se supone que deberías.
Es como intentar deshacer un nudo de auriculares. Sabes que hay cables individuales ahí dentro. Pero están tan enredados que no sabes por dónde empezar.
Y lo que haces normalmente es una de dos: o te desconectas completamente ("no me pasa nada, estoy bien") o explotas por algo desproporcionado porque la presión acumulada encuentra una salida por el lugar equivocado.
Si alguna vez has explotado de enfado sin poder pensar con claridad, puede que no fuera enfado de verdad. Puede que fuera todo lo demás disfrazado de enfado porque el enfado era la única emoción que tu cerebro sabía expresar en ese momento.
Cuando el cuerpo habla por ti
A veces, cuando no puedes identificar la emoción, el cuerpo lo hace por ti. Dolor de cabeza sin motivo. Tensión en los hombros. Nudo en el estómago. Mandíbula apretada sin darte cuenta. Cansancio extremo a las tres de la tarde aunque hayas dormido bien.
Tu cuerpo está procesando lo que tu mente no puede nombrar. Y si le prestas atención, te da pistas. Pero claro, prestarle atención al cuerpo requiere una capacidad de introspección que es difícil cuando tienes un batido emocional en la cabeza y no sabes ni qué sabor tiene.
Si encima te pasa que la culpa se come todo lo demás, se complica más. Porque la culpa es como un condimento que le echas a todo. Sea lo que sea lo que sientes, la culpa está ahí de fondo. Coloreando todo. Haciendo que cualquier emoción se sienta como que es tu culpa sentirla.
Quizá tu cerebro procesa distinto
Mira, te voy a ser honesto. Esa dificultad para nombrar emociones. Esa mezcla constante. Esa intensidad sin etiqueta. No es que seas emocionalmente inmaduro ni que no te conozcas. Es que tu cerebro procesa las emociones de una forma diferente. Las siente todas a la vez, al máximo volumen, y no tiene un sistema de clasificación que funcione tan rápido como el de la mayoría de gente.
Y eso tiene una explicación que nadie te ha dado. Se llama TDAH. Y la desregulación emocional es uno de sus aspectos más invisibles y más impactantes. No es solo no prestar atención. Es no poder gestionar lo que sientes porque lo que sientes no viene en paquetes separados. Viene en un tsunami.
No soy tu médico y esto no sustituye una evaluación profesional. Pero si te suena todo esto y además sientes que todo te cuesta más que a los demás, puede que haya algo detrás que merece una conversación con un profesional.
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